Cultura

Literatura - Entrevista al escritor cubano Ghabriel Pérez

Por Luis Felipe Rojas
 
Invirtamos el orden, comencemos casi por los finales. ¿Es cierto que estás ahora un poco alejado del mundillo literario local de Holguín, fuera de los planes editoriales y los programas de lecturas públicas? ¿A qué se debe esta distancia, si pudiéramos decirle así?
 
Yo pienso que hay un día en que Gh no “puede” leer en público, pero todavía no ha llegado, mientras tanto, disfruto de esa fiesta de compartir con mis coterráneos. Detrás de eso de que un poeta sí y otro, no… hay una larga y penosa historia que contar, porque ¿quiénes deciden? ¿Poetas? ¿Funcionarios? ¿Agentes publicitarios? ¿Policías camuflados entre libros?
 
Hace cuatro años fuiste partícipe de la revista Bifronte, has estado conectado de algún modo con lo que se publica fuera de Cuba y hasta hace poco eras animador de una tertulia promovida por la Iglesia católica. ¿Hasta qué punto crees viciados los espacios oficiales?
 
La persecución de la revista Bifronte es una de las cosas más tenebrosas que han ocurrido en esta ciudad, la defendí desde fuera porque dentro ya estaban para hacerlo: Michael H., Miranda, el Padre Olbier Hernández y tú. Pero fui, hasta donde pude, soldado de su suerte… La sentí proyecto de mi Iglesia en tanto existió. Cuando, en el segundo y último número me pidieron “No dejes que te presten nunca un cuento de Hemingway”, no dudé en entregarlo. Fue la gloria ver que ustedes publicaban mi obra a un mismo tiempo que El Cuentero, la revista del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso.
 
Fue triste ver cómo la dejaron morir, recuerdo que en el balcón de Maribel Feliú, una noche hablábamos sobre lo que enviaría ella para el tercer número de Bifronte, al día siguiente fuimos llamados a las oficinas del MININT. Hubo demasiada traición evidente en los últimos días de un proyecto por el que tantos apostaban dentro y fuera de la Isla.
 
Me preguntas si considero “viciados los espacios oficiales”... Creo que el artista acude a la “cultura oficial” sin otro remedio… pero desde hace mucho tiempo todo perdió credibilidad. Por ejemplo, analizamos el programa estelar “Con dos que se quieran”, Amaury puede invitar a Eusebio Leal, Alfredo Guevara, Marilín Bobes… Pero, ¿qué programa va a invitar a Reina María Rodríguez, Frank Delgado, Pedro Luis Ferrer, Carlos Varela, Tania Bruguera, Ángel Santiesteban, Leonardo Padura, Habana Abierta, Los Aldeanos, Porno Para Ricardo o al mismísimo Pablo Milanés y permitirles que hagan las declaraciones que hacen a la Internet? Hay un largo etcétera de cubanos que desde dentro de la Isla hoy representan la voz de una cultura alternativa, o sea, la auténtica cultura que no deja fuera a nadie, donde lo mismo se disfruta de un disco de Willy Chirino o Gloria Estefan, que de Silvio Rodríguez… ¿Podría el propio Amaury hablar frente a las cámaras de nuestra televisión con el mismo desenfado que lo hace en los canales de Miami, donde presenta a su casa como el hotel cinco estrellas de las antenas parabólicas sabiendo que el 99% de los cubanos que intentan disfrutar de esas exquisiteces puede terminar en la cárcel?
 
Creo que me fui de tu pregunta… lo mismo ocurre si hacemos el análisis a nivel provincial. Para tener acceso a la web hay que pagar un precio muy caro, dejar de ser tú, una vez que el cubano está frente al ciberespacio la poca libertad con que cuenta es custodiada de manera milimétrica… El colmo de la hipercensura, en mi caso, fue un personaje del año 2006 holguinense, cuando me reclamó qué cosas buscaba yo en la Enciclopedia Encarta (aunque parezca mentira, incluso sin conexión). Esa persona llegó a rastrear mis búsquedas de Evita e Isabelita Martínez de Perón…
 
Llegó a valorar mi sentimiento latinoamericanista sugiriendo que me inclinaba más por la expresidenta que por Evita. Te hablo de alguien que desconocía de tal manera Palabras a los intelectuales y terminó preguntando si el autor se refería a mí al mencionar a “un escritor católico…” (nací en 1968, y aquello fue escrito en 1961).
 
