Economía

¿No han funcionado las reformas económicas en Cuba?

Por Karina Gálvez Chiú
 
 
Una economía de mercado… es la única economía natural, el único tipo que tiene sentido,
el único que puede traer la prosperidad,
ya que es el único que refleja la naturaleza de la vida misma.
La esencia de la vida es infinita y misteriosamente multiforme y, por lo tanto,
no puede ser contenida ni planificada en toda su plenitud y variabilidad
por ninguna inteligencia central.
Václav Havel, Summer Meditations (1993)
 
Tienda de elementos informáticos solo para empresas. Foto tomada de 'Generación Y'
Se especula en diferentes espacios sobre la efectividad de las últimas reformas relacionadas con la economía en Cuba: la reducción de plantillas en empresas estatales, la promoción del trabajo por cuenta propia con la posibilidad de comerciar con empresas estatales y recibir pagos en divisas, la implementación de un mercado mayorista y la exención de impuestos durante tres meses para los que comienzan este año; la entrega de tierras en usufructo, la entrega a particulares de locales de servicio en arrendamiento, posibilidad de vender y comprar viviendas, y otras.

La polémica se mueve hacia dos extremos: los que afirman que esas políticas no mejorarán en nada la situación económica de Cuba y los que afirman (en su mayoría en los círculos de la oficialidad) que esas medidas son la solución para el sistema económico y político cubano.
 
Por sobre toda opinión se erige un hecho innegable: la mesa y los bolsillos de la media de los cubanos continúan enfrentando grandes dificultades. No mejora el nivel de vida. Por el contrario, se recrudecen el hambre y las dificultades. Los cubanos siguen precisando salir del país para adquirir artículos de primera necesidad. Tampoco disminuye el estrés diario en los hogares por la falta de agua, por el precio de la electricidad y la falta de opciones para cocinar los alimentos, el mal estado de conservación de las viviendas y el hacinamiento en ellas, y por sobre todas las dificultades, la escasez de alimentos y el precio, exorbitante ya, de algunos de ellos. Ni hablar de otras necesidades menos primarias pero no menos importantes para una vida digna, como salir de vacaciones a algún lugar turístico o transportarse en medios seguros, adquirir y mantener un móvil, acceder a Internet, vestir a la moda o invitar a alguien a comer a un restaurante. Esto sigue siendo algo prohibido para la media de los cubanos. Las cifras macroeconómicas continúan siendo preocupantes y continuamos dependiendo de Venezuela. Por tanto, no podemos decir que estas reformas han sido solución para el problema económico cubano.
 
Por otra parte, hay otro hecho innegable en el escenario cubano actual: se han abierto algunas oportunidades que cambian la vida de algunos cubanos, aun cuando no son la mayoría: aumenta la comunicación, cuando cada día tenemos más celulares; existe, aunque sea muy cara, la posibilidad de acceder a Internet; podemos viajar si logramos obtener el dinero; ha aumentado el trabajo por cuenta propia y por tanto la competencia entre los pequeños negocios. Esto ha influido positivamente en el ambiente cubano. Por tanto, tampoco podemos decir que estas reformas no influyen en la vida de los cubanos.
 
Ninguno de estos dos hechos innegables puede respaldar los dos extremos de la polémica: no creo que las reformas son anodinas, ni tampoco que son la solución de Cuba. Y una vez que se analizan, desde otro punto de vista, las reformas y sus consecuencias para la vida de los cubanos, sin llegar a ninguno de los dos extremos, me parece más importante preguntarnos:

¿Qué ha sucedido en la realidad? Legalidad vs. Realidad

Desde hace mucho tiempo en nuestro país, vivir en la legalidad se hace insostenible y ahora, a pesar de las reformas, eso no ha cambiado. Con cambios no esenciales en el sistema cubano, el gobierno ha pretendido perder la menor cuota de poder posible, contando con mantener el control sobre el ritmo y el alcance de las nuevas posibilidades, al mismo tiempo que ofrece al mundo y a los cubanos la imagen de flexibilidad y voluntad de cambio que necesita. Pero, en las ciencias sociales no siempre se obtienen los resultados previstos. Y una cosa ha sido lo previsto por el gobierno en cuanto al alcance de las reformas y otra la realidad.
 
Legalmente las reformas no permiten que el sistema económico cubano cambie en esencia. La libertad de iniciativa continúa frenada, no se reconoce el derecho a la propiedad privada, no cesa el monopolio estatal sobre la producción y el comercio, la ineficiencia continúa siendo el estilo de trabajo en el sector estatal, no hay acceso a crédito suficiente para inversiones, el sistema tributario es injusto e ineficiente, las estructuras no funcionan, y, por sobre todas las cosas, la situación en los hogares de la mayoría de los cubanos es muy difícil. Por supuesto que unas reformas realizadas solo parcialmente, sin tener en cuenta (o sin querer considerar) los cambios necesarios en los mecanismos y las estructuras, provocan contradicciones que entorpecen los beneficios que pudieran generar. Las reformas no caben dentro de un modelo centralizado y excesivamente controlador.
 
No obstante, los cubanos hemos dado muestras nuevamente de lo fuerte de nuestro espíritu emprendedor y nuestra capacidad de recuperación. Veamos algunos ejemplos:
 
La mínima apertura para el trabajo por cuenta propia no elimina el monopolio estatal sobre la producción y el comercio. El Estado continúa siendo el dueño de las empresas. Los productores de alimentos, por ejemplo, tienen que seguir comerciando únicamente con el Estado.
 
