Economía

¿Qué bloqueo es el que nos bloquea?

Por Karina Gálvez.
Foto: Jesuhadín Pérez
'Product of USA' pone en la etiqueta de manzanas comercializadas en Cuba.
La medida económica impuesta a Cuba por los Estados Unidos, desde el triunfo de la revolución, a raíz de la nacionalización de las propiedades norteamericanas en la Isla sin indemnizaciones ni compensaciones, es fuente de debates y discusiones tanto dentro como fuera de Cuba. Es llamada por unos “bloqueo” y por otros “embargo”; algunos creen que afecta más al pueblo, otros que afecta más al gobierno; unos dicen que es la causa de todos los problemas económicos que tiene Cuba, otros, que no influye absolutamente en la crisis cubana; algunos defienden que es un derecho de los Estados Unidos, otros, que es una absurda arbitrariedad.
Cada una de estas posiciones puede ser defendida por sus adeptos con argumentos suficientes como para que el debate se mantenga durante más de 5 décadas. Pero en este debate existen hechos que no pueden ignorarse y que no dependen de las opiniones diferentes que genera el tema:
. La ley norteamericana afecta el comercio del mundo con Cuba: es innegable que Cuba tendría muchas más posibilidades de comercio sin esta medida restrictiva que impide a empresas extranjeras hacer negociaciones con Cuba libremente. Al mismo tiempo, es también innegable, que las dificultades de Cuba para comerciar, están dadas por la falta de dinero, su baja reputación crediticia y la inestabilidad económica.
. El gobierno cubano lo culpa de la crisis económica que vive Cuba: el discurso oficial cubano se vale de la posición de víctima bloqueada para justificar la, al parecer eterna, crisis económica que vive el país. El bloqueo o embargo norteamericano se ha convertido en una medida más política que económica. Por una parte, el gobierno la utiliza como justificación de la ineficiencia y la injusticia en la distribución, lo que le permite no afrontar su responsabilidad ante el fracaso. Por otra, el pueblo cubano, expresa un gran nivel de incredibilidad hacia el discurso oficial cuando dice, ante cualquier dificultad que evidentemente no guarda relación alguna: “¡eso es culpa del bloqueo!”, en una de las más populares formas de lo que Fernando Ortiz llamara “el choteo cubano”.
. La comunidad de países vota mayoritariamente en contra de ella: vivimos en un mundo en el que las economías son cada vez más abiertas e interrelacionadas y es difícil concebir en este proceso de disminución de fronteras y de acuerdos para liberar el comercio internacional, una ley que lo restrinja. Si bien legalmente es reconocido el derecho de cada país a comerciar con quien decida hacerlo, éticamente ese derecho es regulado por el derecho que tiene el mundo a disfrutar de todos los bienes teniendo en cuenta su destino universal.
. Durante 53 años, a pesar de la presión que ha representado para la economía cubana, no ha logrado avanzar en sus propósitos de provocar cambios políticos ni económicos en Cuba. Si bien es cierto que la restricción económica a Cuba ha servido para contribuir en buena medida a la crisis que vivimos, la realidad demuestra que sus efectos no han sido lo que se esperaba.
Ahora bien, hay un hecho que también es innegable y que es el que quiere tratar este artículo. Y es que, actualmente es cada vez más difícil para un cubano reconocer los efectos de la restricción económica norteamericana contra Cuba. Aunque aquí y allá se sigue hablando del “bloqueo” o del “embargo”, y de que la ley continúa vigente, en la cotidianidad cubana, las señales nos confunden.
¿Dónde está el “bloqueo”?
Escuchamos en algunas ocasiones, de sanciones impuestas por los Estados Unidos, a bancos suizos u holandeses o a empresas que comercian con Cuba; escuchamos del bloqueo a la ayuda solidaria de los Pastores por la Paz. La ley continúa vigente, pero, ¿en qué medida es ya efectiva?
Los que alcanzan a leer noticias, se habrán enterado de que los Estados Unidos constituyen el segundo suministrador de alimentos para Cuba y son, actualmente su quinto socio comercial. Y de que las caravanas de los Pastores por la Paz llegan, a pesar del “bloqueo”.
