Economía

La economía cubana: ¿hacia el modelo chino?

Por Karina Gálvez Chiú
 
Agro habanero.

Los últimos cambios que se han venido produciendo en la economía cubana a partir de decretos oficiales, han hecho especular a algunos sobre la intención del gobierno cubano de aplicar el modelo chino en Cuba. Esto significa, en síntesis, para los cubanos, reconocer el derecho a la propiedad privada, promoverla y protegerla, abriendo a la inversión, al mismo tiempo que se mantenga el Partido Comunista en el poder, solo haciendo cambios en su estructura interna. Es decir, una combinación entre el respeto a las leyes del mercado y el irrespeto a las normas de la democracia política.
 
¿Qué cambios concretamente hacen pensar en el modelo chino?
 
Primeramente es necesario hablar de un cambio en la mentalidad de los cubanos y en el discurso oficial. Tanto en uno como en otro ámbito no se niega la necesidad de un cambio en Cuba. La necesidad de cambiar, aun cuando no fuera la voluntad de algunos, puede producir el cambio.
El problema sigue siendo, para los ciudadanos, la dirección del cambio y el miedo al momento y la forma en que se produzca. Pero un cambio gradual y pacífico, hacia una sociedad más eficiente y justa, satisfaría a la gran mayoría de los cubanos.
 
Para el gobierno, el problema para el cambio parece ser encontrar la manera de hacerlo perdiendo la menor cuota de poder posible. Pero en su afán por mantener el poder, necesita cambiar, lo que paradójicamente le disminuye su poder al empoderar a los ciudadanos.
 
Además de este cambio general existen algunas transformaciones, que si bien no constituyen cambios esenciales en el sistema centralizado de economía, influyen de manera importante en la situación económica y social cubana y en la idea, un tanto difundida, de que se aplicará el modelo chino en Cuba. Por ejemplo:
 
- El establecimiento, como una especie de plan a largo plazo, de unos Lineamientos Políticos y Sociales lo suficientemente ambiguos como para someter a ellos, tanto una estrategia de centralización, como la aplicación de medidas de cierta apertura.
 
- El estímulo al trabajo por cuenta propia. En los últimos meses, con una rapidez poco propia de un sistema como el cubano, se han establecido normas convenientes para el trabajo por cuenta propia o las “formas de gestión no estatal”, como se le llama eufemísticamente a la pequeña empresa privada: posibilidad de tres meses sin pago de impuesto mensual para los negocios que se inician en el 2013; autorización para trabajar por cuenta propia para entidades estatales con la posibilidad de pago en divisas; y la que me parece más interesante, la implementación de un mercado mayorista para trabajadores por cuenta propia.
 
- La apertura a la compra y venta de viviendas y de autos. Esta apertura da la posibilidad de actuar un poco más libremente con los bienes en propiedad. Es además un mercado que se abre para los que cuentan con capitales dentro y fuera de Cuba.
 
- El acceso de los ciudadanos a créditos en efectivo. Estos créditos ponen cierta liquidez en manos de la población. Otorgados con el fin de invertir en trabajo por cuenta propia o de reparar y construir viviendas, aún en cantidades nada suficientes, constituyen un estímulo a la inversión y a la reconstrucción del patrimonio residencial del país. Ahora además con la posibilidad de ofrecer bienes como garantía, o sea, con acceso también para los que no trabajan con el Estado.
 
- Cambios en la dirección del Estado y en el Partido. Cambios internos que no mueven el sistema político pero que hacen pensar en la existencia de ciertas contradicciones en los círculos de poder y también en la posibilidad de movimientos en un sistema que hasta ahora ha sido totalmente cerrado y negado a sustituir dirigentes por causas que no sean la desobediencia o la falta de incondicionalidad al sistema o a sus líderes.
 
No obstante estas y otras transformaciones, la intención de aplicar el modelo chino en Cuba es muy cuestionable, pues existen otras acciones que pueden demostrar exactamente lo contrario.
 