Para colmo de males, en mi propia Iglesia me ocurrió lo mismo, un personaje de esos que se cuelan por el ojo de una aguja me demostró, sin la mínima discreción, que cada palabra mía debía ser rastreada. Por supuesto, en poco tiempo descubrí que ambos (luego fueron muchos) se sentaban a la misma mesa.
 
Pero volvamos al asunto de los espacios, si están viciados o no, creo que llegamos a la hora en que conviene mirar mejor nuestra culpa, ustedes no salvaron Bifronte y yo también dejé morir mi tertulia “Tenemos esperanza” en el Centro Diocesano de Formación y Promoción Laical “San Arnoldo Janssen. Matando con ello dos buenas oportunidades de un compartir alternativo, de diálogo y reflexión en libertad. O muy cerca de ella.
 
Para todos mis censores, desde una fibra cristiana y martiana, dedico el más bello de los perdones.
 
Desde tu libro de relatos “El parque de los ofendidos” (Editorial Abril 2003) te mueves (literariamente) en el mundo marginal. ¿Ha sido tu elección consciente o es parte del hábitat que te rodea?
 
“La respuesta está flotando en el viento”, esto no es solo un verso hermoso de Bod Dylan que adoro en la voz de Joan Báez. También es my answer, my friend.
 
Te vi hace años sobre las huellas literarias y físicas de Reinaldo Arenas, ese enfant terrible de la vida cubana. ¿Por qué dificultades pasaste? ¿Dónde se quedó aquel proyecto? ¿Qué sacaste de ahí?
 
Conocí a Oneida Fuentes Rodríguez (la madre de Arenas) en la Navidad de 1990, en el novenario por la muerte de Reinaldo. Tengo la dicha de algunos libros que ella misma puso en mis manos, el resto de la literatura areniana que he consultado no llegó de la misma manera generosa. Aparte de la bondad de las amigas: Mariela Varona y María Begoña, casi siempre que alguien me “facilitó” alguna de esas lecturas no tuve la suerte deseada. Me hubiera gustado adquirirlos todos sin depender de favores. Tal vez por eso una década después de iniciar ese “proyecto” todavía está ahí, en lo inédito, lo inconcluso. Sin embargo, en homenaje a Arenas, la ciudad ha logrado un certamen que ya toda Cuba celebra: el Concurso Celestino de Cuentos. Pero yo sueño con algo mayor: La Finca de Celestino. Si mañana otros fundan una y no lleva los horcones y puntales que ese personaje metió en mis largas noches de insomnios y pesadillas, fundaremos otra en predios que se ubican entre el reparto La Chomba (Alcides Pino) y Aguas Claras, con visuales de cita obligada para los que transiten esa vía a Gibara.
 
Hablando de Reinaldo Arenas, si no supiera de lo testimonial de lo que escribes no te haría esta pregunta, ¿qué crees que te ha acarreado más tropezones: tu condición homosexual o tu carácter contestatario en ocasiones? Poniendo de antemano que vives en provincia y todo se hace más rancio.
 
No me reconozco homosexual ni heterosexual, soy una cosa completamente distinta… amo de un modo tal que quien se perdió la oportunidad que le brindé cometió un terrible pecado contra el Cielo... Quien pretende identificarme por mi literatura, debe recordar a Truman Capote: “no se puede juzgar al escritor por lo que digan sus personajes”.
 
Me ocupa más tu definición segunda (el contestatario), la primera se queda para nunca, a estas alturas de la vida a mi humanidad no le interesa dibujar o quitarle hojas de parra a nadie.
 
Mi obstinación por cambiar Cuba no tiene nada que ver con la idea de que un hombre se acueste mejor con otro en el mañana. Si por hacerlo le da salpullido, ese es un problema que los médicos del futuro ya resolverán. Esos no son los derechos cívicos que me interesa defender y no veo bien la idea de que el ser humano siga siendo interpelado por su individual manera de interpretar caricias. Me parece tan cruel como explicar si se duerme con o sin almohada. Cuba no me necesita sexualmente, me desea con salud, eso es lo más importante. Si mi salud falla, cómo ayudar a la curación de este caimán cuasi agónico que si no nos apuramos se nos hunde. Si hablamos de Arenas, lo que más molestó a las autoridades de su tiempo no fue “su homosexualidad”. Lo que sacó y todavía suele sacar de sus casillas, fue ver el hombrazo valiente que había dentro de aquel cuerpo capaz de escribir de la manera que lo hacía el guajiro holguinero en un país donde tantos considerados machos cabríos terminan plegados, de rodillas.
 