Pero violar esta ley se ha convertido en cuestión de supervivencia, y por encima de ella, la gente comercia, produce y consume. Oficialmente el Estado es el único suministrador de insumos, el único al que se le vende la producción, pero hace mucho tiempo que esto no es así en la realidad. La gran verdad increíble (como diría Milán Kundera) es que la escasez actual estuviera duplicada si los campesinos solo vendieran al Estado o si los trabajadores por cuenta propia solo consumieran en sus negocios lo que adquieren en el mercado estatal. Claro que los precios estuvieran aún más elevados. Los campesinos, las cooperativas, los zapateros, los cocineros, los artesanos, venden sus producciones a comerciantes (llamados intermediarios y prohibidos en Cuba) que la llevan al mercado minorista. Esto es ilegal pero es real y todos lo saben.
 
Otro ejemplo: oficialmente solo el Estado puede importar y exportar mercancías. Las licencias que se conceden excluyen esa posibilidad. Esto frena la entrada de divisas al país por concepto de generación de riquezas. Los cubanos, sin condiciones adecuadas, sin recursos óptimos, por cuenta propia, hemos alcanzado gran calidad en producciones y servicios que, quizás con una mejor materia prima, pudieran competir en buena lid con otros en el mundo. Esto nos está prohibido. Y trabajar solo para un mercado de bajos recursos como el nacional y algún turismo, desestimula a cualquier persona.
 
Claro que esto no es lo que ocurre exactamente en la realidad. Violando las leyes o aprovechando las brechas que estas ofrecen, existen tiendas de ropa importada, mejor provistas que cualquiera de las estatales en divisas, aún cuando la licencia que se otorga es de “modistería y sastrería” lo que implica que la venta debe ser de piezas confeccionadas por quien las vende. Vemos mesas de bisutería y artículos para el hogar en las que puede encontrarse desde una máquina para afeitarse hasta una memoria para un teléfono celular, cuando la licencia que las ampara es de “elaborador de artículos con recursos naturales y metales”, y cualquiera ha podido servirse de los vendedores de materiales de construcción y equipos electrodomésticos que en el exterior de una tienda estatal, nos hacen ofertas de productos que no encontramos en el mercado estatal ni siquiera por divisas, y por supuesto, a mejor precio y sin licencia. Esto no es legal pero es real.
 
Legalmente no existe posibilidad de realizar trabajo por cuenta propia para los profesionales en su profesión. No obstante, estos se ven obligados a buscar ingresos por otras vías para compensar los insuficientes salarios de menos de 40 CUC al mes. Así, por ejemplo, usted puede encontrarse en Cuba un eminente cirujano, con una licencia para conducir un coche de caballos en su tiempo libre, pero no para poner una consulta privada. O un buen dentista que tiene una cafetería por cuenta propia, mientras que en las clínicas las colas son interminables. Los maestros pueden obtener permisos para dar “repasos” (solo reforzando los contenidos impartidos en las escuelas estatales) pero no para dar clases. Los abogados no pueden ejercer si no es a través de un bufete colectivo estatal, pero pueden solicitar licencia para tenedores de libros o hacer dulces.
 
Sin embargo, en la realidad, los que necesitamos los servicios de un médico, una enfermera, un abogado o un maestro, hemos entendido la necesidad de compensar los salarios para obtener un servicio de calidad por parte de estos profesionales. Cuando a uno de estos profesionales, que tienen que ajustarse a su salario, se les resuelve un problema económico o se le hace un presente útil, en agradecimiento por su trabajo o para estimularlos, contribuimos a mejorar sus ingresos y a facilitar que pueda dedicarse a su trabajo sin tener que realizar otra actividad extra.

Si bien es verdad que muchas veces esta práctica se convierte en corrupción y los que más tienen y ofrecen, reciben privilegios sobre los que no pueden ofrecer, lo cual no es justo, también es comprensible que ayudar a quienes tienen nuestra vida o la educación de los hijos en sus manos, facilita que su trabajo tenga mejores resultados. Aún hay personas que se resisten y creen que regalar a médicos y maestros, es una práctica inmoral y solo busca privilegios. Algunos médicos y maestros lo entienden mal y solo ponen todo su empeño en atender a personas que le regalan o le pagan. Esto no es bueno ni justo.
 
Lo cierto es que, en la realidad, no es solo el Estado quien controla los servicios de médicos y enfermeras, de maestros o abogados. Ni la educación ni los servicios de salud son tan gratuitos. Esto tampoco es legal pero es real.
 
Lo real parece incontrolable ya. No cambia el sistema pero cambia el ambiente
 
Parece que a estas alturas va a ser difícil cambiar la realidad con la legalidad. Más bien espero que suceda lo contrario: que lo legal cambie por la fuerza de la realidad.
 
Las reformas superficiales realizadas por el gobierno cubano no son suficientes para cambiar el sistema económico pero han cambiado el ambiente entre los cubanos. Competencia, calidad, productos atractivos, estímulo al consumo, creatividad, son realidades que parecían olvidadas en la práctica económica y aparecen nuevamente. Aires de mercado en una economía oficialmente centralizada.
 
A pesar de la voluntad del gobierno de no cambiar el modelo, sino solo actualizarlo, aprovechando las pequeñas aperturas, empujando la cerca que nos frena, con trabajo y creatividad, defendiendo nuestros derechos, los cubanos podemos convertir la realidad en legalidad.
 
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Karina Gálvez Chiú (Pinar del Río, 1968)
Licenciada en Economía. Profesora de Finanzas en el IPE Rafael Ferro
Fue responsable del Grupo de economistas del Centro Cívico.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia.
Vive y trabaja en Pinar del Río.