Historia

Nuestros pensadores (XX): Enrique José Varona y Pera


 
Por Héctor Maseda Gutiérrez

Enrique José Varona y Pera. Foto tomada de Internet.
 
 
ENRIQUE JOSÉ VARONA Y PERA, académico, filósofo y máximo representante en Cuba del Positivismo filosófico, sociólogo, educador, humanista, patriota, político, ensayista, periodista, crítico literario, poeta, orador, y hombre público. Reconocido por sus elevados principios éticos e incorruptibilidad. Nació en Puerto Príncipe -actual Camagüey- el 13 de abril de 1849. Fue uno de los intelectuales más influyentes de finales del siglo XIX hasta la primera mitad del XX. Su pensamiento estuvo al servicio de los problemas de su Patria en la etapa de la transformación hacia la modernidad tanto en el plano socio-político como en el económico, con la finalidad de integrar a Cuba en el proceso de desarrollo como nación. Abrazó la corriente independentista. Se incorporó a la Guerra de los Diez Años, pero tuvo que abandonarla por problemas serios de salud. Participó en la política activa en el Partido Liberal Autonomista (1884). Posteriormente fundó el Partido Conservador Nacional y llegó a ser su vicepresidente en 1907 y después su presidente (1912). Era políglota autodidacta que dominó o adquirió conocimiento en varios idiomas. El dominio de ellos le permitió acceder a una amplia información cultural y científica a lo largo de su vida. Era dueño de una cultura enciclopédica. Como periodista colaboró con las revistas “El Triunfo”, “La Revista de Cuba”, “Cuba y América”, “Cuba”, “Cuba Pedagógica”, “Cuba Contemporánea y Social”, entre otras; así como varios periódicos de Europa y los EE.UU. Viajó a Nueva York, EE.UU. y trabajó en la publicación “Patria” con José Martí y fue su director a la muerte de nuestro Apóstol de la Independencia. Dictó conferencias y ofreció seminarios en la Universidad de La Habana. Fue autor de decenas de estudios, libros, poesías y ensayos, entre los que se pueden destacar: “Odas Anacreónticas”, “La Metafísica”, “Nociones de Lógica”, “Ensayos Filosóficos de Estética Crítica”, “De la colonia a la República” y muchos más. Falleció en la capital del país, La Habana, el 19 de noviembre de 1933, a la edad de 84 años.
 
Enrique José Varona tuvo cuatro hermanos. Sus padres se nombraron Agustín Varona y Socarrás, y Dolores Pera y Beltrán, ambos procedían de ilustres y poderosas familias camagüeyanas. Su padre falleció siendo él adolescente. A su progenitor le debe la sólida cultura clásica que alcanzó. Se educó en el colegio “San Francisco”, de su ciudad natal, dirigido por los sacerdotes escolapios. Sin embargo y a pesar de haber sido educado entre religiosos, se debe destacar su rechazo al dogmatismo, la intolerancia y el fanatismo que caracterizan a estas órdenes. A los 11 años de edad comenzó el estudio de idiomas que llegó a dominar (inglés, francés, italiano, portugués, alemán, griego, latín y, por supuesto, el español. Conoció también el sánscrito y el árabe). Con apenas 16 años de edad contrajo nupcias con la joven Tomasa del Castillo y dejó sus estudios de bachillerato próximo a terminarlos. Pero ya al año siguiente compuso dos odas elegiacas dedicadas a la memoria del patriota cubano Gaspar Cisneros Betancourt; así como su antología “Ramillete poético” integrado por 216 sonetos. Dictó conferencias filosóficas. Obtuvo el Doctorado en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana (1883).
 
