Cambiar para no cambiar nada de la esencia. Este pudiera ser el diagnóstico de lo que está sucediendo en Cuba. Lamentarse en la decepción y la indiferencia o adelantar el futuro, son dos de las puertas por donde se sigue viviendo.
Para salir del inmovilismo estructural es mejor pensar y adelantar el futuro que deseamos para Cuba. Un significativo número de los cubanos pedimos mayores grados de libertad en sus diversas manifestaciones: libertad personal para ser uno mismo sin miedo, libertad de conciencia, de expresión, de reunión y de asociación, libertad económica y política, libertad religiosa, libertad de creación artística, literaria y científica, libertad de comunicación y acceso a Internet, libertad de viajar dentro y fuera del país… y otras muchas formas de ejercicio de la libertad individual.
Sin embargo, la libertad no solo tiene la dimensión personal para satisfacer las necesidades y derechos de los seres humanos, sino que es un camino para romper los muros del egoísmo, de las rivalidades, de la violencia como solución a la diversidad y a la discrepancia. Es la libertad que ayuda a trascender los egos, las falsas divisiones de la única y plural familia humana.