Editoriales

Convivencia: primer aniversario. En el umbral después de medio siglo.

Convivencia cumple su primer aniversario al servicio de la sociedad civil, desde el interior de Cuba.
Estamos en el umbral de nuestro segundo año. Los seis números que han salido han servido para reconocer su perfil y su estilo; su lenguaje y amplitud. Tal como lo propusimos en nuestra definición en aquel primer editorial del 15 de febrero de 2008: “Convivencia es una publicación digital de carácter sociocultural, plural, participativa, respetuosa de las diferencias y promotora de una sana diversidad en la que cada persona encuentre un espacio para compartir criterios y mejorar la vida.”
Cuba, está en un umbral después de medio siglo. Nuestro servicio no es la queja estéril, ni el acomodo oportunista, ni el silencio temeroso. Hemos intentado respirar con dos pulmones: la crítica y la propuesta, ambas con el máximo respeto. Un análisis de los contenidos publicados permite apreciar este balance aún por mejorar. Así vamos contribuyendo, gradualmente, paso a paso, a la articulación de un espacio público donde quepamos todos, sin exclusiones, tal como perfilábamos hace un año nuestro servicio: “Queremos ser un espacio de debate público, transparente y propositivo que sirva para articular la libertad personal con la convivencia en una sociedad civil autónoma e incluyente.”
Cuba necesita traspasar el umbral de la monotonía a la polifonía. Los artículos, entrevistas, reportajes, historias, poesía, críticas de arte, de tan diversos autores y enfoques polémicos tuvieron espacio en este umbral porque hemos intentado ser fieles a nuestra visión: “Queremos ser un vivero para las diferentes expresiones culturales. No tememos a la diversidad ni pensamos que su fruto es la confusión o el relativismo. Creemos que la apertura cultural fortalece la identidad. Consideramos que el encuentro entre diferentes y la convivencia pluralista enriquece a los seres humanos y contribuye al crecimiento del alma de los pueblos. La unidad puede construirse en la diversidad.”
Cuba necesita puentes, no trincheras, y por eso hemos pedido y publicado colaboraciones también de nuestros hermanos que viven en otras orillas: artistas, escritores, sociólogos, economistas, juristas y simples ciudadanos que tienen en común su amor a Cuba, acrecentado por la distancia, probado por los años, afinado por las experiencias de otras latitudes. Y que desean poner todos sus talentos al servicio del presente y el futuro de la Nación de la que forman parte inseparable. Así vamos cumpliendo una de nuestras esperanzas: “Aspiramos a que Convivencia sea una casa abierta y compartida por cubanos y cubanas de la Isla y de la Diáspora. Signo y adelanto del hogar común que debemos reconstruir y reconciliar entre todos. No importa la dimensión del aporte. Creemos en la fuerza de lo pequeño.”
Nuestros editoriales han intentado reflejar el devenir de los acontecimientos, los escenarios que se vislumbran y, siempre, proponiendo, sugiriendo, lo que en nuestra opinión nos parece mejor para Cuba, desde dentro, conviviendo, compartiendo la suerte de la Isla. Cuba ha sido, es y será, nuestra principal preocupación y proyecto. Cuba desde nuestro sentido de pertenencia y nuestro amor a su gente y su cultura que son nuestra esencia. Sin chovinismos ni triunfalismos. Sin pesimismos. Sin condenar, ni descalificar, ni desanimar. A veces nuestros análisis pueden parecer difíciles, duros. Cada vez nos preguntamos ¿cómo podríamos hacerlos distintos si hay una realidad que nos supera en complejidad y rigor? ¿Cómo hacerlo sin edulcorar esa realidad, sin disimularla? ¿Cómo se puede ser, al mismo tiempo y sin hipocresía, fiel a la realidad con la que convivimos y mantener la vista alta, el ánimo fuerte, la propuesta diligente y la esperanza invencible?
No hay esperanza sin proyecto. No se puede exigir esperanza sin oportunidad para ocupar la mente y la vida en un proyecto concreto, no importa su dimensión sino su autenticidad. Es nuestra experiencia personal y de equipo: vivimos de entregarnos a un proyecto al servicio de los demás. El secreto de la esperanza no puede ser el encierro en uno mismo. La esperanza es salir de uno mismo y vivir para los demás. Que nuestros proyectos sean para otros un motivo para seguir esperando.
Miremos a nuestro alrededor. ¿Por qué la inmensa mayoría de los cubanos vive escapando? ¿Por qué la filosofía de la práctica cotidiana es la de “sálvese el que pueda”? ¿Por qué los que no ponen su mente, su corazón y sus esfuerzos en un proyecto concreto acaban en el exilio o en el “insilio” que se construyen en su más estrecho caparazón? ¿Por qué fuera de la Isla o dentro de ese falso cascarón, cerrado sobre sí mismo, regresa la tristeza y remacha el alma la desesperanza y el cansancio existencial?