Al comenzar la Guerra de los Diez Años por la independencia de Cuba (1868-1878) Enrique José Varona responde al llamado de la Patria y se unió al alzamiento de los camagüeyanos, que tuvo lugar el 4 de noviembre de 1868, en la finca “Las Clavellinas”, encabezado por Salvador Cisneros Betancourt y el Marqués de Santa Lucía. Pero transcurrido un tiempo, el rigor de la guerra, su débil salud y el carácter de Varona, le demuestran que su presencia en el campo de batalla no resultaría de gran utilidad para sus hermanos de lucha. Se propuso entonces utilizar otras vías útiles paralelas a la lucha armada. Publica una colección de versos que tituló “Odas Anacreónticas” (ya señalada) a la que siguió “Un estudio sobre Horacio” y una edición crítica de obras de autores españoles bajo el nombre de: “Tesoro del teatro antiguo español”. Al poco tiempo (1870) decide regresar a su ciudad natal. Reasume su labor intelectual y patriótica y se pone al tanto del pensamiento político que se debatía en la época. En este medio social se mantiene hasta 1878, en que Varona se traslada a La Habana. Bajo su responsabilidad estaban su esposa e hijos y como su fortuna estaba agotada, retorna a la actividad intelectual. En la capital de la Isla ya se le conocía por su labor literaria entre los años 1870-1878 en los cuales publicó su obra “Estudios literarios”, así como varios ensayos y artículos que tituló: “Reformas de la Enseñanza”, “La Sociología de Bain”, “La Lógica de Balmes”, “La Sociología en sus relaciones con la Fisiología” y “La evolución sociológica”.
 
Con el fracaso de la Guerra de los Diez Años y la llamada Guerra Chiquita (1879-1880); debilitado el movimiento independentista por falta de recursos y sus principales líderes muertos, prisioneros o en el exilio; se incorpora a la docencia en las aulas universitarias, además de impartir conferencias de Lógica, Psicología y Moral en la Academia de Ciencias (1880). Posteriormente se gradúa de Licenciado en Filosofía y Letras (1882) y al año siguiente obtiene el Doctorado en la misma especialidad al defender su tesis titulada: “La moral positivista y la moral evolucionista” en la que defendió dos de sus futuras tendencias filosóficas: El Positivismo del francés Augusto Comte y el británico John Stuart Mill y la Teoría Evolucionista de las Especies de Charles Darwin. Publica sus “Estudios Literarios y Filosóficos” (1883) -la obra más significativa en su producción literaria porque define su posición como pensador-. Varona enriquece el pensamiento cubano al apoyarse en Spencer y Comte e identificarse con el Positivismo que lo conduce, finalmente, al Escepticismo Crítico. Las conferencias que expuso así lo demuestran (“La moral en la evolución”, “El Positivismo”, “La Gracia” y “La Evolución psicológica”). Es también por esa época en que se afilia al Partido Liberal Autonomista, PLA, (finales de 1883, principios de 1884) y comienza a denunciar la violencia y represión incontrolada que ejercía sobre los cubanos la metrópoli española. Se enfrentó a las posiciones socio-políticas que defendían la esclavitud por la degradación de la persona que esta produce en el ser humano. Y opinaba: “El sentimiento y la noción suprema en la vida social se encarna en el respeto a la persona humana. ¡Tengamos cuidado! Todavía entre nosotros, si buscamos bien, encontraremos en nuestras casas el látigo olvidado en algún rincón”. La ruptura de Varona con el autonomismo se produce por el enfoque que mantienen los líderes autonomistas acerca de la esclavitud y las discrepancias con Varona por ser este defensor de su abolición; sus opiniones sobre las leyes que deberían regir en Cuba una vez convertida en República y por sus relaciones e influencia que ejerció la personalidad de Martí sobre él. La posición de Varona iría entonces del autonomismo hacia el separatismo. Este cambio se debió porque llegó a convencerse que solo la corriente independentista podría sacar a Cuba de la crisis existencial, económica, política y social en que se encontraba.
 
Varona tenía ideas definidas sobre la religión. Estas marcaron su anticlericalismo y definieron su franca posición atea. A esta conclusión llegó por intermedio de la lectura de los autores clásicos y de la literatura universal; al igual que por su sostenida interacción con los avances científicos de su tiempo. Lo cierto es que criticó a todas las religiones con similar rasero, no solo por lo que las diferenciaba, sino basado en sus puntos comunes, como por ejemplo, cuando afirmaba que la esencia de todas las religiones es desarrollar el espíritu de sumisión en el hombre y no permitirle su máxima proyección en todas sus potencialidades. Entre sus frases de mayor incidencia sobre el tema que nos ocupa podemos señalar: “(…) la base de toda religión es pesimista (…) La religión no es la verdad. Es el consuelo (…)”.
 
