Debate Público

Envejecimiento poblacional vs cambio de mentalidad


Por Williams Iván Rodríguez Torres

Postales de San Luis (17). Fotos Maikel Iglesias Rodríguez.
 
Últimamente se ha puesto de moda el hablar en la prensa y los diferentes medios de comunicación de la alarmante situación que tiene el país con relación al envejecimiento poblacional. Mucho se dice de la gran preocupación por las consecuencias tan graves que puede causar en el futuro no muy lejano tan peliagudo tema.

Muy a pesar de que aparentemente la nueva tendencia es hacer las cosas “sin prisa, pero sin pausa” me atrevo a asegurar que estamos contra reloj en un asunto que, impostergablemente, necesita propuestas de solución; propuestas reales y objetivas, con transparencia y sin matices suavizantes. Los diferentes sectores de la población han de ganar como sociedad civil los espacios de debate donde no solo se planifique la Cuba del futuro de manera política y económica, sino donde se discutan propuestas, alternativas, salidas al cúmulo de problemas de toda índole que han ido amontonándose a lo largo de más de medio siglo.
 
Se nos ha mal educado y se ha vuelto costumbre tratar los problemas por los ramales, cortar los gajos sin ir a la raíz de los mismos; y como reza el dicho, “al toro se coge por los cuernos y al rábano por las hojas”. Es necesario hablar sin tapujos de las causas reales de este envejecimiento, de la falta de proyectos de nuestros jóvenes, al menos de proyectos que no sean irse de esta Isla; del desarraigo que cada vez parece tomar más fuerzas, de la verdadera razón por la que las mujeres de hoy, las nuestras, no quieran parir, o solo quieran tener un hijo.
 
Según los datos ofrecidos por el diario Juventud Rebelde del domingo 31 de mayo del presente año, en Cuba existen 11 238 317 habitantes, siendo de manera creciente uno de los países más envejecidos del continente, con solo un 26% en edades entre 15 y 34 años con una clara tendencia a decrecer. En el mismo párrafo atribuye como una de las causas los logros sociales de la revolución. Según el diario, esta tendencia a la baja del reemplazo poblacional comienza en 1978 y señala como principal causa de impacto la baja tasa de fecundidad, a lo que yo agregaría que no es la única.
 
Por la opinión de algunos especialistas, este problema con más de 35 años es anterior a la crisis económica y social, al período especial y al cambio de valores sociales y de comportamientos, para usar sus mismas palabras. Y yo me pregunto: ¿No había en la Cuba de los setenta, crisis económica? ¿No hubo cambio en los valores sociales y de comportamiento en nuestro país a finales de los cincuenta, sesenta, los setenta, los ochenta y las siguientes décadas con todo lo que se fue viviendo? ¿No hubo cambios de valores y comportamientos cuando la mujer desde los años sesenta salió del hogar para ser miliciana, alfabetizadora, chofer de combinada cañera, o profesional?
 
Soy de los que defiende a camisa quitada el derecho de la mujer a emanciparse, la igualdad de géneros, la integración social de esta. Pero evidentemente esto ha contribuido a la baja fecundidad, sumado a la crisis económica y/o social que el país ha vivido en los últimos sesenta y tantos años. A ello se suman: el constante éxodo de jóvenes a cualquier lugar de este planeta con oleadas más fuertes en diferentes momentos de la historia reciente, la precaria situación de la vivienda, problema que según el programa del Moncada sería resuelto; los salarios insuficientes y sobre todo la sed de realización personal de muchos jóvenes. Solo basta salir a la calle y preguntarle a cualquier joven qué planes tiene para los próximos tres años, o cómo y dónde se ve en dos años, o qué proyectos tiene para el futuro… Realmente es alarmante. El que quiera podrá intentar, pero no podrá tapar el sol con un dedo.
 
Nuestra Cuba, la de todos los cubanos, la que soñamos incluyente, ha de motivar a la juventud, ha de enamorar a los jóvenes, debe mostrarle las miles de riquezas y oportunidades que posee esta bendita tierra, a la que tenemos derecho. Se debe suscitar la pequeña y mediana empresa, fuente de generación de empleos y de ingreso de capital. Es necesario educar a los jóvenes para el futuro cercano a ser dueños de sus destinos, a ser los inversores y propietarios de la nación y no dejar que se conviertan en mano de obra barata para los que quieran venir a partir y repartir el botín, como tristemente ha sucedido en muchos otros países, sobre todo exsocialistas.
 
No habrá aumento de fertilidad mientras las madres no tengan garantías económicas para sustentar a sus hijos. No habrá padres dispuestos a tener más de un hijo mientras el salario no les alcance para comprarles a sus pequeños el pan de cada día y los zapatos que necesitan, por lo menos de manera honrada. No habrán jóvenes dispuestos a echar raíces en nuestra patria mientras sea una utopía el tener un techo y un salario justo para formar una familia, mientras necesiten salir recién graduados a otras tierras del mundo en busca de las cosas materiales más simples y necesarias que aquí les sería imposible alcanzar. Hasta hoy la experiencia ha sido la devastación de la familia, la ruptura de cientos de miles de hogares y la deserción de otro número nada pequeño de profesionales y menos publicado.
 
Solo incorporando a los jóvenes a la toma de decisiones, haciéndolos corresponsables del proyecto de país que queremos, -digo que queremos-, no del que otros planificaron; únicamente haciéndolos sentir seguros del abanico de posibilidades que tiene nuestra Isla, para ser nuevamente uno de los países con mayor Índice de Desarrollo Humano (IDH) de América Latina, mostrándoles el privilegio de tener tierras y playas casi vírgenes, un clima envidiable con unos paisajes incomparables, con el espíritu emprendedor y perseverante que poseemos, más la alegría y hospitalidad que nos caracteriza, podremos brindar la seguridad que se necesita para repoblar nuestro país.
 
Los cubanos debemos exigir ser incluidos en los planes económicos y políticos de nuestro país. Tenemos el derecho de planificar y aportar para el desarrollo de esta Isla sin carteras de inversión extranjera, o con cartera, pero con los cubanos por delante, los de aquí y los que viven en cualquier lugar de este planeta.
 
Williams Iván Rodríguez Torres (Pinar del Río, 1976).
Técnico en Ortopedia y Traumatología.
Artesano.