¿Qué no se ajusta al modelo chino?
 
Realmente no podemos hablar de modelo chino en un país donde no ha sido reconocida (ni se contempla en los lineamientos la posibilidad de hacerlo) la propiedad privada. Donde, a pesar de los estímulos al trabajo por cuenta propia, todavía no puede llamársele siquiera pequeña empresa privada, donde las trabas son muchas y suficientes para frenar el desarrollo económico.
 
En el modelo chino no persiste la necesidad de justificar la procedencia de cantidades de dinero que alcancen para adquirir autos, viviendas u otros activos duraderos. Tener dinero no representa necesariamente ser sospechoso de haber cometido algún delito o ser un corrupto, como sucede en Cuba.
 
No podemos hablar de modelo económico chino con un sistema financiero ineficiente e insuficiente. Que no garantiza la agilidad del flujo monetario. Ni brinda posibilidades de acceder a recursos monetarios en cantidades suficientes para invertir, ni asegura la recuperación de créditos a la población ni a las empresas estatales.
 
El sistema tributario no cuenta aún con un método adecuado para controlar ingresos y gastos que garanticen la justicia tributaria. Está establecido sobre bases poco firmes y sufre cambios muy frecuentes. Y ni hablar de lo poco estimulantes que resultan los impuestos para emprender o hacer crecer un negocio.
 
Las empresas cubanas, de propiedad estatal, se ven en una tensión continua entre una autonomía aparente, que le permite disponer de cierta cantidad de ingresos y tomar decisiones a cierto nivel y una centralización férrea que le impone un modo de hacer y de distribuir y que exige responsabilidades sobre lo que no pueden decidir.
 
No hay apertura a la inversión de cubanos con capital y el mercado cubano no resulta atractivo en estos momentos para la inversión extranjera, principalmente debido al incumplimiento de obligaciones con inversionistas anteriores y a no contar con condiciones justas y adecuadas para inversionistas privados (sobre todo con la contratación de mano de obra y posibilidad de mercado interno).
 
La circulación de dos monedas; la entrega de tierras a campesinos privados, pero ociosas y en usufructo; las prohibiciones absurdas de comercializar carne de res o langostas; el subempleo y las plantillas infladas; la construcción de grandes obras que nunca terminan; o la ineficiencia como estilo de vida, no son características del modelo chino. Una política de cambios que parece que se aceleran en ocasiones y se frenan de pronto; que se contradicen en su formulación y su puesta en práctica y que no han llegado aún a representar cambios esenciales en el sistema económico ni en la vida de los cubanos, no son propias del modelo chino.
 
Por otra parte, no es seguro que funcione del modelo chino en Cuba.
 
No sería sostenible el modelo chino en Cuba
 
Si el aplicar el modelo chino en Cuba consiste en reconocer la libertad económica sin libertad política y sin democracia, no será sostenible en Cuba.
 
Verdaderos cambios económicos en Cuba no serán sostenibles sin cambios políticos. Cuba es un país tropical, con un clima diferente y una historia y una idiosincrasia diferentes a las de China.
 
En caso de producirse en Cuba, un cambio económico esencial, que permita a los cubanos disfrutar del mercado, dentro de un marco de regulaciones legales que garanticen la igualdad de oportunidades, disminuirá la dependencia del Estado. Según nuestra historia, es de esperar que nos dediquemos, con los recursos y métodos de estos tiempos, a lograr la libertad política que nos corresponde por derecho.
 
Por otra parte, el sistema político actual en Cuba es un freno para el desarrollo de las relaciones de producción (aun hablando desde el punto de vista marxista). El poder del Estado cubano depende en gran medida de su total control sobre los medios de producción y las fuerzas productivas de la sociedad. Para mantenerse en el poder, ha sido necesario, un sistema económico totalmente centralizado, que le permita mantener campañas políticas e ideológicas costosas, el secreto sobre las cifras de eficiencia y resultados de indicadores económicos, así como sobre sus operaciones de comercio exterior. ¿Cómo culpar al mundo de las deficiencias del sistema cuando un empresario cubano privado pueda hacer negocios libremente en el mercado mundial solo contando con recursos monetarios? La imagen de país sitiado y en desventaja podría venirse abajo en segundos. Este sistema político no podría sobrevivir sin esa imagen.
 
