Editoriales

Lo nuevo para Cuba: La primacía de la sociedad civil

Editorial 20
Cuba vivió durante el siglo XX tres formas de organizarse como nación: el colonialismo, en el que la primacía de otra nación priva a la colonia de su sobera- nía; el capitalismo, en el que el mercado prima sobre el Estado y la sociedad civil; y este modelo de socialismo, donde el Estado se impone totalitariamente sobre el mercado y sobre la sociedad civil. Las injusticias que provocan estas tres formas socio-político-económicas son bien conocidas.
Casi nadie querría regresar al pasado para copiarlo idéntico en nuestro futuro. Ni un modelo ni el otro, tal como lo hemos experimentado. Entre otras razones porque tales modelos ya no existen en casi ningún lugar de este mundo. 
Cuba busca, por diversos caminos, una nueva forma de estructurar su sociedad. Lo necesita urgentemente. Casi todo el mundo cree que el estado de cosas debe cambiar. Pero, la pregunta es: ¿hacia dónde debe cambiar?
Nosotros creemos que todo cambio saludable y duradero debe combinar: novedad, experiencias y raíces.
Las experiencias vividas no pueden inventarse ni modificarse, son el pasado reciente. Están ahí. Las raíces antropológicas no pueden ser ni arrancadas del presente, ni olvidadas en el pasado remoto. El panteón nacional identitario también está ahí, y debe ser fuente y camino para lo nuevo. Lo que debemos recrear, inventar, concebir y consensuar es lo que sea novedoso para el futuro. Entonces, ¿qué sería algo verdaderamente nuevo en la Cuba del siglo XXI?
Un largo camino de reflexión nos ha llevado a identificar un elemento constitutivo del cuerpo social que aún no ha sido el principal protagonista de la nación: la sociedad civil.
No decimos que no haya existido floreciente y pujante una sociedad civil en el pasado siglo, hasta el año 1959 en que comenzó a ser minuciosamente desarticulada. Al contrario, creemos que el tupido tejido de interacciones sociales y el carácter emprendedor e independiente de la sociedad civil en las cinco prime- ras décadas del siglo XX, edificaron una república con luces y sombras, pero que junto a las injusticias y desigualdades, llevaba en su seno, una semilla plural, incluyente y democrática. A pesar de los pesares.
Novedad y concepto de la sociedad civil
Creemos que “lo novedoso” sería lograr reconstruir la sociedad civil, con la participación libre y plural de todos los cubanos de la Isla y de la Diáspora, primero que todo, poniéndonos de acuerdo en la identificación y reconocimiento de lo que ese término, relativamente contemporáneo, significaría para Cuba. Muchos lo entienden así:
•Es el conjunto abierto, complejo, diverso, incluyente, articulado, de las relaciones y recursos que conforman un tejido social o entramado cívico de todos aquellos grupos naturales, asociaciones sociales, culturales, deportivas, políticas, profesionales, asistenciales, solidarias; de todas aquellas instituciones religiosas, fraternales, humanitarias; de todas aquellas organizaciones, sean de carácter local, nacional o internacional.
Todas ellas deben tener como rasgos comunes:
 1. Autonomía de fundación, de gestión, de financiamiento, de organización y acción con respecto a cualquier estructura del Estado; que sean de verdad no-gubernamentales.
2. Métodos y fines pacíficos y proactivos.
3. Espacio público libre y participativo. Este espacio público también le permite a los grupos de la sociedad civil debatir, presionar, denunciar o cooperar con el Estado y con las estructuras del mercado, así como crear estados de opinión y presión pacífica y democrática. El debate de los asuntos cívicos y políticos, también forma parte de la misma sociedad civil como su atmósfera o hábitat. Este tejido cívico, esa red de iniciativas, devolvería a la patria esa tercera pata o el tercer pilar de la mesa del hogar nacional y alcanzaría tal protagonismo y niveles de participación, que asumiría, sin excluir ni al Mercado ni al Estado, la primacía en la gestión pública y en el progreso y desarrollo integral de la nación.
La sociedad civil: nuevo nombre de la democracia
La forma de interrelacionar las tres patas de la mesa de la nación definirá el carácter, la eficacia y la perdurabilidad de la democracia en Cuba. La independencia y mutuo control de los tres poderes del Estado, principio básico y fundacional, que es ya patrimonio aceptado y aceptable de los Estados modernos, también debe ser aplicado a las relaciones entre el Estado, del Mercado y de la Sociedad Civil.
