Economía

¿Por qué el 4% de crecimiento no nos entusiasma?


Por Karina Gálvez Chiú

Foto tomada de Internet.
 
Luego del anuncio en la recién concluida sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, del crecimiento de la economía cubana en un 4%, algunos cubanos nos preguntamos ¿qué significa una economía creciente?

Si aceptamos que esa cifra es cierta podemos hacer el siguiente análisis:

Parece que el crecimiento económico no significa:
-       que aumente la oferta. Porque con un crecimiento de un 4%, los cubanos hemos notado que la oferta ha disminuido considerablemente en los mercados estatales.
-       que mejoren los servicios públicos, porque ha aumentado el grado de deterioro y de disfuncionalidad de los hospitales, las escuelas y el transporte público.
-       el mejoramiento de la infraestructura. Es una de las principales dificultades reconocidas por el gobierno, para la inversión extranjera.
-       que disminuyan los precios. Porque los altos precios son un problema, incluso motivo de análisis en la recién concluida sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular.
-       que disminuya el desempleo. Porque continúan aumentando los despidos y los llamados “interruptos” en las empresas estatales.
-       que aumente la esperanza en el crecimiento personal. Pues inclusive muchos de los que han visto crecer su capital como resultado de negocios rentables por cuenta propia, especialmente en el ámbito del turismo, la gastronomía y la tecnología, al ver frenadas sus posibilidades de crecer, optan por emigrar.
-       que genere mayores posibilidades de viajar al extranjero. Pues, por el contrario, después de eliminada la restricción del permiso de salida para viajar, algunos países, que antes no lo hacían, se han visto en la necesidad de requerir visas a los cubanos.
 
Y podríamos continuar esta lista de realidades que sufrimos los cubanos y que nada tienen que ver con un crecimiento del 4% de la economía, que fuera utilizado para el Desarrollo Humano Integral (DHI).
 
Si bien es cierto que nuestro analfabetismo cívico, producto de más de 50 años sin educación cívica, permite que el gobierno cubano crea que puede informar cosas como esta sin que tengamos a la mano, argumentos suficientes y eficientes para contradecirlo, también lo es que la inevitable apertura de Cuba al mundo, ha dado a los cubanos alguna visión de lo que es una economía creciente.
 
Recordemos que la economía es una ciencia que surge por la necesidad del hombre de administrar los recursos para utilizarlos lo más eficientemente posible, de manera que sirvan mejor a su bienestar. No tiene ningún sentido hablar de una economía que no sirva mejor al bienestar de los que la hacen. Y los que la hacen no son solo algunos en Cuba. No son los que toman las decisiones, sino aquellos que trabajan, producen, prestan servicios.
 
Un verdadero crecimiento económico incluye, además del crecimiento del PIB, un aumento de la oferta de empleo con la consecuente disminución del desempleo y la estabilidad de precios.
 
Sin embargo, después de un anuncio de crecimiento económico, solo recibimos noticias desesperanzadoras. Desaceleración para el año próximo y la necesidad de “ajustarnos más el cinturón”.
 
¿Cómo vamos a disfrutar del crecimiento si solo trae más problemas?
 
Los cubanos necesitamos con urgencia que el discurso oficial tenga relación con la situación de nuestros bolsillos y nuestras mesas.
 
¿Dónde se ha visto algún cambio positivo?
 
Según el Ministro del ramo, Marino Murillo, importantes renglones no alcanzaron lo planificado. El crecimiento se debió principalmente a la disminución de precios de las importaciones y a adelantos de créditos contratados. O sea, soluciones en la esfera de las finanzas, no de la producción. No obstante, aún esto debía notarse en la base, en la realidad de los cubanos: quizás una disminución de algún precio en las ofertas de productos importados.
 
Es justo señalar el aumento y la diversidad de la oferta de los servicios y producciones de trabajadores por cuenta propia. La calidad de algunos de estos negocios raya en la excelencia, lo que tiene doble mérito en un país como Cuba, donde todos los recursos están en manos del Estado y donde los límites al crecimiento económico privado están al máximo.
 
Restaurantes, bares, cafeterías, dulcerías, heladerías, salones de belleza, taxistas, casas de renta para el turismo, todos por cuenta propia, alivian el escenario de decadencia de las empresas y establecimientos estatales de servicios.
 
Lógico sería esperar que se abrieran nuevas posibilidades para este sector que, como se ha reconocido, ha hecho importantes aportes al presupuesto.
Pero, por el contrario, persisten limitaciones ridículas y un sistema tributario que no estimula al pequeño empresario. Y continúa vigente la lista de trabajos que se pueden realizar por cuenta propia de la que siguen ausentes las profesiones.
 
Podemos hablar de cierta disponibilidad de crédito para la población (máximo de $20 000 MN (alrededor de 800 CUC) en condiciones bastante blandas, pero que no está ni cerca de ser suficiente para una inversión importante en trabajo por cuenta propia. Este crédito puede llegar hasta $100 000 MN (alrededor de 4000 CUC) si lo valoran instancias superiores a la entidad bancaria, pero el proceso es muy engorroso y lento.
 