Desde 1885 y hasta 1895 Varona trabajó como periodista y maestro. Colaboró con la “Revista de Cuba” que bajo su dirección fue rebautizada como la “Revista Cubana”, publicación esta que dirigió hasta que emigró a los EE.UU. (1895).
 
En 1890 Enrique José inició sus “Conferencias Filosóficas” que incluyen temas de Psicología, Sociología y Filosofía Moral. De esta época son sus ensayos “La Metafísica en la Universidad de La Habana” y “El clericalismo en la Universidad de La Habana” y otros, en los que expone su concepción positivista favorable a los principios defendidos por los cubanos, como arietes contra los caminos torcidos asumidos por la monarquía española y el gobierno colonial en Cuba. También escribió Varona sobre temas económicos, políticos y sociales para defender a su Isla. Entre los más destacados podemos citar: “Los cubanos en Cuba”, “El bandolerismo”, “Reacción necesaria” y “El poeta anónimo de Polonia”, recogidos en su libro “Artículos y discursos”, publicados en 1891.    
 
Estalla la tercera y última etapa de la guerra de los cubanos independentistas contra España, con el grito de rebeldía en Baire (24 de febrero de 1895), región oriental de Cuba; orientada, organizada, dirigida y alentada por José Martí que pierde la vida en el campo de batalla el 19 de mayo de ese año, en Dos Ríos, oriente de la Isla, a la edad de 42 años. Poco antes de iniciarse la nueva gesta bélica, Varona se encontraba en Nueva York y escribe sin concederse pausa alguna. La revista “El Fígaro” y los periódicos “El Triunfo”, “La Habana Elegante”, “El Cubano” y el semanario liberal-autonomista “La Lucha” fueron testigos y recogieron la enorme labor divulgativa desarrollada por nuestro protagonista durante su estancia en esa ciudad norteamericana. A la muerte de Martí, Enrique José es llamado para que sustituya a nuestro Apóstol de la Independencia en la dirección del periódico “Patria”, editado en Nueva York, EE.UU., principal difusor de las ideas del Partido Revolucionario Cubano (PRC), fundado por el propio Martí. Son precisamente en ese entorno en que salen a la luz los discursos de Varona sobre nuestro prócer independentista y Héroe Nacional y su obra político-ideológica: “La política cubana de los Estados Unidos”, “El Manifiesto Cuba contra España” y su ensayo “El fracaso colonial de España”, editado por separado y dividido en período colonial y período independentista, obra que fue compilada en el libro de Varona que tituló “De la colonia a la República”.
 
Sus colaboraciones periodísticas se extendieron a lo largo de su vida, tanto nacionales como extranjeras en “Cuba Pedagógica”, “La Escuela Moderna”, “Heraldo de Cuba”, “El Mundo”, “El Tiempo”, “Diario de la Marina”, revista “Carteles”, “Revista de Oriente”, “Hispanoamérica” (Honduras), y “Repertorio Americano” (Costa Rica).
 
Concluida la Guerra Hispano-Cubana-Americana (1895-1898), el general Leonardo Wood, primer interventor-gobernador norteamericano en Cuba, le propone a Varona nombrarlo Secretario (Ministro) de Instrucción Pública y Hacienda con la misión de acometer una reforma general de la enseñanza secundaria y universitaria. Varona acepta, pero no solo por la reforma general en la educación posteriormente conocida como “Plan Varona” sino porque consideraba que desde esa posición podría ponerle fin a la mayor brevedad posible a la ocupación norteamericana de la Isla y, de ese modo, normalizar cuanto antes la vida socio-económica y política del país. De ahí que se ocupa de la descentralización político-económica de los municipios al igual que se proyecta en cuanta tribuna y medios masivos de divulgación puede acceder y exponer sus ideas acerca de mejorar la eficiencia económica y el fortalecimiento de la nacionalidad cubana. Estimó, al principio de aplicada, que la “Enmienda Platt”, era un hecho o tránsito inevitable para obtener la independencia de la ansiada República, pero rápidamente se percató no sería nada fácil para los cubanos liberarse de la ocupación extranjera. Criticó el caudillismo, la corrupción y el divisionismo de los altos funcionarios públicos cubanos dominados por la politiquería existente.
 
