Editoriales

Los cambios que queremos para Cuba dependen de nosotros mismos.

Todo se ha movido en Cuba, especialmente, desde febrero de 2010. Todo venía moviéndose desde antes. Es un proceso. Todo se ha movido, menos la esencia del sistema.
Si hacemos una evaluación de los primeros 8 meses de este año crítico, podríamos mencionar algunos factores de análisis, catalizadores, disyuntivas, moralejas y desafíos:
Factores para un análisis de la realidad cubana:
1. Acumulación de la ineficacia del sistema por medio siglo: probado que no funciona.
2. Crisis económica galopante hasta la falta de liquidez y de créditos significativos.
3. Malestar social creciente por las diferencias sociales, la violencia y la represión.
4. Corrupción acumulada, provocada por la crisis económica y el deterioro moral.
5. Inmovilismo del poder: gana tiempo y frustra las expectativas de cambio.
Estas, y otras causas estructurales, son la raíz y la esencia del problema en Cuba. Todo lo demás es más de lo mismo, o buenas intenciones de algunos. Pero solo con buenas intenciones no se cambia el País para bien. Por otro lado, durante el 2009 parecía que la comunidad internacional y la opinión pública volteaban la cara olvidándose de la Isla del Caribe para atender problemas mundiales de mayor envergadura.
Toda crisis que se oculta o se disimula o se pospone, se desenlaza por catalizadores que, en sí mismos, pudieran parecer pequeños o aparentemente insignificantes y desproporcionados con relación a la maquinaria del poder. A partir de febrero, comienzan a producirse catalizadores de esta presión interna por décadas reprimida y aumentada.
Algunos catalizadores:
1. La huelga de hambre y la muerte del prisionero de conciencia Orlando Zapata Tamayo.
2. La presencia creciente y pacífica de las Damas de Blanco en las calles.
3. La huelga de hambre y sed del psicólogo y periodista Guillermo Fariñas Hernández.
Estos son los principales protagonistas de lo que ha ocurrido en Cuba en este año, con el apoyo del resto de la sociedad civil. Todos exigían lo mismo, cada cual con su lenguaje y su estilo, todos de forma pacífica y dialogante: la libertad para los presos políticos injustamente enjuiciados y encarcelados por siete años en prisiones de alto rigor y alejadas de sus hogares. La muerte de Zapata desató las amarras de un proceso. El mundo reaccionó, los medios miraron nuevamente con mayor atención a Cuba y todo comenzó a moverse más rápidamente.
El gobierno se encontró con una primera disyuntiva:
1. Se quedaba inmóvil y dejaba que la presión interna y la campaña de solidaridad internacional desbordara la olla, o
2. Movía ficha y concedía la libertad a algunos de los casi 200 presos políticos reclusos entonces en las cárceles cubanas, más de dos docenas gravemente enfermos.
Parece que al medir la gravedad de la crisis del País, decidieron la segunda alternativa.
Pero quedaba una segunda disyuntiva:
1. Reconocimiento a los verdaderos protagonistas: Zapata, Damas de Blanco, Fariñas y con ellos la mayor coincidencia y solidaridad jamás lograda del resto de la sociedad civil, o
2. No reconocer a estos interlocutores válidos y escamotear su protagonismo para no aceptar el hecho innegable de la existencia de una oposición interna.
Oposición militante y abierta realmente pequeña pero visible y actuante, signo y voz de la inmensa masa inconforme, frustrada y crecientemente violenta. Pequeña sí, pero, ¿dónde la oposición política ha sido, desde el principio, una mayoría, en los procesos de transición de los sistemas totalitarios a la democracia? Somos maximalistas en Cuba, país isleño y caudillista. Maximalistas por exceso y en ocasiones por defecto. Ya lo dijo Máximo Gómez: los cubanos o nos pasamos o no llegamos.
El poder optó claramente por la segunda: desconoció a los interlocutores y buscó un mediador. Nunca se han sentado a una mesa los dos interlocutores: Estado y oposición, con la ayuda del mediador: la Iglesia. Fue, más bien, una intermediación oral y a distancia hasta que la mediación devino negociación y portavoz exclusivo para este proceso de excarcelación de los presos. Reconocemos esa meritoria labor humanitaria de la Iglesia y nos alegramos con los presos y sus familiares que han sido excarcelados, aunque la mayoría han sido enviados al destierro.
