Economía

La empresa estatal es hoy una traba para las cooperativas

Por Néstor Pérez González
Ministerio de la Agricultura en La Habana. Foto Jesuhadín Pérez.                                                                            
El mes de junio inició con un Consejo de Ministros, que aseguró que seríamos potencia alimentaria y económica, pero el propósito en las palabras no siempre encuentra el mejor contraste en nuestra realidad diaria de campesinos.
 
Nuevas resoluciones y pequeños pasos quieren pujar un nuevo derrotero de autonomía para las cooperativas en la comercialización de sus productos y gestión de recursos, a partir de lentos experimentos, pero ellos han de desarrollarse en medio del poder de las empresas, la corrupción y la burocracia institucional, males que sin dudas son de las mayores amenazas que puede confrontar una sociedad, amenazas que se han reconocido hasta por el propio Raúl Castro.
 
Casi al mismo tiempo de este Consejo de Ministros, el sábado 8 de junio en reunión para los asociados de la Cooperativa de Créditos y Servicios-Fortalecida (CCS-F) Rafael Morales, en San Juan y Martínez, entre otros puntos, se analizaron los temas relativos a la producción de alimentos y de leche, asuntos para los cuales se evidenciaría cuán lejos permanecen los cambios y transformaciones formales y legales de la realidad práctica.
 
En cuanto a la producción de leche, esfera productiva en la que esta cooperativa ocupa el primer lugar del municipio, se constató en la persona del Presidente de la Cooperativa la situación dada con la Empresa Provincial de Suministros Agropecuarios, entidad que mantiene contrato con la Cooperativa y que al momento presente no le estaba permitido asignar recursos a las cooperativas, solo a las empresas. Situación que agravaba la gestión de recursos especialmente para este sector productivo.
 
Es decir, la cooperativa y el productor directo que entregan su producción al Estado a bajos precios, como por ejemplo $2 MN el litro de leche no pueden beneficiarse de este mercado mayorista y diferenciado, y según los directivos: deben comprar en el mercado minorista, o recibir los recursos por medio de la empresa a mayor precio. El mal funcionamiento se hace evidente en cada reunión, al no satisfacer correctamente las necesidades de los productores.
 
¿Acaso el gobierno, quien intenta impulsar mayor autonomía a las cooperativas, no ve que al margen de sus pequeños experimentos sucede todo lo contrario? ¿Qué debemos realmente cambiar? Marino Murillo, el actual Vicepresidente, ha advertido en los recientes debates de las Comisiones de la Asamblea Nacional sobre lo que se podría considerar de favoritismo mercantil, este ejemplo muestra cuán real es. ¿Por qué la cooperativa no puede contratar sus producciones y a partir de sus contratos hacer la gestión de sus propios recursos ella misma, para el caso que estos contengan subsidios o no? El papel intermediario de las empresas para la gestión de los recursos no es más que la misma piedra de tropiezo e ineficacia, donde la corrupción mantiene su terreno y al final todos somos perjudicados. Ahí se encuentra la respuesta a la situación planteada por Marino al referir las innumerables ocasiones en que el Estado subsidia insumos y la producción no se ve.
 
La razón por la que los productores deben acopiar y encausar buena parte de sus producciones a menor precio es porque los recursos son garantizados a menor precio. Este parece ser uno de esos tantos ejemplos donde el poder de las empresas se impone por encima de la cooperativa y el productor pero, ¿no es esto lo que sucede en el capitalismo salvaje? ¿Acaso se va a seguir permitiendo que las empresas jueguen en nuestra sociedad el rol agresivo y neoliberal que juegan las transnacionales en otros países y los campesinos son burlados en sus propósitos productivos y de desarrollo?
 
Las actuales empresas siguen obedeciendo a un viejo modelo socialista dependiente e improductivo, ahora mutan y de la tetera del Estado que se ha cerrado, mueven sus tentáculos succionadores a la única fuente que es, el campesino que trabaja, constituyendo la mayor amenaza a sus propósitos productivos.
 