La influencia de la comunidad cubana en el exterior
 
También es importante considerar que tenemos una comunidad cubana en el exterior que, en caso de apertura económica, tendría una influencia determinante en el desarrollo económico cubano y que ha aprendido a trabajar y vivir en democracia. Tanto como influirá en lo económico, influirá en la conciencia de los cubanos cultivando su necesidad de exigir libertad política. No con campañas o discursos, sino con sus acciones, su mentalidad, su forma de hacer negocios o su manera de reaccionar ante la vida, porque todo eso, será el fruto de la conjugación del carácter emprendedor del cubano y la vida en países que respetan las libertades individuales; países con miles de problemas, de injusticias, pero que para resolverlos no han recurrido a bloquear la libertad ciudadana.
 
Por otra parte, en Cuba, los cambios económicos serán determinados por la necesidad del gobierno de sobrevivir a una profunda crisis que se extiende ya por muchos años y ahora amenaza con recrudecerse, ante la situación de Venezuela. Sin embargo, los cambios políticos ya son exigidos por una parte importante de la sociedad cubana, que conforman la verdadera sociedad civil y la oposición. Estas, a pesar de sus errores y dificultades, ya han dado muestras de madurez y de saber lo que Cuba necesita, además de estar dispuesta a perseverar en su búsqueda de una mejor vida para los cubanos. Y estas exigencias no están centradas en lo económico, sino en libertades políticas y sociales como la libertad de prensa, de asociación, de participación en el gobierno.
 
También es evidente, que muchos cubanos confían cada vez menos, en que su situación va a cambiar en medio del sistema político actual. Las tímidas medidas de cambio son recibidas por la población, activamente pero con desconfianza. Activamente, porque el cubano no deja de desaprovechar las oportunidades, pero sin la ilusión de que su nivel de vida cambie de manera significativa, mientras las medidas no dejen de ser “medidas” y se conviertan en cambios económicos esenciales. Parece que va aumentando la conciencia de que es necesario cambiar no solo en lo económico, sino que necesitamos un sistema político que garantice las libertades económicas de manera que podamos confiar en las leyes aprobadas y trabajar sin el peligro de hacerlo en la ilegalidad y sin la obligación de aparentar un modo de pensar que ya vamos considerando absurdo. Con esta conciencia, es muy difícil que los cambios económicos, aun cuando sean esenciales, sean sostenibles sin cambios políticos.
 
El modelo chino puede no ser sostenible pero podría conducirnos hacia la democracia
 
Personalmente no quisiera el modelo chino para Cuba. Creo que cada país debe, dentro de un marco ético, tener su propio modelo, que se ajuste a sus condiciones, a sus necesidades y a su cultura. Nuestra nación merece que le dediquemos todo el esfuerzo para engendrar un modelo económico y social propio, que la convierta en próspera e independiente, sin detrimento de la democracia participativa, ni las libertades individuales. Un sistema social que nos coloque en el escenario internacional, tanto en lo económico como en lo político y social.
 
Pero los verdaderos cambios económicos, en otras naciones, han generado cambios políticos. Y en Cuba, los cambios económicos pueden generar el cambio político.
 
Cuando hablamos de cambios económicos, no estamos hablando de las reformas limitadas que se han producido en Cuba en los últimos años. Esos no son cambios económicos. Los verdaderos cambios económicos deben incluir: libertad plena de iniciativa económica con el reconocimiento del derecho a la propiedad privada, la apertura plena a la inversión, la puesta en funcionamiento de un sistema financiero que conduzca a la apreciación de la moneda nacional, eficiente aún cuando cueste un poco su implantación y conjugado con un sistema tributario justo, sobre bases firmes, que deje de ser una carga para los más débiles y permita la redistribución de la riqueza con la mayor equidad posible. Estos serían cambios económicos. Entonces pudiéramos pensar que ya se está implantando el modelo chino.
 
