Cultura

¿En qué pensabas, Gastell?

 

Por Miguel Ángel Hernández

Elevados. Foto de Jesús Gastell Soto. 

La realidad sucede en el instante en que ubico un punto en el universo.
Naturaleza es el espectro contenido en mi actitud perceptual y cognitiva
de ese universo construido.
Jesús Gastell Soto
 
¿En qué pensabas? -pregunté a Jesús Gastell mientras yo intentaba apartar la atención de las fotografías (su más reciente evasión de lo que él mismo designa como vía Apia de los transeúntes) y que no es sino su propia vida; pocas veces contenida y casi infatigablemente significada.
 
“En convertir macros en una concepción procurando un canal de acceso que sirva de guía al observador desprovisto de pereza y futilidades -confesó-. Pero solo como presentación inicial; apenas perfilando intenciones y conformando parte de mi natural proceso formativo…”
 
Sin embargo hay algo más detrás de la simplificación -bien propia del recato, la circunspección, la mesura donde se refugia el artífice de esta original propuesta establecida a la distancia del estricto deseo o necesidad de hacer fotografía-: Su atractiva expresión artística. El lenguaje caracterizado por una validez y una belleza que supera el personalismo o la simple oportunidad para satisfacción del consumo visual…
 
Desde el primer paso creativo (la selección del tema) pasando por los vericuetos de su imaginario, Gastell nos descubre retratos reales de lo cotidiano, que no parecen tales a continuación de sus retoques armónicos confluidos en una fina elegancia estética; subordinando a su antojo todo o casi todo a fin de colocarnos arbitrariamente en un punto fuerte irradiado por los reflejos de una luz sugestiva en la fugaz congelación de un instante ordinario pero irrepetible.
 
Hermosas composiciones conforme a una mentalidad artística educada en un proceso de reflexión donde ángulos, situaciones, profundidad, graduaciones tonales, líneas de fuerza e intensidad equilibran y dinamizan exitosamente esos símbolos que la visión humana remite a la costumbre. O lo que es igual: para jugar provocativamente con nuestra versátil y flexible exactitud, tan dada a la visión de conjunto en detrimento de los aparentemente insignificantes detalles.
 
Lo habitual es revelado a los mismos ojos de siempre a través de una realidad mágica gracias a la cómplice originalidad de un artífice en función de intencionalidad que conoce la jerarquía de la observación del objeto en sus detalles más nimios a fin de proponer ad libitum-y para nuestro regocijo- el redescubrimiento de las potencialidades del alma.
 
De lo mismo puede hacerse otra cosa. La realidad puede ser variada a través de la percepción a foco en el circuito cerrado descubridor de una universalidad que puede subyacer debajo de nuestras pisadas para al final cobrar conciencia de que, bajo nuestra zapatilla, queda más que una huella, un algo que puede producir extrañamiento…
 
Y en ello reside, entre otras, la validez de esta propuesta. Porque casi nadie habla de sueños. Casi nadie habla de poesía. Y, ¡qué raro poder, qué lirismo hechicero hay en estas fotografías, incluso en aquello desenfocado que aparece en un segundo plano!
 
Mientras tanto, a partir de lo igual, Jesús Gastell anda a la caza de las cosas preteridas o remitidas a lo inatento. Cosas capaces de animarnos, siquiera involuntariamente, toda esa esencia pía, sensible y bienhechora a causa del efecto que puede implicar en nuestra percepción una mirada atenta o el acuerdo para su observación.
 
Desde los negros intensos hasta los blancos puros, profundamente contenidos en los niveles o en la realidad de la certeza, el artista instala un misterio, un grito o un instante de mutismo mientras acecha promiscuamente tras su oreja una provocación: Avivar o espesar, según el caso, el potencial de cada subjetividad en este universo nativo, donde es permisible y del mismo modo puede ser hallado un anormal o delicado erotismo; un submundo posterior a la percepción diaria; un puro esparcimiento de formas y colores algo apartado de una abstracción; una aproximación a los intentos primigenios del autor, o quizá una ocasión sui géneris de redescubrir en la pared una puerta antigua delineada por la lluvia, el sol y la aparente confusión de las sombras.
 
Al final -y aunque el ideal estético, la técnica o la academia del artista no generen una modificación inflexible de los objetos fotografiados- queda un sesgo derivativo en su intención del cómo, el porqué y el paraqué variar cualidades, direcciones y cantidad.
 
Queden, pues, con estas fotografías (muy cuidadas y pictoricistas) y apartaos con ellas de lo habitual advirtiendo lo mismo, en las certezas de un creador que nos permite distinguir, no ya la flor, sino el espíritu de la flor en lo efímero del reflejo profundo y contrastante de su submundo iconográfico y secreto.
 
Porque, al decir de Gastell, “allí donde tú mires, eso es lo que existe”.
 
Miguel Ángel Hernández (San Cristóbal, 1958)
Lic. en Historia y Ciencias Sociales.
Poeta y ensayista.