Debate Público

Alquimistas de estos tiempos


Por Elizabeth Ducongé
 
Imagen de la serie “Fullmetal Alquemist”. Foto tomada de rsp.sti.blogspot.com

En la historia de la ciencia, la alquimia es una antigua práctica protocientífica y una disciplina filosófica que combina los cuatro elementos naturales: tierra, aire, fuego y agua, al igual que elementos de la química, la metalurgia, la física, la medicina, la astrología, la semiótica, el misticismo, el espiritualismo y el arte. La percepción popular y de los últimos siglos sobre los alquimistas, es que eran charlatanes que intentaban convertir plomo en oro, y que empleaban la mayor parte de su tiempo elaborando remedios milagrosos, venenos y pociones mágicas… Esto según las enciclopedias más completas, las más específicas. La alquimia desde mi común punto de vista es un mito aplicado a un sueño hermoso, el deseo de lograr lo extraordinario desde lo ordinario… sea cual fuere el método.
 
Leí hace algún tiempo “El Alquimista” de Paulo Coelho y me enamoré de la novela, la cual, debo decir, cambió mi vida, sin embargo también quedé fascinada por la etimología, el simple sonido de la palabra. Años más tarde vi la serie japonesa “Fullmetal Alquemist” o “Hagane no Renkinjutsushi” y comprendí de qué se trataba tal ciencia basada en la inmensidad del Universo, las maravillas de la naturaleza y el anhelo de los hombres de entenderlo todo o al menos intentarlo. Cuando lo simple se ve con los ojos de quien pretende volverlo relevante, el deseo mismo detona la grandeza, convertir el plomo en oro, la nada en algo para alimentar algo más que un sueño en el alma de los hombres es practicar la alquimia.
 
Según Coelho cuando el corazón guarda un anhelo, el universo entero conspira para alcanzarlo, sin embargo según “Fullmetal Alquemist” no se puede ignorar los principios básicos de la alquimia y respetar el intercambio equivalente, ya que para obtener algo es necesario sacrificar otra cosa de un valor igual. Para recibir hay que entregar, para crear hay que destruir algo, para lograr hay que hacer y para ganar hay que perder. Esto fue lo que aprendí sobre la alquimia y trato de poner en práctica en mi vida, no la parte ficticia sino la enseñanza que me deja.
 
Cada día que salgo a la calle descubro en los rostros de cubanos, rostros de verdaderos alquimistas, los que como salidos de un cuento de ficción crean, materializan de la nada y se calzan, se visten, se alimentan y se educan del plomo. Algunos crean oro fácilmente solo que no se dan cuenta, otros que lo perciben continúan en la práctica de la alquimia desafiando las leyes de la física, incluso del intercambio equivalente cuando entregan más para recibir migajas, en el camino interminable por descubrir el elixir de la vida… que no es más que la libertad plena.
 
Quien desacreditó el arte de la alquimia jamás puso un pie en esta tierra, la más hermosa que ojos humanos han visto, plagada de terrores diurnos y nocturnos, de silencios vociferantes, de miradas que lloran y alquimistas de estos tiempos. Yo sí creo en la alquimia, creo que cuando amamos a alguien le ofrecemos un intercambio equivalente, lealtad por lealtad, respeto por respeto, la mitad de una vida por otra, un corazón por otro… solo deja de funcionar cuando alguno de los dos deja de entregar en la misma medida que el otro.
 
¿No debería funcionar de igual manera para una nación? Cuando un pueblo confía el poder y el gobernante no entrega poder a cambio, ¿qué sucede? … Se rompe la ley de equivalencia y alguien debe pagar por semejante pecado. Esa es la alquimia cotidiana que percibo cuando descalza siento la tierra bajo mis pies, el viento en mi cara, la urgencia de ser parte de algo que vaya más allá de lo que se me permite, hacer esto por mí y por quienes me rodean. Y entiendo que es mágico poseer algo valioso, entregarlo a plenitud y recibir a cambio algo más que podría atesorar, como mi esfuerzo, mis derechos, mi simple existencia a cambio de consideración, respeto y honor.
 
Creo en la magia que hacían los antiguos educadores que creían en lo que enseñaban y entregaban generosamente para, a cambio, recibir con brazos abiertos a los hombres de bien en que se convirtieron sus discípulos. Veo el milagro que provoca una sonrisa, una mano franca en el momento menos esperado y más oportuno. Creo en el amor porque lo veo batallar contra el tiempo y el olvido en todas partes, creo en el respeto que te brinda quien menos imaginas y cuanto inspira, en las palabras de consuelo de quien está peor que tú porque te anima a luchar por ti y por él. Creo en la magia porque soy testigo a diario de ella, no solo los conjuros y hechizos que mantienen mi hogar para llegar a fin de mes, poner comida en mi mesa, pagar facturas y resolver pequeños problemas con soluciones inmensas.
 
Sin miedo a la inquisición puedo dar testimonio de ver a mis padres hacer magia con una sonrisa en los labios, justo antes de apagar el televisor e irse a maldecir en voz baja a la cocina. Esos son los alquimistas en los que creo, no los que profesan y anuncian maravillas que han alcanzado a base de mentiras y de sacrificios ajenos, cual piedras filosofales hechas de almas humanas atormentadas. En ocasiones estos tratan de crear una imitación de la piedra real por medio de innovaciones, experimentos sociales, investigaciones científicas, aunque su poder no se compara a la piedra original y tiende a destruirse cuando se usa demasiado ¿Qué tamaño abarcarían las piedras filosofales logradas del sufrimiento del pueblo cubano? ¿Qué milagro podría nacer de esta piedra, que no trajera angustia, miseria y finalmente retribución? ¿Cuándo se fragmentarán las piedras de los falsos alquimistas que nos rodean… o habrá que esperar que se autodestruyan por el uso y el abuso del poder que un día le dimos al cual no hacen honor?
 
Cuba es tierra de alquimistas de acero… sean pocos… los que te acogen reciben tu agradecimiento, los que te escuchan logran romper tu silencio y el premio es lo que tienes que decir. Los que te aman por quien eres, a cambio obtienen tu luz porque brillas con luz propia. Todos, sin excepción, somos alquimistas que podríamos sacar algo valioso de esta terrible nada en que estamos sumidos y quiero creer que así es porque hace tiempo decidí qué tipo de persona sería para elevar así mi deseo al Universo y este conspirara a mi favor. Este es mi intercambio equivalente, lo que estoy dispuesta a dar a cambio, toda mi fe, toda mi esperanza a cambio solo de eso… del cambio mismo, la alquimia en su propia esencia.
 
Elizabeth Ducongé (Artemisa, 1989).
Intérprete de lenguas y señas.

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