En Cuba se sufre por la razón misma de ser cubanos, hombres y mujeres sin las libertades justas y reales de que goza la mayoría del universo civilizado.
 
Como ves, me traicionó la rabia, dediqué más tiempo de la cuenta a tu primera agonía. Por otra parte (lo he declarado públicamente), desde el vientre de mamá, me considero el anticomunista más grande que Cuba va a conocer. Ya te digo, lo soy desde el día que comencé a formarme como feto.
 
Mi epitafio es muy triste:
 
“Aquí yace el que menos,
menos,
menos,
menos pudo
con el cuento del comunismo”.
 
Pero no me hiero al decirlo, porque en ello no incluyo al pobre hombre esclavo de este sistema. El hombre puede ser mi hermano, el sistema es mi enemigo, como lo fue de José Julián Martí y Pérez que olió las entrañas del engendro marxista y lo dejó advertido.
 
Por tu situación de “desconectado” de la red y no ser miembro de la Unión de Escritores sé que no fuiste partícipe de la llamada “Guerrita de los e-mails” allá por el 2007, sin embargo tu voz se ha escuchado en algunos espacios, oficiales o no. ¿Cuánto consideras que se ha avanzado o retrocedido en materia de libertades, cuánto ha ganado el debate intelectual?, por lo menos en el ámbito de lo que llaman “la cultura”.
 
La prensa le llama “mercenaria” a Yoani María Sánchez Cordero, pero tres mil periodistas están presos de sus conciencias, pues conocen bien que ni el más mínimo parlamento escrito por ella se acerca a la idea de que su prodigioso cerebro de mujer albergue algo semejante al mercenarismo.
 
El país que trae a Juanes y Olga Tañón a bailar y cantar a la Plaza, sigue negando que la radio pase la voz de Celia Cruz. Hace unos meses fui invitado para un conversatorio celebrando que se le había quitado el obstáculo al nombre: Reinaldo Arenas, después de casi una hora de elogios porque ya los holguineros podíamos libremente hablar de nuestro Reinaldo, alguien se acercó para decirme que ese fin de semana, le habían prohibido publicar en las páginas del periódico el nombre del más célebre escritor nacido en la ciudad. El medio informativo al que me hizo referencia (por supuesto, el semanario ¡Ahora!) mantuvo hasta hace unos meses un veto espantoso sobre Gastón Baquero y Cabrera Infante, creo que ya no es así. Pero todavía el propio Pablo Milanés, en las emisoras de radio, está “limitado”, sin embargo, lo puedes invitar a las Plazas y congraciarte con él, y hasta hacerle creer al hombre que no está casi prohibido. Ana Belén se declara contra Castro (también lo hacen Pedro Almodóvar, Víctor Manuel, entre otros) pero se siguen mencionando, radiando, televisando… muere Olga Guillot y la Televisión Cubana (TVC) está muda para un funeral que conmociona a todo el mundo hispano.
 
Por lo tanto, desde cierto punto de vista, no se ha avanzado nada. Por decir estas cosas, por defender mi libertad de pensamiento, tal como lo establece la Carta Magna de la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU (de la cual Cuba es signataria), y la propia Constitución de nuestra República, corro el riesgo de que me “encierren a dialogar” por tercera vez, y sin una citación previa con la que puedas defenderte.
 
El debate intelectual en Cuba no existe, no podrá ser mientras detrás de todo esté un partido único, con la ideología más totalitarista que conoció la humanidad. Si hubiera debate real, yo podría verme en un encuentro frente a la periodista Gladys Rubio mostrándole las fotografías que la propia Editorial Política publicó, en el libro de Rosa Miriam Elizalde y Luis Báez, Los disidentes (2003) como prueba indiscutible de que el señor Orlando Zapata Tamayo no era un preso común y corriente.
 
Si hubiera debate real, Laura Pollán, Yoani Sánchez, Dagoberto Valdés y todos los demás atacados por los medios, tendrían un espacio en una Mesa Redonda donde podrían exponer sus criterios, y no la farsa donde son apabullados, siempre en off, con imágenes pregrabadas donde, además, todavía no han mostrado a ninguno cometiendo delitos punibles a la luz del derecho humano y universal.
 
La TVC puede llamarles cibermercenarios a nuestros compatriotas, pero tres mil periodistas siguen con las cadenas rodeándoles el cuerpo por todas partes. Ninguno puede acercárseles para una entrevista, tal como exige el Martí que martilla las conciencias mañana, tarde y noche.
 
