Derechos Humanos

Cuando la soberbia ciega, la humildad muestra el camino.

El pueblo de Cuba demanda, necesita cambios. Nunca antes ha existido en nuestro país, mayor sentimiento de frustración e inconformidad con la realidad económica, política y social que vive.
Por Virgilio Toledo López
En los últimos meses en Cuba se han dado una serie de acontecimientos que demuestran la inconformidad de los cubanos con la actual situación que viven. Una muestra de ello, es la muerte de Orlando Zapata Tamayo por huelga de hambre, la represión violenta de las Damas de Blanco durante sus marchas por La Habana pidiendo la libertad de sus familiares, la huelga de hambre de Guillermo Fariñas, el aumento vertiginoso del índice de suicidio y muchas otras. Las respuestas que han recibido estas manifestaciones de inconformidad del pueblo cubano por parte del actual régimen han sido, por un lado, la soberbia y la acusación a potencias extranjeras de una campaña mediática, por otro, más represión, unos tímidos traslados de presos de conciencia con algunas liberaciones hacia el destierro y silencio. Esto demuestra, sobre todo, desorientación y no saber qué hacer para solucionar esta profunda crisis que conduce peligrosamente a un cataclismo.
La voz del pueblo, con diferentes acordes pero en perfecta armonía, reclama desesperadamente una alternativa que genere esperanza, una luz que muestre el camino, pero los máximos responsables para responder a estas voces, miran al lado para no enfrentarse a la situación de decidir. El deseo egoísta de seguir aferrados al poder, les impide asumir posturas humildes que les permitan a los cubanos la participación en la solución de sus problemas.
A pesar de las difíciles circunstancias que vive el pueblo cubano, sólo necesita de libertades para desarrollar el enorme potencial que tiene secuestrado y mutilado por tantos años por parte del poder. El sufrimiento que han generado las carencias de todo tipo, aunque parezca contradictorio, no ha matado las aspiraciones para alcanzar una calidad de vida elevada, sino que más bien lo ha preparado para enfrentar retos difíciles. Bastaría con la motivación de poder trabajar con libertad y responsabilidad en la construcción de un futuro más próspero y cierto, para estimular la participación y el esfuerzo de la mayoría.
Cuando se aúnan voluntades y propósitos se pueden lograr milagros poco esperados, muestras de eso abundan en la historia de la humanidad ¿Por qué impedir a un pueblo entero que trabaje y luche por su bienestar? ¿Cuál es el misterio de nuestra humanidad que hace que algunos hombres se cieguen con la soberbia e impidan a otros disfrutar del derecho a la libertad, que todos tenemos, por el hecho de ser personas?
Cuba necesita de las actitudes humildes, valientes y de entregas de todos sus hijos, especialmente de aquellos que más poder de decisión y responsabilidad tienen con los destinos de nuestra nación. Está en juego la misma existencia de nuestra cultura, de nuestra identidad. Sabemos que se necesita mucho valor para cambiar de rumbo, para probar otras alternativas, para compartir con otros lo que consideramos, erróneamente, que es únicamente nuestra responsabilidad, sin tener en cuenta que de nuestras decisiones, depende el presente y el futuro de muchos. Hay una sola manera de acercarse al camino correcto y a la certeza de que lo que hacemos o decidimos está bien encauzado y se acerca a la verdad y es, confrontándolo con el mayor número de opiniones y alternativas posibles. Todos sabemos que nadie, por inteligente y bueno que sea, es suficiente para resolver los problemas de todos, más bien esto encierra un gran peligro, porque las personas que se creen “sabelotodo” y “puedelotodo”, llegan a hacerle un gran daño a los que cuentan y dependen de sus talentos y afanes para lograr una meta.
La humildad es una de las actitudes que hace verdaderamente grandes a las personas y a los pueblos. Cuando una persona es capaz de contar con otras para comprobar la valía de sus decisiones, se hace y se comporta grande de verdad; cuando un pueblo comparte los esfuerzos por alcanzar la prosperidad con humildad, se hace y se comporta grande; cuando un gobierno, responsable de dirigir los destinos de un país, o sea, de miles y millones de personas, es capaz de contar con todos, se hace y se comporta de manera verdaderamente grande. Esta actitud de humildad es la que esperamos de todos los cubanos, es la que necesita nuestro país en estos y en todos los momentos de nuestra existencia.
Sucede que no hay más alternativas, o contamos con todos los cubanos para solucionar nuestra profunda crisis existencial, de identidad, de economía, de sociedad, de política, o seguimos directo al deterioro y destrucción de nuestro país ¡así de simple y trágico! No hay que ser especialista de nada para darse cuenta de que Cuba necesita salir a flote para poder llenar sus pulmones de oxígeno y respirar nuevos aires de esperanza y libertad, porque si sigue anclada en la desesperanza, la intolerancia y la opresión, será demasiado tarde para librarse de ese lastre, que pesa y dura ya demasiado y que nos arrastra rápidamente a las profundidades del abismo.
Los cubanos sabemos que se necesita de valentía, sencillez y humildad para que cambie el rumbo de nuestra desorientada barca nacional. Gritos de auxilio se oyen por doquier. Estamos seguros que los que están en el poder los oyen altos y claros, y si no los oyen tienen que quitarse las audífonos que la soberbia les ha regalado, y cambiarlos por unos más sencillos y humildes, que seguramente permiten el paso de los gritos de desesperación que el pueblo cubano eleva, pidiendo la posibilidad de trabajar por reconstruir su barca, que hace agua por doquier y se hunde rápido en el mar de la oscuridad que genera la soberbia y la arrogancia de unos pocos.
Empecemos cada uno de nosotros a trabajar por quitar el velo que la soberbia y la arrogancia nos pone ante nuestros ojos impidiendo que actuemos con humildad y magnanimidad, dos cualidades que necesitaremos para reconstruir a nuestra querida y sufrida Patria.
Virgilio Toledo López (Pinar del Río, 1966).
Ingeniero Electrónico. Premio Ensayo 2006 en el concurso “El Heraldo”.
Ha publicado en revistas nacionales y extranjeras.
Autor del libro El daño antropológico y Derechos Humanos en Cuba.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia.
Fue Responsable de la Consultoría Cívica del Centro de Formación Cívica y Diseñador de la revista Vitral.
Reside en Pinar del Río.