En efecto, la naturaleza de la persona humana tiende a trascender. Es decir, a cruzar el umbral. A traspasar las puertas de todo encierro. El hábitat natural de la subjetividad humana es la apertura, la oportunidad y el proyecto. No solo es su ecología, es sobre todo su vocación y su destino. Es por eso que las sociedades cerradas son tristes. Si usted desea hacer una evaluación lo más objetiva posible pregunte por la alegría, por la felicidad de los ciudadanos y tendrá la medida exacta de los espacios y oportunidades.
Convivir es proyectar juntos, es compartir sueños y oportunidades. Convivir es despertar a la iniciativa. Es crear, única forma de soñar sin alienación. Convivir es salir de uno mismo y cruzar el umbral de la pesadumbre. Vivir para los demás es el nuevo nombre de la esperanza. Compartirla y animar a los demás en proyectos y espacios para el mejoramiento humano y social, son sus apellidos.
Es por eso que nuestro proyecto se llama Convivencia. Nombre y programa. Empeño y aspiración. Taller y entrenamiento. Desde las pequeñas experiencias hasta el tejido de la sociedad civil. Sin creer en la fuerza de lo pequeño no hay esperanza posible. Aún menos en sistemas de vida totalitarios que se sostienen sobre el bloqueo de los proyectos y sueños de los demás. El cansancio y la tristeza son sus frutos más sentidos. Nada pueden contra ellas brigadas enteras de artistas y bufos, aún cuando sean los mejores intencionados.
No se puede tapar el sol con un dedo, aunque alivie. No se puede aliviar una vida sin proyecto y sin progreso con unas horas de distracción. Aún cuando ese divertimento se viera en los ojos y la fugaz sonrisa de los sin-tierra, de los sin-casa, de los-sin proyecto, de los sin-oportunidades de progreso. Que la ingenuidad o el oportunismo no nos ciegue. Lo que se ve en los ojos y en la sonrisa no siempre anida en el corazón y mucho menos se puede tapar la pesadumbre existencial con el dedo del entretenimiento puntual.
La salida de la desesperanza es la apertura a las oportunidades. Abrir oportunidades para todos es la única fórmula de la esperanza y el sentido solidario de la convivencia. No se trata de diseñar cada oportunidad desde arriba. Ni planificar cada sueño. Ni de distribuir la pobreza ascendente. Ni la nivelación descendente de la convivencia controlada. Medio siglo alcanza, y sobra, para comprobar el fruto de este proyecto único, excluyente y dirigido desde arriba y desde fuera. Hemos experimentado lo único desde arriba, antes y después. Y lo diverso desde afuera: Estados Unidos, la extinta Unión Soviética, Venezuela, China antes y después, la Unión Europea antes y después, y ahora la Rusia de después.
En medio siglo todos los experimentos han sido probados desde arriba y desde fuera de nosotros mismos y de nuestro país. Todos dentro de la misma lógica de la centralización y la exclusión de lo diverso. Todos desde la planificación de la totalidad de la vida. Todo lo de todos por una parte. He aquí la esencia de lo ocurrido en estas cinco décadas.
Viene el día en que lo total sea cambiado por todas y cada una de las partes. ¡Qué lástima que nos agotemos preguntando cuándo! Esa es la trampa para cansar nuestra esperanza. Todo el mundo sabe que viene el día. No hay noche sin día. Entonces, el alimento de la esperanza es preguntar más qué vendrá que cuándo vendrá. Pero con esta pregunta seguimos en la lógica del pasado en que esperamos a que alguien traiga lo que vendrá.
Convivencia invita a cruzar el umbral de la adolescencia cívica. Cruzar el umbral del analfabetismo ciudadano, de la dejación de nuestra libertad interior, para inventar espacios y la recuperación personal de la anomia social en que nos ha sumido el daño antropológico de este medio siglo de cultura del paternalismo y la dependencia.
Viene ya la mañana en que nadie se considere representante y ejecutor del todo. Y cada parte, cada persona, cada ciudadano pueda convivir en paz, construir una parte del proyecto en una casa-Cuba incluyente y participativa. Vendrán proyectos de convivencia pacífica y democrática discutidos, diseñados y construidos, bloque a bloque, desde abajo y desde dentro de una Nación abierta al mundo y abierta a todos los cubanos y cubanas. Un proyecto que no lo planifique todo, ni lo controle todo, ni dirija los sueños, ni bloquee la igualdad de oportunidades. Un proyecto que cree el marco legal para poder abrir espacios, umbrales, para la ciudadanía y para la sociedad civil. Para el intercambio respetuoso y plural con todas las culturas y naciones del mundo. Sin miedo a la diversidad. Eso fortalece nuestra identidad.
La revista Convivencia, en su primer aniversario, sigue intentando mirar a Cuba por dentro, proponer algunos de esos umbrales, despertar de la tristeza a los ciudadanos, ser testigo de que la esperanza es posible conviviendo en un pequeño proyecto para los demás. Queremos seguir siendo uno de los hilos para tejer, entre todos, una nueva sociedad civil en Cuba.
Que el 2009 sea un año de soberanía ciudadana.
Pinar del Río, desde el interior de Cuba.
10 de diciembre de 2008