Derechos Humanos

Derecho a emigrar: respeto y sinceridad para los cubanos

Por Herminio Josué Peña Otero.
Foto: Jesuhadín Pérez
Oficina de Intereses de los Estados Unidos en Cuba.
El fenómeno de la emigración ha sido y continúa siendo, sin discusión alguna, un factor de gran actualidad e importancia para los países subdesarrollados o en vías de desarrollo. Lo natural y más deseado es que cada ser humano pueda hallar en el país que lo vio nacer y crecer las condiciones económicas, culturales, políticas y sociales necesarias para desarrollar a plena capacidad sus potencialidades humanas y cimentar una existencia de vida plena, satisfactoria y digna. Tristemente, no es lo que ocurre, pues el atraso económico y tecnológico, las diferencias económicas y sociales entre naciones, y en el centro de sus sociedades, son en general, tan grandes, que se hace imposible que ese fenómeno desaparezca. Por el contrario, se estimula entre regiones y clases de una misma sociedad.
A la inversa, hay que agradecer, porque si este fenómeno no hubiera ocurrido así, no se habrían mezclado las tribus autóctonas, no habría diversidad de razas, no conoceríamos las guerras que se engendraron por la conquista de nuevos territorios, a lo largo de siglos en la historia, y diferentes poblaciones, culturas y civilizaciones actuales disfrutarían características muy diferentes a las que hoy disfrutan. También de la búsqueda constante de la supervivencia humana y de que cada quien pudiera seleccionar las condiciones más favorables para conseguir el desenvolvimiento más agradable de la vida.
Tampoco se hubieran descubierto los nuevos continentes, sobre todo, de la manera en que lo hicieron los colonizadores, ni la historia hubiera conocido los procesos de dominación y posterior transculturación que tuvieron lugar hace más de quinientos años en diferentes regiones del mundo. Probablemente, la raza humana no hubiera sufrido la transformación positiva de un mejoramiento continuo, hecho por el cual estamos hoy y en este preciso momento, leyendo y analizando este artículo en esta computadora.
Cuba no es ajena a este fenómeno que se amplifica de manera muy particular por innumerables causas. Existe un comentario hablado por nuestros compatriotas cubanos, de aquí de allá y de acullá, los artistas, los intelectuales, funcionarios militantes o no, académicos, con los que compartimos a diario, con respecto a una reforma migratoria y a una flexibilización de la misma. El cubano de a pie, en las maltrechas bodegas, en la cola del pan, en la calle, en tu cuadra, habla y cuestiona ocultamente, con temor por el que se encuentra a su lado y define de forma general una afirmación que posee una intencionalidad en todos los sentidos que quisiera compartir con ustedes, los lectores de este artículo, y dice así:
“Cuando en un país las cifras de sus emigrantes, de todos los sexos, edades, actividades laborales, nivel sociocultural y poder adquisitivo se incrementan y se hacen relevantes, es porque, evidentemente, algo no anda funcionando bien”
¿Cuántas veces usted ha escuchado la anterior afirmación?
Porque igual que reza ese refrán, “quien no tiene de congo, tiene de carabalí”. Para encontrar hoy día un cubano de aquí que no tenga un familiar viviendo en el extranjero va a pasar bastante trabajo, y los lazos y vivencias familiares añoran ser rememoradas y vueltas a vivir por aquellos que hoy estamos separados, limitados o, mejor dicho, imposibilitados para reencontrarnos. Estos datos se hablan así cualitativamente, porque la prensa estatal no los publica, ni los investiga. Ni siquiera en el programa de la Mesa Redonda usted se puede enterar de las cifras migratorias de su país, de otros países sí, ¿curioso verdad? No se puede enterar de cuántas familias cubanas reciben remesas de la diáspora cubana en el exterior, pero sí de las cifras de mexicanos que ayudan a sus familiares, de los guatemaltecos o salvadoreños; usted no puede conocer cuántos profesionales han emigrado legal o ilegalmente de Cuba, pero sí puede enterarse de estas cifras de países como Irán, Polonia, India, España, u otros países por años, décadas o meses desde 1959. Si busca en la Gaceta Oficial se encuentra una escueta ley del año 1978 que ya no refleja la realidad actual, modificada por variadas instrucciones o decretos leyes. En estos días de inicio de año se especula mucho sobre un cambio en la reducción de tarifas migratorias, el alargamiento de los permisos de estancia en el extranjero, la eliminación de algunos documentos medievales como la carta de invitación, la carta blanca o permiso de salida, entre otros, y como plato fuerte, haber permitido la reunificación de miles de familias que siguen separadas por disposiciones de las autoridades migratorias cubanas.
Muchas de estas personas que huyen del comunismo, al igual que hace décadas en otros países como China, Rusia, Corea del Norte, España y más, no pueden entrar al país por absurdas y disímiles causas, y muy pocos de nosotros podemos salir por otras también ridículas y variadas causas. Por un lado, en los medios de comunicación nacionales, se maneja el criterio de que se emigra de Cuba por motivos económicos solamente, que esas personas solo emigran porque su economía es desfavorable, porque apenas se sobrevive dentro de la Isla con un mísero salario estatal. Pero unido a esto, a los que emigran de Cuba y sobre todo a Estados Unidos se les llama gusanos y traidores a la patria por abandonar legal o ilegalmente la patria que los vio nacer.
¿Cómo entiendo yo esta situación de incoherencia?
¿Por qué emigran tantas personas, desde Cuba hacia diversos países del mundo, en grandes cantidades?
¿Cuál es la razón por la que apenas existen inmigrantes en nuestra isla?
