Cultura

Poesía - La piedra horizontal no es para siempre

Selección poética del libro inédito: “La piedra horizontal no es para siempre” de la autora Anisley Miraz LLadosa.
YO TENGO LA IMPRUDENCIA DE LA MANO EN EL AGUA,
el prometido ungüento de siglos venideros
inútiles y lentos siglos que me propongo
y mis dedos estrujan la brevedad del agua,
desarman su sonido de posibles vocablos…
Yo tengo la premura del que parte, ingenua en la garganta.
Pero tiemblo, callo de vez en cuando,
amanezco con ganas de dormir,
echarme a dormir sobre esos siglos
inútiles y lentos
que no llegan.
~0~
SIN MÁS FLAMA POR ESTOS DÍAS QUE SE CONFUNDEN
Voy en tu lomo, tarde.
Voy despacio…
y me gritan que vuelva,
que hay que regar el tilo
y todos duermen
Que pronto no habrá más luz
y se acaba lo poco
y se acaba lo mucho
y se acaba
y es todo.
Pétreo el ojo
avizora la llegada
y la boca
no silba.
~0~
VISIONARIA
a Lezama
La luna era de fuego.
Insinuación de púrpuras donde muere la calle, otra vez fálica.
Estas noches son de luna de fuego,
los gatos escriben
haikús, otros signos y mis manos se alzan
para tocar la luna.
Blancos roedores entre sus raíces
saltan indistintos, pero todos reconocibles
y por eso la luna se invade de púrpuras extraños:
gatos y roedores nunca podrán odiarse totalmente.
La luna de estas noches parece que se inflama.
Grande para mi mano y sus señales.
Adusta para ciertas prohibiciones
con que atravieso de noche la ciudad.
En ella los gatos y los roedores blancos
estrenan llamas fálicas
que hacen arder mis ojos.
En ella
gatos y roedores
nunca podrán odiarse
totalmente.
~0~
FOTOALBUM
I
En esa foto madre
pone una mano encima de su vientre.
Con la otra barajea el tarot casi en el aire:
madre siempre supo hacer bien ambas cosas.
La estrella ha caído debajo de sus pies
de zapatillas rojas que olvidó un alquimista,
las zapatillas rojas de volar con la casa
y con el sauce,
y el muro es estallido de alquimias malogradas:
ya no rozan su vientre aunque parezca
que ha debido pagar algún tributo.
En la foto madre es feliz
y escupe
granos de soledad
a las palomas.
II
Los que ahora no están,
abren de vez en vez la arista de una almendra.
Preguntan por qué Dios cerró las estaciones,
por qué la mano izquierda de cada uno de ellos
hace girar un simple dos de bastos…
Sin importarles que un día no estarán
siguen cantando coplas y la muerte
siempre un poco más cerca los vigila.
Sobre un sofá cantando…
también pájaros negros
en el ojo feliz
de quien ignora.
~0~
ORACIÓN TERMINAL
Padre,
esta noche quiero no regresar.
No vendré por el cuarto campanazo.
No vendré con mis fauces aterradas
ni sembraré semillas en tus dedos de nieve.
No regreso.
En fuegos y marfil me haré sin tregua.
Me haré sangre de otros que nunca sucumbieron,
me haré desparejada con tanta soledad.
En fuegos y adoquines me iré por toda sombra
por toda certidumbre que una vez hice mía,
por todo maleficio de mis ojos.
Seré otra arcada, padre, otros inicios.
Semillas que he plantado antiguamente
delatarán tus dedos.
Me dirán que en tus índices blancos
no hay memorias posibles.
~0~
RESOLUCIÓN AL MARGEN DE UNA CIUDAD EN RUINAS
Dios existe:
habrá piedras de esquina
y otros peces volando a nuestro nombre
con un ojo muy grande por cabeza.
En mi dedo,
espinazos de sombras muy antiguas.
Con ellas sobaré
toda palabra.
La piedra horizontal
no es para siempre.
~0~
Anisley Miraz LLadosa (Trinidad, 1981)
Graduada en Diseño Gráfico en la Academia Profesional de Artes Plásticas “Oscar Fernández Morera”, de Trinidad.
Interesada en la poesía y el cuento, los cultiva, tanto para niños como para adultos. Ha ganado premios y menciones en varios eventos literarios como la Bienal de Jarahueca 2000; el de literatura infantil “Mercedes Matamoros” 2002 y el Premio de la Ciudad Fernandina de Jagua, Cienfuegos, 2003. Gran premio Vitral 2003.