Educación

Nuestros pensadores (I)

Por Héctor Maseda Gutiérrez  

“Los siglos XVIII y XIX en Hispanoamérica e introducción a la obra de los pensadores cubanos de todos los tiempos”.

La intelectualidad cubana de los siglos XVIII, XIX, XX y XXI y el aporte que nos legaron con sus ideas, conceptos, principios y definiciones expuestas en sus respectivas obras, ha constituido un factor importante en la conformación esencial de la nacionalidad cubana; al proyectarse en los diferentes campos del conocimiento humano desde las distintas especialidades que eligieron. El propósito de esta serie de ensayos que expondremos y de los cuales este constituye la introducción, es demostrar cómo, cuándo y dónde las hicieron públicas. Ante quiénes y por qué las asumieron de acuerdo a las diferentes épocas y circunstancias; así como cuáles fueron sus resultados en el momento en que vieron la luz.

Padre Félix Varela

Introducción

Los vientos que asolaron a Iberoamérica debido a las violentas y emancipadoras sacudidas socio-políticas y económicas, como resultado indirecto de las revoluciones de “Las Trece Colonias Inglesas en América” (1776), de la “Francesa” (1789) y la primera revolución independentista negra anti-esclavista ocurrida en Haití (1804); fueron los causantes directos de la reverberación social, primero; y política-económica después, que envolvió a la Sudamérica colonial luso-hispana aún sometida al vasallaje en la primera década transcurrida a principios del siglo XIX y que se extendió a Cuba desde mediados hasta finales de esa centuria (1868-1898). Colonización que databa desde octubre de 1492.

El siglo XIX fue, indubitablemente, el medio creador de la nueva fragua generacional de criollos (descendientes de españoles y portugueses asentados en nuestras tierras). Estos jóvenes criollos sudamericanos fueron enviados a Europa (Francia, Gran Bretaña y la misma España), así como a la recién creada nueva nación: los Estados Unidos de América; por sus padres para que estudiaran y pudieran reemplazarlos en la dirección de sus propiedades y empleo más sensato de sus respectivos patrimonios acumulados durante años explotando a los amerindios y los recursos naturales de nuestro continente. Esas fueron las intenciones de los mayores; pero… no las de sus hijos.

La mayoría de estos jóvenes criollos (de Centro y Sudamérica) sintieron grandes inquietudes por las nuevas ideas políticas, económicas y sociales que conocieron en las universidades donde cursaron estudios por varios años para convertirse en letrados y nuevos intelectuales. Pero también en los “Centros de estudios y debates”, que no eran más que tabernas, locales frecuentados por jóvenes poetas o residencias particulares de estos.Sitios donde se reunían y se establecía, por los estudiantes universitarios con diferentes perfiles profesionales y políticos, polémicas abiertas que abarcaban filosofía, ciencias, arte, cultura, politología, sociología, leyes, republicanismo democrático, Estado, tendencias religiosas, orígenes raciales… En estos encuentros y con los años transcurridos y las nuevas generaciones de jóvenes que en oleadassucesivas y con inquietudes sociales cada vez más profundas y serias contradicciones de origen, se mantuvo la tradición de reunirse en lugares similares a los anteriores “Centros…” Práctica que sin duda brindó una importante contribución para la creación de la fragua que alimentó el pensamiento independentista en Sudamérica. Esta es una realidad que no admite discusión.

Pero no solo fueron las ideas independentistas de estos jóvenes las causantes de los posteriores cambios que tuvieron lugar en los territorios de nuestro continente. Sus raíces debemos buscarlas décadas antes (mediados y finales del siglo XVIII) entre nuestros intelectuales y científicos de Centro y Sudamérica, (incluida Cuba colonial) formadosdesde mucho antes en diferentes esferas del conocimiento humano, pero con ideas que excluían las impuestas por los monarcas de sus respectivas metrópolis colonialistas.