Al parecer te has refugiado en los buenos libros, algunas películas, menos amigos y el espacio de la escritura. Te lo pregunto con Salman Rushdi ¿estás negando “la necesidad de la dimensión pública? ¿Crees que te favorece como escritor hacerte a un lado y ver pasar concursos, eventos y publicaciones de las que pudieras disfrutar?
 
En un poema clásico para los holguineros, dice Mayda Pérez Gallego que sus amigos “son como los sellos” y que algunos con el mucho o poco tiempo/ han ido cayendo…”, yo hubiera querido que todos los míos se hubieran mantenido en la cima, pero también he corrido la suerte de quienes prefirieron hacerle el juego a los cuchillos. De cualquier modo mi perdón es más poderoso que toda la armada castrense, incluyendo flotillas navales y artillerías aéreas.
 
Sé muy poco del autor de Los Versos Satánicos. Me considero mártir de un bloqueo tripartita: oficial, eclesial y para colmos, por parte de la disidencia también. He pedido la fecha de muerte, en el exilio, del Doctor Roberto Ávalos, no se sabe a qué cantidad de gentes en todos los ámbitos y siento que me la esconden. Desde hace casi veinte años deseo tener la Carta de los Diez o Carta de los Intelectuales publicada por María Elena Cruz Varela en mayo de 1991, y sigo sin resultado.
 
He enviado cinco veces mi libro Mis amistades peligrosas a Amado Gil, Mara y Orlando (tres voces que admiro en la radio del exilio). Nadie se los hace llegar. En ocasiones pensé que al acudir a amigos fieles, mi obsequio llegaría, pero mi intención se queda en el camino. La historia de las ciudades cubanas no llamadas: La Habana, es la historia de la trampa perfecta dentro del callejón sin salida que es la sociedad soñada por Marx y Engels. En Holguín no hay una sola embajada, ni siquiera consulados como hace 60 años, somos 10000 km² de provincia que pertenecen a un solo ojo.
 
Siempre supe que sería más fácil concederle pasaporte, visa y carta blanca a toda la familia de Zapata Tamayo desde el amado Banes hasta la península de la Florida, que darle acceso a Ghabriel Pérez a los treinta minutos que necesita para satisfacer dos o tres curiosidades frente a los ordenadores en red con el mundo libre. No comprendo cómo es posible que una red diseñada por “el enemigo”, sea usada en Cuba -como juguete predilecto-, por los seres más críticos de la existencia del capitalismo. Inicié un blog hace dos años y está igualito. Lo sé porque otros lo abren por mí. Y me lo dicen: “el cuartito está igualito, en la primera y única página”.
 
¿Cómo te ha tocado la represión intelectual? ¿Cómo ves hoy “la política cultural de la revolución”?
 
La política cultural de la revolución, más que verla, la padezco. Pero no soy una víctima inútil de ese proyecto que pretende mantener a las personas en una especie de círculo vicioso, con décadas de desinformación de sus más importantes realidades.
 
Como poeta, es decir soñador, rapsoda, ente con tendencia a los vaticinios ¿qué deseos tienes para Cuba y la literatura cubana?
 
En estos momentos sé muy poco de la literatura cubana actual. Pienso que con mi lectura de Paradiso, El mundo alucinante, unos cuantos cuentos y algunos poemas de Cruz Varela, Lina de Feria, Reina María Rodríguez, Antonio José Ponte, entre otros, estoy en paz -es un decir- con medio siglo de literatura cubana.
 
En la década del 90 leí bastante. Cuando vino María Elena Llana a Holguín, en 1998, quedó asombrada por lo actualizado que me encontró. Pero estos últimos diez años me cambiaron totalmente, entre los graves asuntos familiares, una excesiva-paranoica persecución, y la Cuba que duele dentro, mi poder de concentración falla.
 
Fui feliz frente a los eventos culturales desde la sección de Literatura de la Asociación Hermanos Saíz invitando a extraordinarias voces de nuestras letras: Eduardo Heras León, Ángel Santiesteban, Ana Lidia Vega, María Liliana Celorrio, Laura Ruiz, Teresa Melo, Ernesto Pérez Chang, Efraín Rodríguez, Sergio Cevedo, y muchos otros que enriquecieron la vida cultural de la provincia holguinera. Fue corta mi vida de editor en Ediciones La Luz, el hecho de tener que defender a capa y espada el verso (“nuestro miedo a la indiferencia del dictador sobre la patria”) de Niurka Valdés, fue suficiente para comprender que el proceso editorial cubano y yo somos incompatibles.
 
