Editoriales

La “Posición Común” que necesitamos los cubanos

La Unión Europea fijó, el 2 de diciembre de 1996, una posición común con respecto a sus relaciones con Cuba. Esta ha sido, en la práctica, la menos común de las posiciones de la Unión Europea con relación a cualquier país del mundo.
 
Lo esencial del contenido de la Posición Común, es bueno recordarlo, es un objetivo con dos componentes, uno político “al igual” que otro económico: “promover el proceso de transición a una democracia pluralista y el respeto de los derechos humanos y libertades fundamentales, al igual que una recuperación y mejoramiento sostenible de los estándares de vida de los cubanos”. Esto se debería conseguir mediante “un constructivo diálogo político, enfocado a los resultados” (Posición Común hacia Cuba (96/697/CFSP).
 
Fijémonos que la Posición Común, al mismo tiempo que promueve la democracia pluralista y el respeto a los Derechos Humanos, desea promover una recuperación y mejoramiento de los estándares de vida de los cubanos, algo que hace referencia a reformas económicas sustanciales, necesarias y urgentes. Eliminar la Posición Común, ¿significaría entonces desechar ambas metas del mismo objetivo? ¿Solo una? ¿Cuál de las dos?
 
Ahora se debate si dejar la Posición Común o revisarla, habida cuenta de las insuficientes reformas que ha realizado el gobierno de La Habana. Según Granma, el Ministro de Relaciones Internacionales del Reino de los Países Bajos, ha dicho: “Ya es tiempo de que la Unión Europea actualice sus relaciones con Cuba” (Granma, 7 de enero de 2014, p. 5).
 
¿Qué es “revisar”, “actualizar”, o “eliminar” la Posición Común de la Unión Europea con Cuba?
 
Si entendemos que “revisar” o “actualizar” es poner al día y cambiar lo que haya quedado caduco, entonces el contenido de la Posición Común relativo a lo esencial, que es el respeto de los Derechos Humanos y la democratización por parte del gobierno de Cuba, debe permanecer en el próximo texto, si lo hubiera, al mismo tiempo que la Unión Europea debe hacer referencia a las reformas que va haciendo, lenta e insuficientemente, el gobierno cubano que, por otra parte, mantiene la represión y la violación sistemática de los Derechos Humanos. Así lo evalúa acertadamente el primer Informe del Grupo de Consultores de la Sociedad Civil que resume la situación actual con dos palabras: “Reforma y represión”. En nuestra opinión esta actualización es éticamente aceptable porque permite revisar periódicamente, tanto la situación de Derechos Humanos como las reformas económicas, para estimularlas.
 
Si entendemos que “eliminar” la Posición Común es dejar fuera de las negociaciones y de las relaciones entre la Unión Europea y Cuba el tema del respeto, la defensa y la educación sobre Derechos Humanos, eso sería éticamente inaceptable, como lo sería también dejarlo en la letra, o en las conversaciones privadas y silenciarlo en público, no reconocer a la sociedad civil independiente y poner los intereses comerciales y económicos sobre la dignidad y los derechos de los cubanos.
 
Necesidad de un mecanismo confiable para la evaluación de los Derechos Humanos en Cuba
 
Tanto para actualizar como para eliminar la esencia de la Posición Común, se hace imprescindible la necesidad de un mecanismo confiable para la evaluación independiente y sistemática de la situación de los Derechos Humanos y las reformas democratizadoras en Cuba. Este mecanismo permitiría a la Unión Europea mantener, profundizar o cancelar el Acuerdo Bilateral, o por lo menos suspenderlo, en el caso comprobado de empeoramiento de la situación de Derechos Humanos en Cuba.
 
La sociedad civil ha creado, por sí misma, y sin compromisos políticos con ningún país o bloque de países, un mecanismo de evaluación trimestral, objetiva, moderada y consensuada, de la situación de Derechos Humanos en Cuba que se llama Grupo de Consultores de la Sociedad Civil cubana. Este mecanismo independiente no excluye la participación de otras organizaciones no gubernamentales ni los informes oficiales sobre Derechos Humanos.
 
Diálogo político constructivo sí, negociación sí, pero con respeto de los Derechos Humanos en Cuba
 
No deseamos la confrontación. No deseamos el aislamiento de Cuba. Todo lo contrario, deseamos que Cuba se abra a los cubanos, que Cuba se abra al mundo para integrarse a la comunidad de naciones democráticas y prósperas; y que el mundo se abra a Cuba, como lo expresó el Papa Juan Pablo II en La Habana durante su inolvidable visita de 1998.
 
Creemos que diálogo y defensa de los Derechos Humanos no son excluyentes. Consideramos que en una verdadera y seria negociación no es aceptable excluir el tema de los Derechos Humanos ni los mecanismos que lo evalúen periódicamente, ni a ninguna de las partes que deben sentarse a la mesa: gobierno, Unión Europea y sociedad civil. Por eso, nuestra propuesta, como ciudadanos, es sostener un diálogo incluyendo el tema y la evaluación de Derechos Humanos. Es también, llegar a una posible negociación que sea, a la vez, respetuosa de la soberanía de la nación cubana y respetuosa de los derechos y la soberanía de los ciudadanos cubanos.
 