La democracia con primacía absoluta del mercado provoca desigualdades, injusticias y exclusiones.
La democracia del socialismo marxista-leninista provoca lo mismo e instaura una dictadura de una clase sobre otra.
La democracia con la primacía de la sociedad civil sería una forma de organizar la sociedad como:
-Escuela de empoderamiento, liderazgo, inclusión y autogestión.
-Tejido de solidaridad y subsidiaridad.
-Red de control y presión sobre el Mercado y el Estado.
-Generadora de creatividad, riqueza y patrimonio comunitario, creados y distribuidos lo más justamente posible.
Sociedad civil: catalizador de gobernabilidad y gobernanza
Lo que da verdadera consistencia a una nación no es solo la capacidad de su gobierno político, es decir, su gobernabilidad. Es también y sobre todo, la capacidad de sus ciudadanos para organizarse en el entramado de la sociedad civil, lo que se conoce como gobernanza.
Algunos países cambian con increíble frecuencia de primeros ministros y de gabinetes, que entran y salen de crisis y retiros de la confianza de sus parlamentos; sin embargo, son países que no pierden su estabilidad social, ni su crecimiento económico, ni su rol internacional, y su gobernabilidad se hace sostenible por el ejercicio responsable de la gobernanza.
Mientras más fuerte sea el rol de la sociedad civil, más reducido y eficaz será el papel regulador del poder político, que debe aportar el marco jurídico y la garantía de la seguridad social de manera subsidiaria.
 Diferencias entre el vacío de poder y el vacío de sociedad civil
Si el vacío de poder puede provocar violencia, desorden social y derramamiento de sangre durante el período de tránsito, el vacío de sociedad civil puede provocar:
-Ausencia de gobernanza durante el cambio, volviendo a caer la responsabilidad del “diseño” del proyecto social en manos de un grupo o persona “iluminados” con los consabidos caudillismos o populismos.
-Una democracia sin base social educada y ejercitada en sus métodos, y sin espacios donde vivirla. Sin el necesario empoderamiento y con la anomia social hereditaria que es la anemia de las democracias.
- Una participación económica muy restringida, cayendo otra vez en manos del Estado o de unos pocos poderosos o “más listos” organizados en nuevas mafias.
-Los partidos políticos no tendrían una contraparte en movimientos e instituciones cívicas, formándose las partidocracias que mutilan la participación ciudadana.
-El Estado podría intervenir directamente en la vida de cada ciudadano sin instancias intermedias que regularan su competencia, apoyaran su gestión o denunciaran sus excesos.
¿En qué consistiría el nuevo protagonismo de la sociedad civil?
Václav Havel, expresidente de República Checa, ha dicho: “El aspecto más importante de la sociedad civil es otro. Permite a la gente realizarse. Los seres humanos no son solo fabricantes, hombres de negocio o consumidores. Son también -y esta es quizá su cualidad más íntima- personas que quieren estar con otras personas, que ansían formas diversas de convivir y cooperar, que quieren influir en lo que pasa a su alrededor. La gente quiere que se le aprecie por lo que aporta al entorno que le rodea. La sociedad civil es una de las formas clave en que podemos desplegar nuestra naturaleza humana en su totalidad.” (Havel, Václav. “La sociedad civil es lo más legítimo de la democracia.” Revista Vitral, Año VIII. no.45. Septiembre-octubre 2001, p. 57.)
El nuevo protagonismo de la sociedad civil podría concebirse como:
-Vía de acceso a la participación en los demás sectores de la sociedad (político, económico, cultural, religioso).
-Cantera de formación cívica para que cada persona pueda ejercer la soberanía ciudadana que le toca por derecho.
-Escuela de participación para una democracia participativa más eficaz.
-Fuente de progreso en el aspecto económico y del desarrollo humano integral.
-Factor de presión para controlar al poder político, al mercado y al Estado.
-Red de solidaridad para promover y asistir a los más vulnerables.
-Escudo de protección y empoderamiento para ciudadanos indefensos y para grupos minoritarios.
Articular: actitud y tarea clave para reconstruir el tejido de la sociedad civil.