En cuanto a la inversión extranjera, según lo informado, solamente 11 empresas han sido aprobadas para invertir en la Zona de Desarrollo Especial de Mariel. Es evidente que Cuba no ofrece los atractivos esperados a los inversionistas o que el gobierno cubano no está decidido a vender los activos del país para su capitalización si ven en eso una amenaza a su poder hegemónico.
 
Los lineamientos y su cumplimiento
 
En el último pleno del Comité Central del PCC, se informa que solo se ha implementado el 21% de los lineamientos de la política económica y social del PCC. Es decir, de los 313 lineamientos, aproximadamente se han puesto en práctica unos 67. A este ritmo, solo en 20 años más podremos hablar de la “implementación” del 100% de los lineamientos.
 
Cinco años atrás, ya muchos cuestionamos, no los enunciados de los lineamientos, sino su falta de viabilidad, su incoherencia, su ambigüedad. En la actualidad estamos constatando todo esto.
 
Los lineamientos están planteados como un programa a largo plazo, pero no se concreta a través de qué mecanismos serán puestos en práctica. Y eso es lo importante en política económica: no basta con decir, por ejemplo: “… propiciar, en lo posible, la estabilidad de los precios de las ofertas no estatales…” (Lineamiento 71). Es necesario decir cómo y con qué acciones lo van a conseguir. Hay que decir además qué parámetros determinarán la posibilidad de hacerlo o en qué situación económica esto será posible. Es la única manera de hacer un proyecto económico transparente, viable, y conseguir así la complicidad de los ciudadanos.
 
De la manera en que están presentados, los Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución son un conjunto de enunciados sin contenido práctico, que se contradicen entre sí y que no son coherentes con un sistema inflexible de centralización económica. Es por esto que no podrán cumplirse, ni siquiera en los 20 años calculados.
 
A los cinco años del anuncio de la intención de “actualizar el modelo económico”, volvemos a hablar de limitaciones de compra en los mercados “liberados” (cadena Ideal de mercados en moneda nacional), o de tope de precios.
 
Estas dos acciones ya han sido probadas en nuestra historia de ineficiencias y fracasos. Las limitaciones en las ventas en los mercados de productos no subsidiados, supuestamente de venta liberada, solo traen como consecuencia otras especulaciones peores que la reventa, como la corrupción de trabajadores de estos lugares. En el momento actual, es en estos mercados donde supuestamente trabajadores por cuenta propia adquieren buena parte de los productos que venden o utilizan para producir (azúcar, arroz, sal, harina de trigo, cervezas, refrescos). Si uno de los lineamientos que no se ha podido cumplir es el referente a la existencia de un mercado mayorista para trabajadores por cuenta propia, ¿cómo es que además se impide la compra de grandes cantidades de productos en estos mercados?
 
El tope de precios ya fue aplicado en los años 90s. El resultado no se hizo esperar. Desaparecieron en poco tiempo la mayoría de los productos  a los que se les aplicó la medida, y peor aún, al poco tiempo, cuando ya la medida se había echado atrás, el Estado comenzó a vender en placitas y bodegas, los mismos productos, a precios bastante cercanos a los que había prohibido. Ya hoy, la escasez ha aumentado en los mercados estatales, con solo el amago de topar los precios.
Volvemos a la vieja usanza del gobierno cubano de no utilizar mecanismos económicos para resolver los problemas económicos. Los precios pueden ser regulados a través del mercado, de las políticas tributarias o monetarias, invirtiendo. Topar los precios solo provocará más escasez y, por tanto, un aumento de precios en el mercado negro. Se alejará más de nuestro horizonte la posibilidad de lograr la estabilidad de precios y el fortalecimiento de nuestra moneda. Además de aumentar el descontento de productores y vendedores, quienes se rebelarán ante la idea de bajar sus ganancias a la fuerza.
 
No se puede actualizar un modelo económico, que no se deja actualizar, por quien no quiere en realidad actualizarlo
 
El sistema económico cubano no funciona. No se trata de un modelo. Se trata de un sistema que ha probado sus políticas durante más de 50 años y con distintos modos de hacer lo mismo: excesiva centralización y freno a la libertad personal.
 
Las políticas contradictorias, que avanzan y retroceden en el modelo, la improvisación que se aleja de las estrategias anunciadas y la no concienciación de lo imposible de lograr eficiencia frenando a los que pueden producirla, hacen de la economía cubana, el caos que se evidencia en los últimos informes, después del anuncio de un 4% de crecimiento. Y ponen de manifiesto la falta de voluntad del gobierno cubano de abrirse a un cambio de la realidad.
 
Es difícil de combinar la eficiencia del mercado con la igualdad de oportunidades. Pero un sistema que respete las libertades ciudadanas es el comienzo.
 
Solo cambiando la esencia del sistema y liberando las fuerzas productivas, aplicando y respetando las leyes del mercado, democratizando la economía y enfrascándonos en la búsqueda del bien común y de mejores niveles de crecimiento y desarrollo humano. Cuba será la Nación próspera y sostenible que edificaremos entre todos.
 
Karina Gálvez Chiú (Pinar del Río, 1968).
Licenciada en Economía.
Fue responsable del Grupo de economistas del Centro Cívico.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia.
Reside en Pinar del Río.

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