Mientras sigamos siendo un país donde la gente que se proclama defensora de la libertad, luego termina en un “exilio de terciopelo”, no habrá cambios. Y “cambio” es la palabra que más se escucha en los pasillos del mundo intelectual.
 
Cuba necesita muchas Yoani, Aldeanos y Porno para Ricardo
 
El laicado cubano precisa de hombres y mujeres cívicos como Dagoberto Valdés, un ser a quien el mismísimo Juan Pablo II estrechó en su abrazo y bendijo como a uno de los patriotas dignos de la Cuba del progreso. Hemos sido testigo de una televisión tergiversadora que maldice a este hombre dedicándole uno de los programas más horrendos que tuvo jamás la teleaudiencia, y no hemos hecho nada por enmendarlo.
 
¿Ahora mismo tienes alguna publicación en proceso, dentro o fuera de Cuba? ¿Qué hay de tus inéditos… poesía, narrativa…?
 
Mis inéditos siguen ahí. Creo que suman más de quince cuadernos desamparados.
 
Me interesa poner mi granito de arena en la Cuba que se reconstruye, en la que sana heridas. Quiero una Cuba donde el pueblo aprenda a llevarse del aire con el voto libre a su presidente toda vez que este cumpla sus primeros (y únicos) cuatro años en el poder. Dios no puede haber dotado a esta nación de una sola familia digna de dirigirla, tiene que haber más. Hay muchas más. Somos un país de talentos desde los siglos de los siglos.
 
¿Cómo crees que puede participar Ghabriel Pérez en la Cuba futura? En caso de que creas en un mañana distinto al de hoy.
 
La conciencia del cubano está que arde, desfila en condenas diarias contra Estados Unidos de Norteamérica y a un mismo tiempo exige comercio con ese país. El cubano se pasa el año hablando horrores de la economía de mercado, pero llora cada segundo de su vida, porque quiere que el dólar estadounidense comercie con él, o sea, que llene sus aeropuertos, balnearios, shoppings con sus magníficas posibilidades.
 
Vamos a Venezuela, Ecuador, Bolivia a curar cuerpos enfermos, pero sobre todo a traer los mejores y más baratos equipos que fabrica “la sociedad de consumo”. Somos la cumbre de lo controversial, lo inconmensurablemente paradójico, después de doctorarse en la célebre Universidad de La Habana, el cubano añora un viaje a Haití, donde puede, al tiempo que cura la piel dolida del pobre haitiano, conectarse con la banda ancha. Somos un país que anuncia la “salvación” a través de un cable de fibra óptica por el que vela durante largos años, y ahora parece que ya ese cordoncillo recibe las primeras picaduras de la tiburonada del Caribe.
 
Somos, junto con Corea del Norte, el país menos libre que existe sobre el planeta Tierra. Desconfían tanto de nosotros que nos tienen que e-d-i-t-a-r “Lo mejor de Telesur”. Esto es el colmo, más fácil se conectan cuatrocientos millones de yanquis con las noticias de Hugo Chávez, que un solo cubano, “el idílico” hermano en la batalla de ideas, sin embargo, llenamos plazas en número de millones de hombres clamando sí por el socialismo.
 
Leo poco. Escribo bastante pensando la Cuba del futuro, la que ya muchos nos empeñamos en rezar, esa que Mons. Carlos Manuel de Céspedes llama “la Casa Cuba”. Hago una lectura diaria que me parece salvífica, todos los días repito una frase de Martí que me impulsa y hace sentir en paz con mi conciencia ciudadana, con mi sentir intelectual: “Para Cuba que sufre, la primera palabra”.
 
Esa es mi lectura fundamental: Cuba. Es fácil darse cuenta de la cantidad de cubanos que prefieren (incluyendo al religioso, al intelectual), dejar el problema “a los otros”. Para mí siempre ha sido como un martillo en la sien. Dicen que los presidentes de la Corea comunista duermen solo tres horas, así mismo estoy yo, aquellos vigilando al pueblo, sometiéndolo… yo me desvelo pensando en el futuro de Cuba, que es el de Holguín, un tejido urbanístico que tengo en la palma de la mano, y del que no sé liberarme, y me estrangula cada día más.
 
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Luis Felipe Rojas (Holguín, 1971).
Escritor y poeta.
Autor del blog Desde las alambradas.
Ha publicado en numerosas revistas como Bifronte y Vitral.
Reside en Miami.