Economía

¿Qué es lo que está caro?

Por Luis Cáceres Piñero.
En los primeros años de la década del sesenta del siglo pasado hubo en Casablanca, La Habana, una escuela para instructores políticos llamada “Osvaldo Sánchez Cabrera”. En ella participaron distintas categorías en cuanto a nivel de cultura y rango, desde diplomáticos, altos militares, hasta el más sencillo como el que les habla, porque no estaba preparado para ninguno de los temas que allí se impartieron como de Historia Universal, Filosofía, Economía Política y Marxismo Leninismo. Fui a dicho lugar sin saber a lo que iba, y como no hubo exámenes, todos aprobamos. Pero como siempre hay algo que no se olvida, solo cuatro cosas recuerdo de aquella suntuosa escuela.
1.- Que debe oírse siempre los criterios del enemigo o adversario sin interferencias para saber cómo combatirlo o contrarrestarlo.
2.- Lo triste que resultaba cuando un obrero en el capitalismo carecía del mismo bien que producía al no poderlo comprar.
3.- Que en el socialismo se crearían las condiciones para que los obreros estén cerca de sus centros de trabajo o viceversa para su comodidad y ahorro de transporte.
4.- Que la propiedad privada y sus medios de producción desaparecerían (sin cerrarlos) por la competencia estatal, dando mejor calidad y precio a cada producción.
De esto, nada se ha cumplido. Pero el tema del que quiero hablar en particular es sobre los camioneros privados.
Cada vez que veo estas moles de hierro con no sé cuantas gomas y pasajeros por las carreteras pienso que son héroes que contra viento y marea, y multas, se lanzan a resolver algo tan vital como es el transporte. Mientras los periodistas oficiales reconocen que los criterios de la población no son los más benévolos cuando de transportación se trata, pues en cuanto a transporte de pasajeros en la Terminal Interprovincial de Ómnibus (dígase estatal) existen muchas deficiencias sin resolver, con todos los recursos de que dispone el Estado. Por lo tanto, estos no son ejemplos a seguir por los camioneros particulares.
Me llamó la atención un artículo de un periódico dedicado a estos camioneros refiriéndose al precio elevado del pasaje, titulado “Viaje por el cielo” por lo que he decidido sacar mis propias conclusiones:
A estos periodistas solo se les ocurrió preguntarles: ¿cuánto ganan por su trabajo? Pero les faltó preguntarles: ¿cuánto gastan? Estos camiones son más viejos que aquellas guaguas checas y Leylan desaparecidas tempranamente, ¿Y qué se hicieron aquellos taxis que estaban al alcance del bolsillo de los trabajadores que junto a las guaguas también desaparecieron? La existencia de estos camiones es un buen ejemplo de la magia de la propiedad privada.
No se les preguntó además lo que les cuesta una goma, una pieza, el mecánico, el combustible de todos los días y mucho menos lo que les costó el camión. Solo se sustenta la crítica en lo caro que resulta ($5.00 pesos en moneda nacional) un viaje a Consolación desde Pinar del Río (25 kilómetros), refiriéndose también a otros destinos; y que a un trabajador asalariado no le era posible diariamente pagar ese precio (afirman tres trabajadores estatales).
Pienso que estos camiones no son para llevar obreros a los centros de trabajo, que es al Estado al que le corresponde esa responsabilidad. ¿O será que el Estado paga tan poco al trabajador que no les permite pagar el transporte que verdaderamente funciona?.
No creo que sea caro lo que cobran estos hombres del asfalto si tenemos en cuenta que, como todo cubano, también tienen que pagar doce pesos por una libra de frijoles, siete por una caja de cigarros, seis por una libra de azúcar prieta, ocho pesos por una libra de azúcar blanca, treinta pesos por una libra de jamón y, si tienen hijos de siete años, tienen que buscar el desayuno, suponiendo que no tengan que pagar una pipa de agua cuando falta por varios días o acudir a una farmacia por dólares.
Pongo otro ejemplo: El jueves 12 de enero de 2012, vi paradas en Manuel Lazo a más de 30 personas esperando transporte desde las 6 de la mañana bajo el frío y la neblina intensa. Iban para Sandino. Después de 6 horas y media de agónica espera llega la tabla de salvación: un camión particular que, por los 19 kilómetros que hay de distancia entre Manuel Lazo y Sandino solo nos cobró 5 pesos M.N. Teniendo en cuenta que ya a esta hora solo quedábamos unas 20 personas que pagamos los 5 pesos, el dueño del camión salvador solo cobró 100 pesos (lo que es igual a 4 cuc). Debemos tener en cuenta los gastos en combustible y piezas. ¿Qué ganó este transportista privado?
Entonces pregunto: ¿Qué es lo que está caro? Supongo que en otras partes de nuestro querido país exista la misma situación. Si alguien dijera que no, ese no sabe lo que es viajar en Cuba.
Luis Manuel Cáceres.
(Cayuco, 1937) Pintor. Reside en Pinar del Río.

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