Para que se tenga una idea del rol actual de las empresas, otro ejemplo, en este caso de la Empresa Hnos. Saíz en San Juan y Martínez. Actualmente para la ejecución de un proyecto de construcción de una casa de curar tabaco, después de haber sido aprobada la ejecución por la Cooperativa, la Empresa y el Banco, el presidente debe hacer innumerables despachos en la Empresa casi para cada recurso, en los que se le da permiso de extraer cuota a cuota y exiguamente cada recurso que fue aprobado, haciendo una verdadera tortura la implementación de un proyecto de inversión para la cooperativa y llegando muchas veces el campesino a ver afectada por la humedad su casa de curar tabaco antes de terminarle.
 
En fin, la cooperativa no necesita de la empresa, al menos en la situación y funcionamiento actual y su rol monopolista. Si se quiere avanzar se debe dictar una resolución y posterior a eso no debe demorarse la capacitación técnica necesaria para ello, pero también se debe priorizar la capacitación que necesitamos todos los cubanos en torno a avanzar hacia un verdadero crecimiento y equilibrio de nuestras fuerzas productivas. Esa formación es la formación cívica que nos hace crecer como protagonistas y actores principales a todos y no como especies de laboratorio o dobles mal montados: necesitamos libertad. El cooperativismo actual de nuestras cooperativas necesita un crecimiento de sus mecanismos de representación y defensa. El rol de la ANAP (Asociación Nacional de Agricultores Pequeños) dista mucho de ello y el pluralismo y la diversidad deben ganar terreno más allá de la opinión a lo institucional. Lo que ha fallado y seguirá haciendo fallar es esa falta de apertura, herencia y genética de lo absoluto y dictatorial, que aún se mantiene en nuestra sociedad.
 
Experimentar la eficacia de nuevas y mejores formas que de hecho el mundo ya conoce y se guía por ello, puede ser un camino para respaldar los cambios que necesita el país frente a las fuerzas detractoras, pero estos experimentos son una alerta para quienes saben que deben quedar atrás y ven amenazado su favorable (aunque no útil) estilo de vida y trabajo.
 
Sin dudas la realidad muestra que al margen del experimento ocupa lugar el oportunismo, la corrupción y la burocracia. Si el país y nuestra sociedad son lo más importante, entonces hay que confrontar esas fuerzas negativas, sin ignorar que son peligrosas, pero más peligroso será ver burlados por los resultados, la esperanza y el anhelo de un pueblo de salir adelante y encontrar la oportunidad y el protagonismo que desea.

La institución cooperativa debe abrirse paso y el cambio también, unas decenas de cooperativas no agropecuarias no son suficientes, mucho menos si el escenario que les tocara fuese semejante al nuestro.
 
Repito: es bueno que se legisle y las resoluciones son el primer paso. Tampoco debemos aspirar que todo nos sea dado, así que debemos exigir a partir de esto y no dar lugar al doble rasero y la hipocresía institucional.
 
Hoy es este uno de los escenarios de lucha por nuestra soberanía, mañana cuando el pluralismo político resplandezca como es el anhelo de muchos entre los que me cuento, otros serán los desafíos y debemos hacer crecer la agudeza y el ejercicio político en pro del bien común, aún en medio de la injusticia actual y la persecución vigente al libre pensamiento y la discrepancia.
 
Como campesinos debemos trabajar y defender nuestros intereses que son al fin y al cabo, también los intereses de nuestra sociedad y ganar en terreno de autonomía paso a paso.
 
Cada cierre por parte del productor, cuentapropista, u obrero raso al oportunismo empresarial que intente avasallar, supone un crecimiento ciudadano, si este empuje gana lugar en las resoluciones y transformaciones, entonces nos encontramos más cerca de mejorías reales.
 
La libertad y el desarrollo es un binomio indiscutible, pero que se comparte y es menester de todos promoverle, en la base, en la cúpula y en lo intermedio. Reconocido o no, pensemos cuál es ese escenario en que cada día, usted o yo, confluimos y debemos ponerle empeño.      

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Néstor Pérez González (Pinar del Río, 1983).
Obrero calificado en Boyero.
Técnico Medio en Agronomía.
Campesino y miembro del Proyecto Rural “La Isleña”.