La negociación ha rebasado ya las fronteras nacionales y lo que era y es un problema entre el pueblo y su gobierno, volvió a ser desplazado al eterno conflicto entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba. Y colateralmente, una vez más, se desplazó el conflicto interno a las relaciones entre la Unión Europea y el gobierno cubano. Una vez más, la situación interna de Cuba intenta negociarse fuera. Pudiera pasar como al final de la Guerra de 1895: a los luchadores por la libertad de Cuba, a los mambises y a Calixto García los dejaron fuera de Santiago. Ahora son los luchadores pacíficos de la sociedad civil.
El gobierno cubano prefiere reconocer y negociar con sus “enemigos acérrimos” externos al mismo tiempo que desoye y desconoce a una parte de sus propios ciudadanos. Como con los mambises al final de la Guerra de Independencia en 1898. La diferencia ahora es que no es la metrópoli y Estados Unidos excluyendo a los luchadores por la libertad, sino el totalitarismo en descomposición que negocia afuera y desconoce y reprime dentro.
Es necesario seguir analizando y profundizando en estas estrategias de alta política y no paralizarnos en los detalles de un proceso que puede quedar en una operación humanitaria, pero que pudiera tener una posibilidad de avanzar hacia cambios estructurales, graduales e incluyentes. En este tipo de sistemas y en medio de la crisis acumulada, todo movimiento puede servir para abrir la puerta al cambio. O quedarse en maniobra para evacuar presiones y ganar tiempo. Para ambas cosas es necesario estar alertas, analizar profundo, incluir todos los escenarios y asumir las responsabilidades a las que cada ciudadano se sienta llamado.
Sería bueno ir sacando algunas moralejas o lecciones de esta historia recientísima hasta que la Historia tenga la distancia y todos los elementos para juzgar:
Moralejas o enseñanzas para el futuro de los cambios en Cuba:
1. Somos los cubanos y cubanas de dentro de Cuba, los protagonistas principales de todo proceso de transformación del País. Todos los cubanos que desean cambios pacíficos, y no solo los que desean perfeccionar este socialismo con reformas. Ningún grupo puede constituirse en juez para decidir quiénes deben o pueden encargarse de los destinos de Cuba.
2. El apoyo de la parte de la nación que está en la diáspora será creciente y efectivo en la medida que nosotros, dentro de Cuba, hagamos lo que debemos hacer pacíficamente.
3. La comunidad internacional solo volteará su cabeza para brindar su atención y solidaridad a los cambios democráticos en Cuba, cuando los cubanos hagamos lo que debemos hacer pacíficamente.
4. Un pequeño grupo de mujeres y dos hombres en huelga de hambre, uno hasta la muerte y el otro al borde del sacrificio máximo, ambos martiriales y heroicos, todos y todas al servicio desinteresado y generoso por la libertad de la Patria, han logrado convertirse en catalizadores y motores del cambio real. Una vez más la fuerza de lo pequeño.
5. Este catalizador puede ser neutralizado, el protagonismo principal escamoteado y el conflicto exportado, si la sociedad civil dentro de Cuba no está alerta, formada cívicamente y dispuesta a sacrificarse por su rol y sus objetivos.
6. Se puede mover al poder y alcanzar metas graduales y crecientes cuando dentro de Cuba nos decidimos a hacer lo que debemos hacer pacíficamente. Ahora se logró algo. Mañana podríamos alcanzar los cambios deseados por la inmensa mayoría de los cubanos. Pero sin exclusiones de unos cubanos por otros. Queda demostrado que depende de nosotros. Y que podemos y debemos hacerlo.
Se podrían sacar otras moralejas. Cuba, los cubanos, a veces hemos sido desmemoriados. Pasamos rápidamente la página. Esto es bueno cuando se trata del rencor y del odio, de la venganza y la violencia. Esto ayuda al perdón y a la reconciliación. Pero hay una memoria histórica que no debemos perder. Hay experiencias vividas que no debemos dejar estériles. Hay que sacarle las moralejas y las estrategias para continuar el proceso con nuevos pasos coherentes y no dejarnos distraer de lo esencial que buscamos.