A partir de 1898 Varona imparte la cátedra de Psicología, Filosofía Moral y Sociológica en la Universidad de La Habana. Lo hace armado con sus ideas del Positivismo Filosófico. Simultáneamente continúa con la reforma de las enseñanzas media y superior basado en su experiencia docente y sus criterios pedagógicos, sin abandonar otro campo que dominaba y constituía su estímulo mental: la crítica literaria. Ya para 1905 hace público su “Curso de Sociología” y “Desde mi Belvedere” (1907), este último agrupará varios de sus trabajos literarios escritos hasta esos momentos.
Entre las conferencias que impartió Varona a lo largo de su vida, debemos destacar las monografías críticas acerca de personalidades tales como: Cervantes, Emerson, Víctor Hugo, Tolstoi, Nietzsche, Castelar, Heredia; y otras que se publicaron bajo el título: “Comprimidos”; así como “Idealismo y Naturalismo en Arte”, “Ojeada sobre el movimiento intelectual en América”, “Disertación sobre el espíritu de la literatura de nuestra época”, “Discurso sobre la importancia social del arte”, “Observaciones sobre la gramática y la historia de la lengua castellana”, “La escuela de los maridos” y “El personaje bíblico de Caín en las literaturas modernas”.
 
No podemos obviar que la llamada “Guerrita de Agosto” (1906), provocó en Varona una reacción política positiva. Así lo demuestran sus artículos, discursos y conferencias en los que denuncia la entrega de las tierras cubanas a poderosos extranjeros. También se pronunció acerca de la conveniencia de diversificar la agricultura y la industria para alcanzar la independencia económica. Otro hecho que fortaleció su pensamiento político fue haber ocupado la vicepresidencia (1907) y posteriormente la presidencia del Partido Conservador Nacional (PCN, 1912) al mantenerse firme en su integridad política y pronunciarse contra la corrupción del caudillo-presidente de turno Mario García Menocal (1913-1921). Varona se retira de la vida pública: Renuncia como Presidente del Partido Conservador Nacional y rechaza la propuesta de Menocal de ocupar un puesto en el gobierno, por estimar que constituía un intento de soborno de este para silenciarlo.
 
Entre sus grandes reconocimientos como intelectual debemos señalar que fue Presidente de la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba; Presidente de Honor y Académico de Número de la Academia Cubana de Historia; Académico de Número de la Academia Nacional de Artes y Letras; Miembro de Número de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales; así como Catedrático Honorario de la Universidad de La Habana y Vicepresidente del Ateneo y Círculo de La Habana.
 
Tampoco podemos olvidar que por su moral e integridad individual, y la evolución de su conducta y su pensamiento político lo convirtieron -por derecho- en imagen viva, líder natural y mentor de los jóvenes universitarios cubanos, razón por la cual en 1923 preside en La Habana la fundación de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). Apoyó el Movimiento de la Reforma Universitaria y las luchas de los jóvenes universitarios para derrocar al dictador General-Presidente Gerardo Machado Morales (1924-1933).
 
Su patriotismo no se circunscribió a su país sino que fundó la Junta Cubana por la liberación de Puerto Rico, de la que fue su presidente. Y condenó las tiranías de Italia y de España.
 
Cansado y con su salud afectada, renuncia a su cátedra universitaria en 1917, retirándose así, como educador. No obstante no se detiene su labor intelectual. En 1918 saca a la luz “Con el Eslabón”, interesante libro porque muestra el Escepticismo Filosófico sobre los asuntos que más le preocupaban a él en la vida. Quizás este documento constituyó su testamento, llamamiento o legado al pueblo de Cuba como pensador. Su última obra perteneciente al género poético, la tituló “Poemitas en prosa”. A partir de esa fecha no produciría nuevos textos. Se dedicó a conceder algunas entrevistas y publicar artículos periodísticos. Su fructífera vida la desarrolló, a partir de ese momento, como periodista y filósofo. Jamás cultivó, que se tengan noticias, los géneros de cuento, novela o drama. Utilizó el ensayo para tratar la amplia gama de problemas políticos, sociológicos y educacionales no solo de Cuba sino de la realidad continental.
 