Los intelectuales cubanos de finales del siglo XVIII y principios del XIX

En medio de tantas contradicciones socio-económicas y políticas entre gobernantes y gobernados; poderosos, humildes y esclavos; criollos con ideas republicanas y monárquicos de pura cepa; la intelectualidad cubana entre los siglos XVIII y XIX, fue surgiendo con ideas renovadoras que no respondían a las arcaicas y ortodoxas monárquico-conservadoras de los reyes de España y sus representantes en el Nuevo Mundo, como tampoco se identificaban con las de los comerciantes, terratenientes y navieros españoles radicados en esta tierra nuestra;con intereses económicos asociados, privilegiados impositiva y financieramente, con los de los propios realistas.

Fueron los nuevos intelectuales cubanos, hijos de terratenientes y comerciantes, de españoles nacidos en estos dos siglos, quienes rompieron decididamente semejante noria socio-económica y política de movimiento continuo que no mostraba cambios apreciables, en un ir y venir cíclico a perpetuidad. Precisamente por el papel que jugó esta intelectualidad, diferente a las anteriores y su gran trascendencia en la formación de nuestra sociedad, por su educación, rasgos culturales, psicología y lenguaje comunes, y otras características,todas ellas unidas, fueron las que conformaron, en una primera aproximación, los rasgos distintivos que caracterizarían definitivamente con el paso de los años, la Nacionalidad Cubana.

Sus principales representantes (por derecho) fueron: Presbítero Félix Varela, Francisco de Arango y Parreño, José Agustín Caballero, José de la Luz y Caballero, Francisco de Frías, Conde de Pozos Dulces, Antonio Bachiller y Morales, Domingo del Monte, José Antonio Saco, José Calixto Bernal, Ignacio Agramonte, Carlos Manuel de Céspedes, Leopoldo Cancio, José Martí Pérez… y otros muchos pensadores que brillaron entre los siglos XVIII y XIX.

Por supuesto que continuaremos, en las centurias XIX y XX con: Manuel Sanguily, Enrique José Varona, José de Armas, José Alemán, Rafael Portuondo, Fernando Ortiz, Jorge Mañach, Carlos Márquez Sterling, Francisco Ichaso, Juan Gualberto Gómez, Juan Marinello, OrestesFerrara, Manuel Márquez Sterling, Leví Marrero… intelectuales que sembraron principios e ideas claves en sus respectivas especialidades.

Para finalizar, continuaremos en los siglos XX y XXI con: Andrés Reynaldo, Uva de Aragón Clavijo, Adolfo Rivero Caro, Carlos Varona, Fernando Bernal, Carlos Alberto Montaner… y otras tantas personalidades, lumbreras del pensamiento nacional en todos y para todos los tiempos. Algunos que ya no están, otrosque aún se encuentran entre nosotros.

Entre los temas generales que en la actualidad expondremos en medios de divulgación masiva internacionales, no podrían estar ausentes: “El pensamiento filosófico y constitucionalista cubano”, “La fundación de la Sociología Antropológica Cubana”, “Los orígenes de la Escuela Económica Cubana”, entre otros temas a considerar y no menos importantes a los señalados.

Estas personalidades de las ciencias y las letras, intelectuales todos, se han destacado a lo largo de las diferentes épocas y circunstancias que les correspondió vivir, por la forma certera, transparente y profunda, rigurosa, inteligente e imparcial en que expusieron con convicción sus puntos de vista; la madurez demostrada en sus intervenciones en tribunas nacionales e internacionales, acertadas conclusiones y lúcidas recomendaciones en beneficio del cubano medio. Pero también en apoyo a la futura sociedad democrática que deseamos construir en Cuba, con el esfuerzo de todos, regida por un Estado de Derecho, representativa de y para todos los cubanos, sin exclusión.

(Continuará)

(Estos trabajos sobre los pensadores cubanos han sido escritos para la publicación “Misceláneas de Cuba” en Suecia. El autor de este artículo y el director de dicha publicación, el Sr. Osvaldo Alfonso, han autorizado para ser publicados dentro de Cuba en la revista Convivencia.)

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Héctor Maseda Gutiérrez

Uno de los 75 presos de conciencia del 2003. Agencia DECORO