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Meditación después del juego de Cuba-Japón.
Por Maikel Iglesias
Dos islas se enfrentaron en un continente nuevo. Dos islas demasiado incontenibles. Dos islas que atesoran archipiélagos. Dos islas que han escrito sobre el mar del universo, alguna de sus páginas más honorables, algunas homilías dignas de evangelios, algunos epitafios iracundos, algún que otro graffiti necio, animal, anodino; pero también geniales en las cartas ilustradas con la tinta de sus héroes. Héroes en el buen sentido de la libertad.
Elegidos sin tiempo, o con todos los tiempos sobre sí. Herederos de un pueblo que aúpa sus locuras en la reflexión del alma. Aunque a veces su extraño patriotismo juegue en contra del escudo nacional. La farola que intrínsecamente, suele hallarle sentido al naufragio. Balseros y Sogunes por la luz omnímoda. Mambises versus Samuráis. De Olofi hasta el rollizo Buda. Paradoja ante la paz que inflama a luchadores en su intento de empujar al disidente contra el suelo o fuera de sus órbitas. |
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