Editoriales

Todo cambia y todo llega

Termina un año y Cuba sigue en la incertidumbre. “Un pasito pa´lante y un pasito pa´atrás” -como dice la gente con su sabiduría ancestral. Acosa la desesperanza. Crece la desconfianza en el proceso de cambios graduales. Cada vez son más urgentes e impostergables los verdaderos cambios estructurales. Una inmensa mayoría lo estamos viviendo. Todos los Obispos de Cuba lo reconocen. Hasta el gobierno lo sabe, pero no lo acepta públicamente de forma transparente y ágil.
 
Sin embargo, esa misma sabiduría popular clama a voz en cuello en cada esquina de Cuba: “¡Hasta un día!”. Y esas mismas voces, cada vez con menos miedo y más urgencias cotidianas predicen con toda la razón del mundo: “Todo cambia, todo pasa y todo llega”.
 
Al concluir el año 2013, debemos escuchar ese clamor popular, esa insatisfacción profunda y diaria, esa desesperación creciente, esa desconfianza en las estructuras burocráticas, ese deseo clarísimo de cambio. No escucharlos es una temeridad de las autoridades. No atenderlos es una irresponsabilidad de los indiferentes, y no resolverlos es una responsabilidad de todos los cubanos.
 
Todo cambia
 
Si miramos hacia atrás, estos 55 años demuestran que todo cambia, aún aquello que creíamos más inamovible. Pongamos algunos ejemplos entre muchos otros que los lectores podrán recordar según su edad:
 
-         Esta revolución era verde como las palmas y cambió rápidamente de color hacia el marxismo leninismo y la dictadura del proletariado.
 
-         Se dijo, en 1959, que habría rápidamente elecciones y se restituiría la progresista Constitución de 1940, pero no fue hasta 1976, 17 años después, que se asumió una constitución socialista y atea.
 
-         Ir a las iglesias, declarar en los medios de comunicación que se era religioso o mencionar a Dios, llevar signos religiosos en público o declararse en una escuela o en el ejército, como creyente, era francamente un grave problema ideológico por el cual se era discriminado, no podías estudiar carreras de humanidades o de ciencias sociales… Esto fue siempre un derecho humano violado. Un día eso dejó de ser contrarrevolucionario y se comenzó otra etapa en que se puede ir a las iglesias, hacer procesiones con permiso, mencionar a Dios en público. Pero todavía se consideran contrarrevolucionarios a los creyentes que disienten cívica o políticamente por razón de su fe.
 
-         Esa misma Constitución de 1976, un día se cambió en 1992 y volvió a cambiar otro día en 2002 para quitar las referencias al extinto campo socialista y la URSS y para cambiar de un Estado confesionalmente ateo a un Estado laico. Los religiosos dejaron de ser considerados, ante la ley, como contrarrevolucionarios.
 
-         Los que se marchaban del País eran declarados apátridas, gusanos, contrarrevolucionarios y lo perdían todo, hasta los cubiertos para comer. Esto fue siempre un derecho humano violado. Un día eso cambió. Ahora ellos son la comunidad cubana en el exterior y los que se marchan pueden disponer de sus propiedades.
 
-         Escuchar a Los Beatles, tener el pelo largo y llevar pantalones “jeans” era escandalosamente dañino a la ideología revolucionaria. Esto fue siempre un derecho humano violado. Un día Lennon se sentó en un parque de La Habana y el monumento fue inaugurado, nada menos que por el entonces jefe del Estado. Todo aquello dejó de ser considerado contrarrevolucionario.
 
-         Las personas que tenían en Cuba una orientación sexual diversa al “machismo” oficial eran considerados como una “escoria” de la sociedad socialista. Esto fue siempre un derecho humano violado. Un día la hija del siguiente jefe del Estado fundó un Centro para la Educación Sexual de los cubanos. Los homosexuales dejaron de ser considerados contrarrevolucionarios.
 
-         Los que poseían o recibían dólares eran considerados mercenarios e iban a la cárcel. Esto fue siempre un derecho humano violado. Un día la tenencia de dólares se despenalizó y los que los poseen ya no son tratados como delincuentes ni considerados como contrarrevolucionarios.
 
-         Vender algo, o intentar montar una pequeña venta particular era considerado ilegal y perjudicial a la revolución. Incluso fue aprobado y revertido en los años 90. Esto fue siempre un derecho humano violado. Un día esto cambió en parte y fue aprobada una lista medieval de trabajos particulares que dejaron de ser contrarrevolucionarios para ser considerados como necesarios en la “actualización” del sistema.
 
-         Tener un teléfono celular, siendo uno cubano, era poseer una “técnica” contraria a la revolución, como todavía es poseer una antena parabólica. Esto fue siempre un derecho humano violado. Un día esto cambió y lo que era normal en el mundo entero y signo de progreso dejó de ser contrarrevolucionario.
 
-         Entrar a un hotel en Cuba era considerado peligroso para los cubanos y beneficioso para los extranjeros. Esto fue siempre un derecho humano violado. Ese “apartheid” cambió un día y entrar a los hoteles dejó de ser contrarrevolucionario.
 
-         Vender o comprar casas, teléfonos o automóviles de propiedad reconocida era un delito y una desviación ideológica. Esto fue siempre un derecho humano violado. Un día ese bloqueo cesó y esas compraventas dejaron de ser algo contrarrevolucionario.
 
-         Solo manifestar el deseo de viajar “al mundo capitalista” primero, y viajar al único mundo existente después, fue considerado una peligrosa desviación ideológica. Esto fue siempre un derecho humano violado. Un día, el 14 de enero de 2013, eso dejó de ser considerado, por lo menos legalmente, como contrarrevolucionario y con solo unas injustas excepciones todos los que quieran y puedan materialmente, han sido “autorizados” a viajar.
 
