Cultura

Artes Plásticas - Salón de la Ciudad de Camagüey: el arte contra el espacio vacío.


Por Henry Constantín Ferreiro
 
El Salón de la Ciudad es una expo competitiva que se inserta dentro de la Semana de la Cultura camagüeyana. Inaugurado a principios de este mes de febrero, cuando la antigua ciudad de Puerto Príncipe celebró su 499 aniversario -erróneamente, pues la fundación de la villa ocurrió en el verano de otro año y en distinto lugar- el Salón eligió unas 40 obras para competir, además de cinco autores ya reconocidos que fueron invitados a exponerse en la casona antigua de la calle Luaces donde radica la galería Alejo Carpentier.
 
De Humanis corporis fabrica es el cuadro más impactante de todo el Salón, aunque su autor, Joel Besmar, como invitado, no entró en la competencia. Un original inventario del cuerpo humano, que yo elijo llevar más allá, a la naturaleza del Homo sapiens, hecho para que el público se detenga frente a él e intente el minucioso descifrar de sentidos en los objetos y posiciones, o traduzca frases en latín. Por cierto, lo de usar lenguas vinculadas al cristianismo primitivo, como el latín, hebreo o griego, es también marca habitual en otros plásticos camagüeyanos de filiación católica, como Dashiell Hernández Guirado -otra afortunada presencia para el evento.
 
Además del bienvenido alarde intelectual y la imaginativísima composición -algo que se echa de menos en tanta pintura actual que a lo mejor encandila la vista pero casi nunca el cerebro o el corazón- el cuadro de (y) Joel Besmar Nieves asombra(n) por su capacidad técnica para lograr verosimilitud y equilibrio, virtudes comprobables hasta para un aficionado a mirar pintura. Basta detenerse en el nivel inferior de la obra, donde decenas de conchas y semillas lucen exactísimas sombras.
 
En la misma cuerda de la destreza técnica en función de lograr una imagen verosímil, están el cuadro ganador del premio del Salón, Cayó la flor, de Alí Hamouni Áreas, y uno que casi era el más simpático de la expo, La línea de la risa, de Leudys Barrena Pérez, consistente en un estante repleto de prótesis y moldes dentales. Digo que casi era el más simpático, porque más risa daban El humo en el fuego y el agua en la vasija, un par de lienzos absolutamente marrones, sin nada más pintado que no fuera el mismo marrón y en el que no se veía otra forma ni color que un total marrón. Aquello, o era una tomadura de pelo a quienes se esfuerzan en la técnica o la imaginación pintando, o un grito irónico contra tanta obra que se justifica con lo postmoderno y las vanguardias para caer en el facilismo; o ambas cosas.
 
El paisaje de Lorenzo Linares Duque –otro de los ilustres artistas principeños invitados al Salón- se agradece siempre, aunque las casuchas campesinas de Jorge Luis Pulido Álvarez en su óleo La casa de Alejo Carpentier conectan mucho más con la realidad del campo cubano, donde lo idílico de palmas, laguna y vaquitas ha cedido mucho espacio ante la grisura y precariedad del paisaje rural. Además, El Mediodía de Linares luce un tanto irreal, por faltarle ese tono amarillo-soleado y agresivo que a las12 meridiano, en cualquier época del año, padece el campo cubano. De todas formas se disfruta el cuadro si uno recuerda que la pintura de paisajes no tiene por qué ser una copia fotográfica de la realidad.
 
Un poco de escepticismo me deja siempre la obra de Joel Jover, camagüeyano célebre coreado por las instituciones como “toda una institución” en materia plástica -perdónenme la redundancia. Pero la verdad es que frente a sus últimos trabajos no me recuerdo movido por demasiados sentimientos inesperados o sublimes, ni me han asombrado sus ideas y recursos técnicos. Sí es cierto que a veces se le adivinan intenciones comunicativas actualísimas y bastante inteligentes; dicen que cuando era menos institución comunicaba más con su obra. En el Salón está su lienzo Los girasoles del incilio, una lóbrega ventana en la que reposan girasoles muy rojos y muy deformes -mucho más que los de Van Gogh: parecen flores carnívoras- escoltados por un par de banderitas cubanas. En esta pieza creo que respiré algo de esa capacidad de decir que tenía la obra de Jover.
 
Descubrimiento oculto recuerda un tanto, por sus colores y el uso de figuras como derritiéndose, al Salvador Dalí de La persistencia de la memoria -claro que recuerda no indica iguala ni mucho menos.
 
Dos obras de aire poético, siendo totalmente distintas en visualidad e ideas, son el cuadro de Jenny Hernández –Se oirá lo que dice en su cátedra el diamante. Fina García Marruz- y el de Oscar Viñas Pendones, que pintó De corazón. En ambos hay ejercicio de imaginación y cierto efluvio de poesía, aguzado en Jenny por líneas, tonos, figuras y rostro de suave femineidad, y en De corazón por un anochecer marino muy lleno de aves lóbregas, rayos de luna, y zozobra.
 
Llamativo, muy llamativo a pesar del silencio alrededor, fue el caso de un cuadro del joven Kevin Lima, en que algo parecido a Fidel Castro se desdibujaba y repetía sobre una tribuna poblada de micrófonos. Todo el público lo vio en la inauguración el día 5 de febrero, al anochecer del 6 quedó publicada una discreta mención en mi blog Reportes de viaje (www.vocescubanas.reportesdeviaje.com) y en la mañana del día siguiente ya no estaba en la expo, y su lugar había sido chapuceramente cubierto con una obra sin terminación ni datos de autor, que no estaba en el catálogo ni en la competencia. Dicen que el cuadro fue vendido a un extranjero apresurado; único caso hasta ese momento, pues los demás lienzos, incluso los vendidos, permanecieron allí hasta el último día de la competencia, como debe ser.
 
La opinión general sobre este Salón de la Ciudad es rápida; ya algún blog camagüeyano emitió una que yo suscribo casi íntegra. Es obvio que les faltó pensamiento, imaginación y maestría a la mayoría de las obras concursantes -o sea, les faltó rigor a quienes las seleccionaron- pues de las más de 30 expuestas no pasaron de diez las que tenían algunas de esas características. Pero tampoco me parece que sea un trauma propio del evento -ha habido Salones mucho mejores-: compárese con la media de lo que se exhibe y se vende hoy, incluso en los grandes circuitos internacionales; y se verá cuánta ligereza y facilidad creativa hay en la plástica de mediados del siglo XX y principios del XXI. Ligereza y facilidad que, si son cualidades útiles para ciertos empleos de calle nocturna y pelvis dispuesta, en el arte hunden.
 
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Henry Constantín Ferreiro. (Camagüey, 1984)
Periodista, escritor y fotógrafo.
Expulsado de los estudios de Periodismo en dos ocasiones,
ambas por problemas políticos.
Único representante de Cuba en el II Concurso Hispanoamericano de Ortografía Bogotá‘2001.
Graduado del Curso de Técnicas Narrativas del Centro Onelio Jorge Cardoso.
Miembro del Consejo de Redacción de la revista Convivencia.
Textos suyos han sido publicados en medios de prensa cubanos, incluso oficiales.
Hace el weblog Reportes de viaje (www.vocescubanas.com\Reportes de viaje).
Dirige la revista La Rosa Blanca.
Reside en Camagüey.