Muy interesantes las pregunticas, pero más interesante es desarrollar el tema de abandonar la Isla por motivos económicos o huir del sistema impuesto por más de 5 décadas. Cualesquiera que sean los motivos de tal decisión, esto no resulta un criterio tolerable y justo, pero a la vez difícil de entender por personas que vivan fuera de nuestras fronteras. Efectivamente, a mi entender, emigrar es un proceso natural-histórico-cultural, resultado de un fenómeno permanente a lo largo de siglos y propagado por todas las regiones del planeta; suscrito incuestionablemente a través de la extensa historia que ya posee la civilización humana.
La deshonra al emigrante cubano, implica no querer reconocer por parte del gobierno las causas objetivas y subjetivas que están o estuvieron para que el emigrante tomara la determinación de viajar. Atacar o juzgar a estas personas, es actuar con elevado grado de arbitrariedad, miopía política, por irrespeto a sus derechos humanos fundamentales o incluso desconocimiento histórico. Procediendo de esa forma, se imponen posiciones ilegalmente morales y abuso de autoridad.
Las contradicciones que germinan en lo interno de nuestra sociedad, se afronta y resuelve buscando los caminos racionales y más apropiados, básicamente los que unen y cohesionan a un pueblo, no los que lo apartan y dividen. Hay que buscar nuevas alternativas de comunicación y que demuestren en la práctica que el pueblo está contento y alegre de vivir en esta sociedad, que posee bienestar, que sueña con un futuro posible y que esté seguro de que si permanece dentro de la isla cubana, la prosperidad y la suerte vendrán a su lado para bendecirlo y cubrirlo con su manto. ¿Usted cree que estos alegatos hoy son posibilidades reales y ciertas en Cuba?
También hay que dar pasos democráticos, a nuevas fórmulas y estrategias de dirección que resuelvan los problemas de la sociedad. Los excesos de autoritarismo, tan frecuentes en muchos países, se desenvuelven de forma arrogante y triunfalista. Se consideran siempre dueños incondicionales de la verdad; y son reacios a reconocer sus excesos y errores, menos aún cuando algunas personas se los sacan en cara o los discute públicamente. ¿Es este nuestro caso?
Pero más allá de las decisiones erradas o no, la manera de cómo el gobierno cubano ha manejado la cuestión migratoria la convierte en una pieza clave de su estrategia de dominación social y política, porque para millones de cubanos es casi imposible viajar legalmente a cualquier sitio, amén de que resulta una acción imprescindible económica y espiritualmente, ya que implica ganar dinero básico para poder sobrellevar las penurias con las cuales se vive en este verde caimán, encontrar amigos y familiares que hacía meses o años que no se veían, y respirar aires de libertad, lejos de las tormentas asfixiantes del medio en que nos rodea día a día.
Resulta muy triste para cualquier ser humano tomar la decisión de abandonar su país de nacimiento, por las razones que sean, además de tener que distanciarse de la tierra y los ambientes que lo vieron nacer y crecer, alejarse de sus familiares y amigos, y tener que recibir de otros extraños el impacto adicional de una crítica política despectiva, no solo injusta, sino a veces excesiva. Son conocidos los riesgos y discriminaciones que el emigrante asume en el país que lo recibe, no todo es color de rosa, ni el dinero sale por los caños cuando estos se abren. Son famosas igualmente las impedimentos legales y las trabas para encontrar trabajo, en muchos casos labores que la población nativa no quiere realizar, y también son muchas las discriminaciones que surgen por ser extranjero.
Si a todo ello se suma que los emigrantes, tomando en cuenta las aportaciones económicas, (llamadas remesas familiares, legales o ilegales en todo el mundo), que envían a sus parientes en sus países respectivos, sacrificando muchas de sus necesidades para ayudar a los que quedan detrás, sumidos en el descalabro económico, resulta evidente presumir que los sentimientos, aflicciones y angustias que sufren en su situación no son siempre reconfortantes y en muchas ocasiones son para ellos lastimosas.
La decisión particular de emigrar hacia otras tierras, simplemente, merece el respeto y la consideración de todos. Emigrar es una decisión muy dura y deja en el alma del que lo ejecuta y del que se queda a sufrirlo, una honda secuela de sufrimiento. Por esto, creo que se le debe hacer justicia al emigrante, por lo menos valorarlo, siempre respetar incondicionalmente su determinación y tomar más en consideración la contribución que los mismos le entregan no solo a sus familiares, sino a sus propios países. Del mismo modo no es ético despojarle los derechos de nacionalidad a ninguna persona; y peor aún es pretender beneficiarse de determinados estatutos económicos y políticos confusos, imponiendo normas y decretos fuera de la lógica y lucrar a costa de ello.
Estimular el repudio y perseguir tales decisiones personales no es lo más razonable ni recomendable políticamente. La libertad de emigrar es un derecho individual y humano, este se lleva a cabo por múltiples razones, así sea de una necesidad económica o de causas políticas o sociales específicas que existan en cualquier país. Condenar al emigrante es pura demagogia, la cual siempre es repugnante y repudiable. En política, es actuar de manera ingenua, torpe y arbitraria, lo que también deja un mal sabor de fondo.
¿Hasta cuándo hay que esperar porque esta maquinaria de infelicidad y opresión que nos gobierna despierte?
También es imprescindible que el que emigró pueda regresar sin condicionamientos o prohibiciones, porque, aunque no está en nuestras manos que se eliminen las trabas en los trámites de las embajadas posibles receptoras, nuestro deber civil es reclamar nuestros derechos y que se nos respeten, porque eso es democracia y somos muchísimos los que así pensamos.
Lo que me toca como cubano, lo que recomiendo a todos mis compatriotas dirigentes, es rectificar lo antes posible. Es lo único correcto, valiente y honesto que pueden hacer.