-         En un tiempo, la postura del gobierno cubano era de luchar con todos los medios contra los Estados Unidos de América, por ser el “monstruo” que nos acechaba. Un día, y ahora con más frecuencia, esta actitud cambió. Hoy se declara que el gobierno cubano está dispuesto a dialogar en igualdad de condiciones con los EE.UU. y se favorece el llamado intercambio cultural con ese país, aunque aún no sea igual en ambas direcciones.
 
-         Exigir que hubiera una única moneda, llevar una camiseta que pidiera pacíficamente que el peso cubano tuviera su valor, o incluso intentar pagar con esos pesos en las tiendas por divisas fue considerado como actividad desafecta. Esto fue siempre un derecho humano violado. Hace muy pocos días ese reclamo dejó de ser contrarrevolucionario por una Nota Oficial publicada sin previo aviso en la prensa nacional.
 
-         Solo pensar o hablar de que se les debía pagar a los deportistas cubanos, no por una nómina fantasma de plomero o estibador, por ejemplo, sino por sus rendimientos y triunfos deportivos era ir contra el deporte revolucionario. Esto fue siempre un derecho humano violado. Pero un día eso dejó de ser considerado contrarrevolucionario y por un decreto se convirtió en una nueva forma de estimular el deporte nacional.
 
-         Tener una “zona franca” dentro del territorio nacional o incluso “abrir” la economía cubana al mercado internacional capitalista, estigmatizado a causa de las “transnacionales imperialistas” o abrir una Feria Internacional de Comercio para buscar nuevos mercados e inversionistas, era impensable en el tiempo del CAME y poco después, para un cubano revolucionario. Esto fue siempre un derecho humano violado. Pero un día eso dejó de ser contrarrevolucionario y la Zona de “Desarrollo Especial” de Mariel es hoy la gran oferta para ese mismo mercado.
 
Todo llega
 
Hace más de medio siglo, la más afamada y competente locutora cubana, Consuelito Vidal, decía en un anuncio: “Hay que tener fe, que todo llega”. Era otra situación, otro contexto, no comparable. Pero la convicción es la misma. La sabiduría popular tiene toda la razón: Todo cambia, todo pasa y todo llega. Como nos dijo un campesino cubano y cristiano hace pocos días:
 
“¡Y quién quita, que dentro de muy poco tiempo esos disidentes pacíficos, buenos cubanos y buenos ciudadanos, un día dejen de ser considerados como “contrarrevolucionarios” y los veamos sentados a la misma mesa con los que gobiernan este país, dialogando y trabajando juntos para que todo lo malo pase y para que todo lo bueno llegue!”
 
Muchos dirán que lo más importante no ha cambiado todavía. Otros dirán que todos esos cambios no son más que derechos recuperados, no dádivas del poder. Tienen razón, pero son cambios. No es para agradecerlos, sino para reconocer la realidad. Otros dirán que están cambiando algo para que todo siga igual. Eso es imposible en un sistema cerrado y totalitario, en el que toda apertura conlleva otra… o hay que dar marcha atrás. Como a veces ocurre. Pero el “paso atrás” es malo para todos y bueno para despertar del acomodo y la indiferencia.
 
Tenemos la convicción de que llegará muy pronto el día en que lo más importante no sea considerado ya contrarrevolucionario: el ejercicio del criterio, o como diría Martí, la libertad de pensar y hablar sin hipocresía. Un día, como dice el periodista camagüeyano Reinaldo Escobar, la discrepancia será despenalizada. Ese es el cauce del río, es el fondo del cauce. Esa es la dirección del cambio.
 
Ningún proceso de transición es lineal. Ningún itinerario de cambio ocurre sin recovecos. Lo natural de un río son sus meandros. Si es recto no es río, es un canal artificial. Lo lamentable es perderse en un vericueto, detenerse en el recodo, temer a las sinuosidades. La virtud de la sabiduría ciudadana es descubrir el cauce del río, perseverar en la dirección de su corriente principal, sortear los culebreos propios del proceso e insistir una y otra vez en regresar al cauce principal del río de la vida.
 
Ese cauce es el cambio. Es el mejoramiento humano. Es el progreso social. Es el desarrollo humano integral. Lo otro es vericueto y dilación. Y lo peor para los que han optado por renovar el río es distraerse en el serpenteo de sus pasos al lado o para atrás. Y más grave aún es cuando, retenidos en la oscuridad y la lentitud del recoveco, perdemos la esperanza y nos acomodamos a la calamidad.
 
Todo cambia, como el clásico ejemplo del río, por cierto, tomado de la dialéctica más pura. Todo cambia, es cuestión de tiempo. Es cuestión de no perder la orientación del cauce de los cambios y es regresar, luego de una curva, a la dirección y la fluidez del proceso. Pero nada cambiará sin nuestro esfuerzo, sin exigir, sin trabajar, sin presionar.
 
Levantemos la vista. La dirección del cambio en Cuba es ya visible e inevitable. Si miramos al pasado, los ejemplos son más que convincentes. Si miramos al presente, veremos que todo parece paralizado o hemipléjico. Que el inmovilismo de lo que no pasa no nos confunda, que no desanime nuestros esfuerzos pacíficos de cambio. Los cambios deben ser verdaderos, profundos y urgentes. Cuba los necesita ya.
 
Afiancemos nuestras expectativas en un análisis profundo y objetivo de la realidad. No confundamos el recodo con el río imparable. Fundamentemos, serena y responsablemente, nuestras visiones de futuro y crecerá la verdadera esperanza. Esa esperanza que la Biblia y los Obispos cubanos nos recuerdan que “no defrauda”.
 
Pinar del Río, 20 de noviembre de 2013
225º aniversario del nacimiento del Padre Félix Varela