Muchas veces, se ha criticado la ausencia de una pretendida unidad de la sociedad civil en Cuba. Algunos trabajan denodadamente buscando formas alternativas de encontrar consensos. Y esto es bueno. Toda nación necesita “mínimos comunes” para no desintegrarse.  No obstante, creemos que la democracia lleva en su esencia la pluralidad y la diversidad. Querer unificar o uniformar sería como trabajar contracorriente. La democracia también lleva en su estructura funcional la necesidad de articular los diferentes miembros del cuerpo social.
Articular sin uniformar. Ese sería un reto y una esperanza realista. Articular no exige de los miembros dejar nada de lo que son en su fisonomía y función social, entendidas siempre dentro de la convivencia pacífica. No se puede pedir al brazo que sea pierna, ni al tobillo que sea cuello. Cada asociación, grupo, o institución social debe conservar su identidad, su objeto social, su lenguaje propio, sus métodos y demás códigos de convivencia y servicio público. No se le puede pedir a un artista que tenga el lenguaje, la tarea y las acciones de un político opositor, pero ambos pueden articular sus respectivos carismas para el bien de toda la sociedad. Articular es vincular las diversas funciones sociales, los diferentes servicios para que puedan compartir la responsabilidad holística de todo el cuerpo social, para ser complementarios y corresponsables.
El servicio de articulación de la sociedad civil es un trabajo de perpetua creatividad y flexibilidad para entrenar a tejedores de convivencia que dedican su empeño, entre otras muchas acciones, a: comunicar y compartir las experiencias, educar para la diversidad y el pluralismo, entrenar para evitar la descalificación y los sectarismos, tender puentes y fortalecer los que hay en la Isla y en la Diáspora, identificar (no definir) una ética de mínimos, identificar (no definir) praxis comunes mínimas, realizar en común obras mínimas posibles y crecientes, tejer lo pequeño articulado en otras redes mayores.
Otra articulación también necesaria sería entre las tres patas de la mesa nacional. Se trata de, al mismo tiempo que se guarda la debida y sana autonomía del mercado, el Estado y la sociedad civil, buscar entre ellos el mutuo control, la equilibrada regulación, la comprometida participación y la mutua cooperación para el desarrollo integral y holístico de la sociedad cubana.
No hay que esperar al cambio radical para que la sociedad civil comience su lenta recuperación.
Así lo experimentaron los que han vivido en situaciones similares a la nuestra, cada una de ellas con sus propios matices. Nos parece una obviedad repetir que Cuba es diferente a todos los demás pueblos de la Tierra, sean de Europa central o de la extinta URSS, del Oriente Medio o de América Latina. Algo debemos tener en común con la humanidad y creemos que es el ansia inalienable de libertad y prosperidad. Es por ello que toda experiencia pacífica y buscadora de lo nuevo debemos escucharla y discernir de ella lo que podamos aplicar a nuestra realidad.
“...incluso, bajo la dominación comunista, ya existía en un grado significativo, una sociedad civil en sentido restringido, a la que había que dar la oportunidad de ejercer presión, y de avanzar, hacia el establecimiento de una sociedad civil en su sentido más amplio [...] en Polonia fueron la Iglesia y los sindicatos los que defendieron estas propuestas (así pues, sobre todo, en el campo asociativo); en Hungría estas surgieron inicialmente por medio del desarrollo de lo que se llamó la segunda economía (en el campo, por tanto, del mercado); en Checoslovaquia se defendieron principalmente en el ámbito del debate público y de la disidencia cultural (es decir, sobre todo, en el campo de la esfera pública) [...] Estas demostraciones prácticas se llevaron a cabo durante un período prolongado de tiempo [...] y prepararon el camino [...] que terminó sucediendo a finales de los ochenta, cuando se abrió un respiradero, o una ventana de oportunidad, a causa de la incapacidad, o la falta de voluntad de los dirigentes de los Estados y los partidos marxistas para emplear la violencia contra sus propias poblaciones.” (Pérez Díaz, Víctor. La primacía de la sociedad civil. Alianza Editorial. Madrid. 1994, p.140-143)
Cuba ha pasado ya ese “período prolongado de tiempo”. El tiempo para servir de laboratorio social ha terminado.
La actitud más responsable y el mayor desafío actual sería: poner nuestros diversos y plurales empeños en “preparar el camino” para la primacía de la sociedad civil en Cuba.
Se hace camino al andar.  
Pinar del Río, 25 de febrero 2011
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