Si estos cambios tienen lugar en Cuba, no solo podemos afirmar que no serían sostenibles sin un cambio político, sino que, más tarde o más temprano, generarían el cambio hacia la democracia.
 
Los cambios ocurren casi siempre primero en la realidad y después en las leyes. En Cuba, solo con las medidas implantadas en los últimos años hay un cambio político que no ha ocurrido en las estructuras, pero sí en los ciudadanos. Por ejemplo: no se ha legalizado la oposición política, pero muy pocos ya la desconocen; no existe el permiso de asociación independiente, pero la sociedad civil cubana ha sido reconocida ya, hasta en los medios masivos de comunicación gubernamentales; no ha sido decretada la libertad de prensa, pero existen varias publicaciones independientes; no hay elecciones libres pero ya los cubanos expresan su inconformidad con los candidatos actuales y con el método (recordemos que los cubanos que no votamos o anulamos la boleta somos más que los miembros del PCC).
 
La decisión de muchos sectores de la oposición y de la sociedad civil, de vivir como personas libres, dentro de un sistema totalitario, tiene que ver con la libertad económica alcanzada. Muchos de estos ciudadanos, por su manera de pensar, en un momento determinado, han sido expulsados de sus centros de trabajo o de estudio, por lo que se han visto en la necesidad de vivir sin trabajar para el Estado. Unos han recibido ayuda de familiares en el exterior, financiamiento para sus actividades de una ONG, o cualquier otra forma de sustento no dependiente del Estado. La independencia económica está muy vinculada con la independencia política que han alcanzado. Por supuesto que han atravesado situaciones difíciles, pero el resultado ha sido la independencia, superar el miedo a perder el trabajo o el medio de vida. Y, sin dudas, esto ha influido en su determinación de ser libres.
 
Si esto ha ocurrido con un sector todavía pequeño de la población cubana, ¿por qué no pensar que será igual con el resto de la sociedad? Lo más probable es que, cuando en Cuba se produzca el cambio económico (en el caso de que este ocurra primero), el cambio político que se producirá en la mentalidad de la gente, acelerará el cambio de la superestructura política.
 
Señalemos también que el sistema político cubano, se ha deteriorado tanto en los últimos tiempos que ya no puede ofrecer lo que en sus inicios fueron sus fortalezas ante el pueblo: igualdad entre todas las capas sociales, educación gratuita con calidad, salud pública garantizada, empleo estable, funcionarios sin espacio para la corrupción. Las diferencias se han acentuado entre los que reciben dólares y los que viven del salario, la educación ha sufrido un desgaste debido a la falta de exigencia y el facilismo, la atención médica está afectada por la falta de recursos y la colaboración con Venezuela y otros países, ha aumentado la escasez de medicinas y el precio de las que se venden, cada vez hay más peligro de quedar desempleado, los jubilados se ven obligados a trabajar y la corrupción, según la Contraloría de la República, ha afectado a un 72% de las empresas en una de las provincias del país.
 
Estos son suficientes signos del fracaso de un sistema político que había prometido ser eficiente y justo si dejábamos en sus manos, nuestra libertad económica.
 
Entonces, si se aplica el modelo chino en Cuba, no funcionará por mucho tiempo como sistema, pero funcionará para transformar la nación cubana en una nación próspera, siempre que los cubanos seamos capaces de poner todo nuestro empeño en conseguir la libertad política y social, una vez conseguida la económica. Si así fuera, podríamos darle la bienvenida al modelo chino, aunque sea como camino a la democracia.
 
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Karina Gálvez Chiú. (Pinar del Río, 1968).
Licenciada en Economía. Profesora de Finanzas en el IPE Rafael Ferro.
Fue responsable del Grupo de economistas del Centro Cívico.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia.
Vive y trabaja en Pinar del Río.