Pero las señales más importantes son las que vemos los ciudadanos continuamente. Si en medio de la lucha diaria por la supervivencia, un cubano se detiene a observar a su alrededor puede darse cuenta de que en las tiendas por divisas gran cantidad de artículos provienen de firmas norteamericanas. Así, por ejemplo, encontramos refrigeradores “General Electric”, ollas de presión “RCA”, equipos “Frigidaire”, o una plancha eléctrica para hamburguesas George Foreman.
Hemos comprado arroz, pollo y huevos provenientes de granjas norteamericanas. También ropa y calzado que dicen “Made in USA”.
El gravamen especial al dólar norteamericano, que había sido impuesto para aliviar los efectos del “bloqueo”, ha sido eliminado por el gobierno cubano. Cada vez es más fácil enviar remesas a través de agencias.
Las comunicaciones con la comunidad cubana que vive y trabaja en los Estados Unidos son cada vez más fáciles. Por ejemplo pueden enviarse mensajes de texto por celular desde allá, aunque aquí no podemos contestarlos.
Acaba de arribar, hace pocos días, a La Habana el primer ferry cargado de artículos provenientes de los Estados Unidos, en calidad de envíos a cubanos residentes en la Isla.
Otro bloqueo
Al mismo tiempo que disfrutamos de estas aperturas notamos con preocupación que se producen otros frenos al comercio cubano y al bienestar del pueblo que no proceden precisamente de los Estados Unidos.
Se puede trabajar por cuenta propia pero el menor impuesto es del 25%. Las gestiones para legalizar las actividades por cuenta propia resultan largas y verdaderamente engorrosas. No se pueden ejercer profesiones como la educación escolar ni la medicina por cuenta propia.
Aumentan las restricciones aduaneras. En pocos meses se han anunciado dos nuevas medidas que dificultan la entrada de mercancías a Cuba provenientes del exterior, aumentando las tarifas en la aduana cubana.
Continúan las dificultades para viajar al exterior. Aún se necesita un permiso de salida. A pesar de los anuncios de cambios en las regulaciones migratorias, nada se ha producido aún.
No se pueden enviar mensajes de texto por celular a EU. El acceso a Internet para los cubanos debe ser solo desde La Habana a muy alto precio (6.00 cuc la hora), con muchas dificultades de conexión. En la mayoría de las provincias del interior, el acceso a Internet es solo para extranjeros.
Todo esto es también bloqueo. Es el bloqueo interno que impide a los cubanos trabajar para salir de la crisis económica. Es el freno a la libertad y la iniciativa privadas que nada tiene que ver con una medida que viene de fuera.
Cambiar el debate
Todo bloqueo impide el paso del oxígeno, impide respirar, impide el desarrollo pleno y sostenible. El pueblo cubano lleva muchos años de libertad bloqueada. Sacrificando libertades en nombre de una justicia social que no existe.
Creo que debemos cambiar nuestro debate del bloqueo al debate del bloqueo que funciona, frenando la vida en Cuba. Creo que debemos siempre rechazar cada medida, cada ley, que bloquee la libertad en Cuba. Sin tener en cuenta de dónde viene. Ningún freno a la libertad individual del ciudadano, ni al pleno comercio de un país es éticamente aceptable.
El oxígeno que necesita Cuba para salir de la crisis solo puede obtenerse eliminando el bloqueo interno. La derogación de la ley norteamericana no puede oxigenar la economía del pueblo.
La economía cubana, tal como se encuentra en la actualidad, no logrará salir de la crisis con el apoyo económico del mundo entero, si no es liberada la iniciativa privada, si no se producen cambios esenciales y pasamos de un sistema centralizado, probadamente ineficiente e injusto, a un sistema de libre mercado con regulación social suficiente para garantizar el mayor bienestar posible.
Creo que todos los bloqueos deben ser eliminados. Todos los bloqueos al desarrollo del mundo y de cada país. Se hace necesario abrir puertas.
La pregunta para el debate debe cambiar de “¿debe mantenerse el bloqueo?” a la pregunta “¿dónde está el bloqueo?”
Karina Gálvez Chiú (Pinar del Río, 1968)
Licenciada en Economía. Profesora de Finanzas
Fue responsable del Grupo de economistas del Centro Cívico.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de
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Vive y trabaja en Pinar del Río.

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