El Reino del Absurdo

El Arca de Noé

Por Gladys Serrat Valdés
Animales en el balcón de una vivienda.
Animales en el balcón de una vivienda.
Entonces Dios mandó a Noé que fabricara un arca gigante y subiera a ella; de todos los animales puros, siete parejas, hembra y macho, de cada especie; igual de los animales impuros y de las aves del cielo. Así se conservarían todas las especies sobre la tierra después del diluvio universal.
Hoy, en pleno siglo XXI, yo, ¿vivo en un arca de Noé? ¡Qué absurdo!, dirá usted, eso no tiene lógica. Seguro que no la tiene, pero recordemos que lo absurdo es lo opuesto a lo lógico y que no es lo lógico, precisamente, lo que nos acompaña en nuestro diario vivir.
¿Habrá más absurdo que “vivir en directo” con animales de tantas especies? Es como volver atrás en el tiempo y, en espera de que el actual “diluvio” termine. Convivir, por voluntad de otras personas, como en el Arca de la historia: entre berridos, gruñidos y ladridos a todas las horas del día y de la noche.
Les cuento qué sucede en el patio de mis vecinos del fondo. Los cerdos apestosos, que son ya como miembros de la mayoría de las familias cubanas, comparten sus días con gallinas, gallos tenores y barítonos, perros que ladran infernalmente, jicoteas…Después de esto, no se asombren cuando les cuente que en un tanque de hierro almacenan ¡cangrejos vivos!; para cuando se les antoja una “cangrejada”. Yo recibo el escalofriante sonido de esas muchas paticas y tenazas arañando todo el tiempo, (¿los cangrejos no duermen?) dentro de ese tanque ¡rrr!. En la azotea, palomas y palomos nos atormentan sin cesar; soportamos ese batir de alas, sus graznidos y los silbidos del joven dueño y… ¿saben qué? Estos arqueros del siglo XXI tienen también… ¡abejas!, sí, abejas, una tremenda colmena que, de vez en cuando desprende un enjambre muy “cariñoso” con las luces de mi casa, ¡qué absurdo cerrar puertas y ventanas, apagar luces “para que se vayan las abejas” ja, ja, ja! (vivirlo provoca llanto).
Mi vecina de la derecha cuida, alimenta y acaricia a una lechona. La nombra Bella, le canta la nana y conversa con ella “a grito pelao”; les cuenta a los visitantes las gracias del animal y yo espero que pronto quiera que Bella aprenda a hacer las “torticas”. Si la oyera usted regañarla y pegarle “¡para que aprendas!”… ¡a un cerdo! ¿Esto no supera al mayor de los absurdos? Hay momentos en los que alucino y no distingo quién es quién, créanme.

Gladys Serrat Valdés
(Pinar del Río, 1936)
Profesora de Español y Literatura, jubilada.
Trabaja en el Obispado de Pinar del Río