Enrique José Varona falleció a los 84 años de edad en su residencia habanera del Vedado, República de Cuba, el 19 de noviembre de 1933. Le rindieron honores póstumos familiares, amigos, colegas, jóvenes y adultos que fueron sus discípulos o que conocieron de su proyección como ciudadano preocupado por el futuro de su país, personalidades destacadas nacionales y extranjeras que le conocieron en diferentes épocas de su vida y del pueblo en general.
 
Conclusiones
 
1.Enrique José Varona y Pera fue filósofo y el máximo representante en Cuba del Positivismo Filosófico, sociólogo, antropólogo, humanista, educador, patriota, político, antiesclavista, hombre público, ensayista, periodista, escritor, crítico literario, poeta, orador-conferencista. Sin duda alguna, uno de los intelectuales cubanos más abarcadores, profundos e influyentes desde finales del siglo XIX y primer tercio del XX.
2.Fue un profundo conocedor de la Filosofía. Se destacó, además, como precursor de la Psicología y la Sociología en nuestro país. También incursionó en la Filología, la Antropología, en el Derecho Mercantil y Público y en la Literatura Universal.
3.Determinó, con rapidez, profundidad y precisión, la relación individuo-sociedad en la formación de la personalidad del ser humano. Valoró de importante mejorar y modificar al medio como una forma de adaptación superior permanente para la persona. Sus propuestas en la Reforma Educativa implicaron propósitos superiores a los existentes para lograr que las nuevas generaciones de ciudadanos tuvieran los conocimientos científico-técnicos necesarios que le permitieran incursionar y fomentar la economía en Cuba, al introducir la enseñanza científica y experimental por medio de la educación activa e intelectual. Consideraba que ello era fundamental para lograr la plena independencia de la Nación.
4.Como Secretario de Instrucción Pública y Hacienda durante la Primera Intervención Norteamericana en Cuba y algunos años después, con su influencia, revolucionó la Universidad de La Habana con las transformaciones que llevó adelante. Creó las Escuelas de Pedagogía y Arquitectura. Eliminó los nombramientos vitalicios de catedráticos y profesores. Aumentó sus salarios y elevó el presupuesto para el instrumental técnico, museos y laboratorios universitarios.
5.Jamás se sometió a posiciones filosóficas herméticas e intolerantes con relación a otras escuelas del pensamiento. Se mantuvo la mayor parte de su vida con el Positivismo y lo abandonó cuando comprendió sus limitaciones. Sus obras y manera de pensar fueron reconocidas como las mejores en los campos Filosófico y Pedagógico de Hispanoamérica, al menos hasta la mitad del siglo XX.
 
Bibliografía
 
1. Guadarrama, Pablo y Edel Tussel. “El pensamiento filosófico de Enrique José Varona”. La Habana. Edit. Ciencias Sociales. 1987.
2. Entralgo, Elías. “Varona, un escéptico creador”. La Habana. Ediciones Lyceum. 1949.
3. Varona, Enrique José. “Conferencias filosóficas. Lógica”. La Habana. Editor Miguel de Villa. 1880.
4. Varona, Enrique José. “Estudios literarios y filosóficos”. La Habana. 1883.
5. Agramonte, R. E. Entralgo y M. Vitier. “Enrique José Varona. Su vida, su obra y su influencia”. Edición Oficial. La Habana. 1937.
6. Vitier, M. “Las ideas y la filosofía en Cuba”. Edit. Ciencias Sociales. La Habana. 1970.
7. “Enrique José Varona: Política y sociedad”. Edit. Ciencias Sociales. La Habana. 1999.
8. Rojas, Carlos. “Filosofía moderna en el Caribe Hispano”. Universidad de Puerto Rico. 1997.
9. Ferrer Canales, J. “Imagen de Varona”. Editorial Universitaria. Universidad de Puerto Rico. 1973.
10. Martínez, O. “Vida y obra de José Varona, ensayista cubano”. Discurso. Dpto. Lengua y Literatura. Universidad Estatal de la Florida. 1972.
11. Enciclopedia Universal Ilustrada.
              
Héctor Maseda Gutiérrez.
Uno de los 75 presos de conciencia del 2003.
Agencia DECORO.