Los ocho primeros meses de este histórico año 2010 lo demuestran convincentemente: los cubanos alcanzaremos solo aquello que nosotros mismos nos dispongamos a alcanzar con la lucha pacífica, con los ojos bien abiertos y la conciencia cívica bien formada.
De las experiencias vividas podríamos deducir algunos retos que se presentan ante la Nación cubana para los próximos meses.
Desafíos para el futuro inmediato:
1. ¿Querrán y podrán la oposición política y la disidencia de la sociedad civil asumir su propio protagonismo pacífico y sin ceder al cansancio? Ello podría comprometer su credibilidad política y su servicio sin exclusiones a toda la Nación.
2. ¿Querrá y podrá el gobierno asumir su propio protagonismo a favor de los cambios sustanciales, graduales y pacíficos sin exclusiones y sin aferrarse al poder? Ello podría comprometer su credibilidad política y su servicio sin exclusiones a toda la Nación.
3. ¿Querrá y podrá la Iglesia asumir su misión de auténtica mediación imparcial, sin exclusiones y sin opciones políticas de ninguna de las partes, cuando llegue el momento dentro de este proceso de mediar entre la oposición, la sociedad civil y el gobierno? Ello podría comprometer su credibilidad temporal y su servicio sin exclusiones a toda la Nación.
4. Y ¿querrá y podrá el resto de los ciudadanos que conforman la Patria, contribuir, según su vocación y posibilidades, con las alternativas que considere mejores para la libertad, la justicia, la paz y la reconciliación de toda la Nación? Ello podría comprometer la credibilidad, el servicio y la soberanía de cada ciudadano y ciudadana y de la Cuba real.
Creemos que pronto tendremos a la mano las respuestas concretas a estos cuatro desafíos. De esas respuestas libres y responsables depende el futuro de Cuba, su libertad y su felicidad.
Una necesidad urgente
Para que cada uno de estos sectores pueda asumir responsablemente su protagonismo se necesita una intensa educación cívica y política. El analfabetismo cívico de una mayoría, incluso de los que tienen mayor responsabilidad, es evidente y lamentable. Sus causas más significativas son: los más de 50 años de indoctrinamiento forzado y el daño antropológico del totalitarismo; la confusión de roles e intromisiones en campos ajenos; la dejación de responsabilidades y libertades cívicas; el exilio imparable; la falta de respeto y cooperación entre los diversos sectores; el caudillismo y los sectarismos excluyentes. Estos son solo botones de muestra de la urgencia de formarnos todos para la libertad, la diversidad, la convivencia pacífica y la participación democrática.
Nadie debe arrebatarnos el protagonismo de nuestra propia historia personal y nacional – nos lo advirtió 4 veces el Papa Juan Pablo II en sus cinco días de visita en 1998 y parece que aún nos queda por aprender. Cuando todo el mundo decía que la frase y el mensaje principal del Papa en Cuba era: “Que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba”, nosotros estuvimos de acuerdo y nos sigue pareciendo muy importante esa apertura.
Pero, desde 1998 estuvimos convencidos de que había otro mensaje que, no por gusto, el Papa repitió insistentemente desde el momento mismo de pisar tierra cubana en el aeropuerto de La Habana: “Ustedes son y deben ser los protagonistas de su propia historia personal y nacional”.
Pero no se trata solo de frases. La historia reciente nos ha demostrado que cuando se asume ese protagonismo cívico, es decir, esa “proto-agonae”, ese ser primeros en la agonía por la Patria, todo se mueve y el poder cede.
El futuro confirmará, sin duda, esta moraleja: Solo lograremos lo que estemos dispuestos a alcanzar por nosotros mismos desde el sacrificio.
Pinar del Río, 8 de septiembre de 2010
Solemnidad de Nuestra Sra. de la Caridad del Cobre
Emblema Patrio y Madre de todos los cubanos y cubanas.

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