Cultura

Teología (El Gran Pastor). Plegaria en versos


 
Por Dani Francisco Tejera Menéndez

Cristo de La Habana. Fotos de Maikel Iglesias Rodríguez.
 
 
¡Oh!, padre celestial, Dios poderoso
Rey de reyes, escucha mi lamento
que eleva hasta tu hogar maravilloso
una súplica llena de tormento.

La añoranza de un alma entristecida
Que por justicia, clama de tus manos,
la bondad infinita, incomprendida
para tantos, Señor, seres humanos.
 
Odio, desolación, miseria, muerte
invaden nuestros campos terrenales
y en los pobres de fe solo se advierte
disminuir creencias teologales.
 
¿Por qué ignorar, Señor, tus mandamientos?
¿Por qué negar, Señor, tu Omnipotencia?
¿Por qué enfermar, Señor, los pensamientos?
¿Por qué dudar, Señor, de tu existencia?
 
Si hace millones de años Padre mío,
El Big Bang no se había producido,
si el espacio tan solo era un vacío
y en nada todo estaba convertido.
 
Y del propio vacío de la nada
surgió tu mano justa y creadora
para en solo seis días de jornada
transformar las tinieblas en Aurora.
 
Si de inmensas galaxias y planetas
has poblado el espacio con tu esfuerzo,
asteroides, estrellas y cometas
que circundan, Señor, el Universo;
 
Si diste fuego al astro refulgente
para inundar de luz nuestro sistema
y los rayos que nacen en su fuente
de la vida resuelvan el dilema;
 
Si hiciste que esos cuerpos desfilaran
con sus fuerzas centrífugas en torno
al faro celestial sin que lograran
lanzarlos las centrípetas al horno;
 
Si a Cristo redentor nos enviaste
para que a tus praderas y aposentos
condujera al rebaño que cuidaste
¿Por qué ignorar, Señor, tus mandamientos?;
 
Si diste al árbol vida, vida al hombre,
a las aguas frescura y transparencia,
si en cada trino de ave está tu nombre
¿Por qué negar, Señor, tu omnipotencia?;
 
Si fe, bondad, virtud, filantropía
Diagnosticas a nuestros sufrimientos
y en ternura conviertes la agonía
 
¿Por qué enfermar, Señor, los pensamientos?;
Si la flor cuando emite su fragancia
con el don natural de la elocuencia
nos revela el secreto de tu estancia
¿Por qué dudar, Señor, de tu existencia?
 
Crímenes, sacrilegios, agresiones
se cometen a diario por codicia
y no alcanzan, Señor, las bendiciones
de tu misericordia y tu justicia.
 
Líbranos de esas graves tentaciones
que descomponen como al agua el sodio
nuestras conciencias y nuestros corazones
y así nos librarás también del odio.
 
Que tus siervos se ocupen diligentes,
con la Biblia, Señor, como azadón,
de sembrar esperanzas en las mentes
Y en sus almas no habrá desolación
 
Que enriquezca el espíritu del hombre
sangre noble, Señor, en cada arteria
que dentro de ella esté también tu nombre
y en ese corazón no habrá miseria;
 
Que se convierta en río caudaloso
nuestro fervor, y remar hasta verte
presidir ese juicio luminoso
donde al justo liberas de la muerte;
 
Que en una humanidad unida y sana
se transforme la nuestra dividida
y así nos brindarás cada mañana
amor, resignación, riqueza y vida.
 
Y sediento de paz en nuestras tierras
ruego desde mi abismo verecundo
la suspensión ansiada de las guerras
y un perdón absoluto para el mundo.
 
Dani Francisco Tejera Menéndez (Pinar del Río, 1940).
Especialista en cine latinoamericano.
Graduado de Español y