El Reino del Absurdo

¿Caza prohibida o veda permanente?

Por Luis M. Cáceres Piñero

 Venados del Zoológico de la calle 26 en La Habana. Obra de la escultora Rita Longa. Foto tomada de Internet.

Si le preguntáramos a un cubano si alguna vez ha comido carne de venado, seguramente que la respuesta sería: ¿Qué? ¡Yo no sé lo que es eso!
 
Yo he vivido bastante y pasé buena parte de mi vida en un poblado al oeste de Pinar del Río, llamado Cayuco. Allá, antes de 1959, no era de extrañar que los venados salieran de su hábitat hacia los maizales (que abundaban también). Los bellos animales no sabían que corrían el riesgo de ser el plato del día. El riesgo era para los irracionales que no lo sentían. Los humanos no corrían ningún riesgo al sorprenderlos cerca de la casa y preparar la fresca y alimenticia carne. Eso pasaba también con las ágiles jutías, que cazaban los perros en las vegas-potreros que lindaban con el monte cerrado. Siempre era la mesa la que ganaba. ¿Cómo sería la natalidad de estos animalitos que buscaban más espacio para expandirse, fuera de su entorno? Todo parece indicar que era entonces mucho mayor que ahora. Como sucede con los seres humanos en Cuba. ¡Ay, aquel mundo al revés!
 
Los puercos salvajes, los venados y el ganado vacuno, las langostas y las gigantescas tortugas, así como otras especies terrestres y marinas, habitaban todo el Cabo de San Antonio desde el imperio anterior (el español) para los que nunca existió veda ni control. Ello garantizaba que dos hombres a caballo, porque no había otro transporte, podían traer para su hogar la carne de muchos días. Yo estoy a favor de la conservación de la flora y fauna. Hay que preservar la ecología, pero… ¡la alimentación de las personas está primero! Si no, ¿quién disfrutará de la conservada flora y fauna? Lo que caería en extinción sería el género humano. ¿No es eso, la disminución de la natalidad y el envejecimiento de la población en Cuba?
 
Al Cabo de San Antonio venían a cazar de distintas provincias, como sucedía en la Ciénaga de Zapata con los cocodrilos y otras especies. Así era el equilibrio entre la necesidad de preservar la naturaleza y de preservar la alimentación de las personas, para las que la naturaleza existe. Quise poner estos dos ejemplos por ser muy conocidos y ricos en esos géneros, pero toda Cuba estaba llena de estos parajes.
 
Hoy las vegas y potreros se han confundido con el monte de aroma y otras malas hierbas. Todo está vedado y reservado, ¿para quiénes? Donde todavía existen estos animales es lugar vedado, y donde ya no hay, ha disminuido la población rural que fue desplazada o no tiene estimulación para criar y reproducir ganado, aves y otras especies comestibles.

Si dicen que hoy la naturaleza está más protegida, y la fauna más conservada, las vedas son permanentes y la ecología mejor cuidada… entonces… ¿Qué pasa, a dónde van y quién se alimenta, de esa riqueza protegida, conservada y reproducida? ¿O toda Cuba será un zoológico natural cuando los verdaderos zoológicos agonizan por falta de animales y alimentos?
 
Habrá que preguntarles a los elefantes que han importado del África. ¡Pobrecitos!
 
Luis M. Cáceres Piñero (Pinar del Río, 1937).
Pintor. Reside en Pinar del Río.