Debate Público

La reconciliación es necesaria e impostergable para Cuba


Foto de Maikel Iglesias Rodríguez.
Vistazo a la realidad cotidiana… bomba de tiempo
 
En cada esquina de Cuba se siente, se oye y se palpa, por lo que se habla o casi se grita a voz en cuello, y por lo que diariamente vivimos la mayoría, que las cosas no están nada bien. La insatisfacción de una creciente parte de la sociedad cubana no es secreto para nadie. Los ánimos están cada vez más caldeados, se calientan cada día que pasa y las soluciones a los problemas del pueblo parecen tener que esperar. ¿Cuánto más puede durar esta situación? Es difícil responder con certeza esta pregunta y, si acaso es respondida, muchos darían por sentado que no aguanta más, para acto seguido dar riendas al vendaval de reacciones propias del agobio, las frustraciones y la creciente incertidumbre en la que todos vivimos.
 
Dentro de estos reflujos que primariamente fueron de ira por la impotencia se van notando unas reacciones que, cada día, tienen más tintes de odio.
 
Ante estas reacciones temo que en cualquier momento vaya a producirse un hecho catalizador, fruto de la impotencia, frustraciones, falta de programa de vida y la suma de todos: la violencia, que convierta a nuestro país en un lugar en el que todos saldremos perdedores.
 
Para solucionar nuestra situación no existe una receta mágica, no la hay para la vida, pero sí existen acciones concretas que cada uno en su espacio común puede llevar a cabo. Dentro del amplio abanico de actitudes y acciones, considero que hay una que debería ir de la mano con aquellas que, cada uno comenzase.
 
La tarea de reconciliar… desde cualquier ambiente: religioso, político o civil
 
Me refiero a la urgente tarea pendiente de reconciliación que tanto necesita nuestra polarizada sociedad. Trabajar por ella en Cuba hoy, es trabajar por el presente y futuro de todos los cubanos.
 
No es compromiso fácil reconciliar, debido, en gran medida, a nuestra naturaleza humana y las condiciones que diariamente nos rodean. Precisamente por el ambiente adverso y altamente negativo en el que vivimos es que urge comprometerse en conciliar a cubanos con cubanos.
 
Si analizamos con un mínimo de profundidad nuestra realidad nacional, es evidente que se encuentra en un estado de deterioro cercano a la desintegración. Este empeoramiento se constata en la coerción y supresión de los derechos fundamentales inherentes a toda persona, que van desde la intencionalidad sistemática de anular la subjetividad de toda persona hasta los derechos más elementales y básicos. Esta situación debe ser revertida cuanto antes si queremos levantar el nuevo edificio de una sociedad incluyente y participativa.
 
Para llegar a estos dos últimos conceptos aquí mencionados hay que pasar inexorablemente por la reconciliación. De otro modo la herida continuará, como hasta ahora, cerrada en falso, con alto riesgo de necrosis.
 
Para evitar la amputación existen herramientas o principios creados por y para el hombre, inspirándose unos, por su fe en Dios y otros por un profundo sentido del bien común. Pero todas orientadas a la salvación de la persona humana y la renovación de la sociedad humana.
 
¿Hacia dónde dirigir las acciones y talentos?
 
Yo quisiera compartir lo que la Iglesia Católica a lo largo de mis años me ha enseñado y que pone al servicio de “todo hombre de buena voluntad”. Con esto la Iglesia desea que el humanismo emanado de las enseñanzas de Jesucristo sirvan para salvar a la persona humana en todas sus dimensiones: Cuerpo y Alma, Corazón y Conciencia e Inteligencia y Voluntad.
 
Si se pasara por alto alguna de estas dimensiones de la persona se estaría lesionando gravemente su dignidad como tal, pero en este pequeño aporte quisiera abordar lo referido a la Dignidad de la Conciencia Moral y la Grandeza de la Libertad, o sea, las que en mayor medida se refieren a la dimensión social de la persona.
 
La primera nos abre las puertas a la Ley Natural, la cual nos dice claramente que los seres humanos somos sujetos de derechos fundamentales determinados por nuestra propia naturaleza y que por ende son anteriores y superiores al ordenamiento jurídico positivo. Somos hechos a imagen y semejanza de nuestro Creador, por tanto, el hombre tiene la libertad para ser, elegir, optar y actuar.
 
Por consiguiente toda persona posee vocación social, es decir que durante la mayor parte de su vida el hombre se encuentra insertado en medio de una comunidad que constantemente presentará situaciones a las que tendrá que hacer frente. De la forma en la que actúe la persona, gradualmente, irá creciendo en humanidad o por el contrario, perderá más de ella. Hoy en nuestra patria nos hallamos ante este grave dilema: “O vivimos todos como hermanos o terminamos como la manada de lobos”. Aunque muchos sean pesimistas y crean que esto no lo arregla ni el gato, yo creo en la nobleza del alma del cubano y en su poder de resiliencia, y creo que podemos tener una sociedad en la que el ciudadano sea constantemente empoderado social y personalmente, creo que podemos, entre todos, crear un conjunto de condiciones personales, económicas, políticas, sociales, culturales, éticas, espirituales y religiosas que hagan posible a las personas la obtención más plena de su propio mejoramiento.
 
Lograremos el respeto y la inviolabilidad de los derechos de los cubanos, trabajando para que cesen las detenciones arbitrarias, las mutilaciones sicológicas y morales y para alcanzar la igualdad ante la ley y ante las oportunidades, sin discriminación por las diferencias, etc.
 
He dejado para el final la que, a mi entender, es una de las principales herramientas con las que nos ha dotado Dios: el respeto y la inviolabilidad de los derechos de los adversarios. Tenemos que entrenarnos en la comprensión de su sentir diferente, estar dispuestos al diálogo, ser caritativos y magnánimos. Como señalaba al comienzo: urge reconciliarnos, de lo contrario Cuba no levantará cabeza. Se podrán cambiar las estructuras, es fácil, pero de no cambiar nuestro corazón y actitudes… vamos camino a actuar como los que nos reprimen. Que nadie se engañe, enrolarse en esto significará cruz, pero también resurrección y vida, que tanto necesita este pueblo.
 
Un gran amigo y hermano siempre me ha dicho que para que seamos nuevamente una nación en la que quepamos todos tenemos que ir por la verdad, exigir la justicia, pasar por la magnanimidad y llegar a la reconciliación. No se trata de mirar para el lado y pensar que no ha pasado nada, sino hacer que lo que hemos vivido y entonces será pasado no vuelva a repetirse nunca más en nuestra historia.
 
Tenemos trabajo por delante, eso que nadie lo dude.
 
Nota
Este artículo está inspirado en el Ciclo 26: “La Iglesia en el Mundo de Hoy”. Una Actualización de la Constitución Pastoral Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II, del desaparecido Centro de Formación Cívica y Religiosa de la Diócesis de Pinar del Río.
 
Juan Carlos Fernández Hernández Pinar del Río (1965).
Fue co-responsable de la Hermandad de Ayuda al Preso y sus Familiares de la Diócesis de Pinar del Río.
Miembro del Equipo de trabajo de Convivencia. Animador de la sociedad civil.