Los cubanos somos y debemos ser los protagonistas y defensores de nuestros derechos
 
También debemos decir que, sea cual fuere la posición de la Unión Europea, de los Estados Unidos y de otros países y bloques regionales, el presente y el futuro de Cuba es responsabilidad y derecho inalienable de los cubanos, que somos y debemos ser los protagonistas de nuestra historia personal y nacional.
 
Primero que todo, y simultáneamente con cualquier negociación internacional, los cubanos debemos resolver nuestros propios problemas de violación de los Derechos Humanos, de reformas hacia la democracia y de desarrollo sostenible, entre cubanos. Si los cubanos no mantenemos una posición común en puntos mínimos que no significan ni unanimidad, ni exclusión de nadie, ni irrespeto a la diversidad, difícilmente podremos exigir a otros países, cercanos o lejanos, una posición común con respecto a Cuba. Esta es la “posición común” que necesitamos los cubanos.
 
Una solución entre cubanos: buscar nuestra propia “posición común”
 
Esta “posición común” podría tener, entre otros, estos puntos:
 
  1. 1)Que los Derechos Humanos, todos ellos, para todos los cubanos, sean la posición común, el rasero ético, de la actuación del gobierno cubano, de la oposición política y de toda la sociedad civil.
  2. 2)Que el diálogo que el gobierno se empeña, con razón, en establecer con Estados Unidos, con la Unión Europea, con América Latina, el Caribe y con el resto del mundo, sea refrendado también con el diálogo sin exclusiones, con sus propios ciudadanos de la oposición y de la sociedad civil independiente.
  3. 3)Que el gobierno reconozca a la sociedad civil independiente como interlocutora válida y legal, que tenga en cuenta sus evaluaciones sobre Derechos Humanos y sus propuestas de transformaciones, respetuosas de la soberanía nacional, los métodos pacíficos y la inclusión de todos.
  4. 4)Que las negociaciones que busca el gobierno cubano, con razón y necesidad, con la comunidad internacional, sean legitimadas con una negociación seria, sistemática y legal, entre todos los sectores de la sociedad civil, incluyendo aquellos que discrepan de las propuestas oficiales.
 
Sin exclusiones ni descalificaciones
 
Además de los puntos comunes anteriormente expuestos, serían necesarias también unas actitudes comunes como son:
 
  • El gobierno cubano no debe descalificar ni excluir, sino reconocer los derechos de toda la sociedad civil.
 
  • La sociedad civil aceptada por el gobierno no debe excluir o ignorar a la otra parte de la sociedad civil independiente. Ni considerarse los moderados colocando, por tanto, a los demás como radicales excluibles. En Cuba, no hay radicalismos extremos, ni disidentes violentos, como en casi todos los países del mundo. ¿Cómo hablar aquí de radicalismos cuando todos son luchadores pacíficos?
 
  • La sociedad civil independiente, más discrepante, pero no radical ni violenta, no debe excluir tampoco a ningún cubano que sea incluyente y respete todas las opciones políticas que sean pacíficas y soberanas. Si decimos estar dispuestos a dialogar con el gobierno en la búsqueda de soluciones pacíficas y democráticas, cómo no vamos a estar disponibles para sentarnos a la misma mesa con otros cubanos que difieren, en menor grado que otros, pero que tienen el mismo fin, no suplantan a otros sectores de la sociedad civil, ni se prestan para ignorarlos.
 
Negarse a este diálogo incluyente y crítico, negarse a unas negociaciones entre todos los cubanos, es negar la vía pacífica. Quien cierra la puerta al diálogo y a la negociación abre, aún sin quererlo, la puerta a la violencia, precisamente porque las cosas así como están en Cuba no pueden seguir, hay que buscarle, entre todos, una solución urgente y eficaz, y esta tarea es y debe ser, con todos y para el bien de todos los cubanos, sin exclusión.
 
Una vez más lo decimos, cada vez con más urgencia: “no importa por dónde comience a armarse el rompecabezas nacional, la única premisa es que no quede nadie fuera, que todas las fichas estén sobre la mesa de la negociación.” Los que lleguen primero a la mesa de negociación tienen el deber y el derecho de poner sobre ella a los que todavía no han sido admitidos. Ese es el principio de la inclusión y la no segregación de los diferentes sectores de la sociedad.
 
Apoyemos, busquemos y construyamos esta “Posición Común” entre todos los cubanos, respetando la unidad en la diversidad, sin exclusiones, suplantaciones, ni descalificaciones. Esa es la verdadera y principal posición común que debemos defender y edificar entre todos.
 
Si fuéramos capaces de alcanzar esta Posición Común en la diversidad entre todos los cubanos, la otra vendría por añadidura.
 
O, lo que es mejor, ya no haría falta.
 
Pinar del Río, 28 de enero de 2014        
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