Historia

Cosme de la Torriente.

Gobierno y Oposición: Olvidar lo particular y pensar más en Cuba.
Por Dimas Castellanos
Cosme de la Torriente (1872-1956) nació en el ingenio matancero La Isabel. Fue Licenciado en Filosofía y Letras, en Derecho, y miembro de las logias masónicas. Al fracasar los alzamientos de 1895 en Matanzas emigró a Estados Unidos y regresó poco después como expedicionario. En el Ejército mambí, donde obtuvo los grados de Coronel por sus acciones militares, fue ayudante del General Calixto García, integró varios estados mayores y resultó elegido en 1887 delegado a la Asamblea Constituyente de la Yaya. Fue Magistrado y Senador, Encargado de Negocios y Embajador de Cuba en Madrid, primer Embajador de Cuba en Washington, Representante de Cuba en la Liga de las Naciones y Presidente de su Cuarta Asamblea, Delegado de las Naciones Unidas para América Latina. Fundó y dirigió La Revista de La Habana en la década del 30-40 y fundador y Presidente de la Sociedad de Amigos de la República (SAR).
Violencia y Política
A la política el arte de convertir lo necesario en posible y lo posible en real– Cosme dedicó 60 años de su vida. Fue una de las pocas figuras cubanas que entendió y asumió la política como servicio. Abogado de profesión, siempre creyó en la fuerza de la ley y no en la ley de la fuerza. Su actuación cívica y ética, una rara síntesis de virtudes en Cuba, le permitió transitar desde la guerra hasta el diálogo, pues la superioridad de este último sobre la violencia es un hecho histórico y universal: los conflictos después de acarrear ríos de sangre generalmente concluyen en un apretón de manos entre los sobrevivientes; experiencia que sugiere iniciar la solución de conflictos por el apretón de manos en la mesa de negociaciones.
Cosme tuvo que actuar en un medio caracterizado por la intransigencia y la ruptura; pero profundamente convencido de lo infructuoso de la violencia cuando de fundar pueblos y conformar naciones se trata, encaminó sus pasos hacia la conciliación, la gradualidad y el diálogo como cimientos ético-culturales de la acción política. Su discurso y conducta confirman la superioridad que otorgaba a la política sobre el desenvaine de machetes:
“He sido y seguiré siendo firme y decidido enemigo de todo derramamiento de sangre, tanto legal como arbitrario: en nuestra tierra la sangre derramada injustamente es la semilla que más germina y más poderosos frutos produce. Quizás sea este modo de pensar mío un sentimiento ancestral, algo que me viene de muy lejos; pero en la paz y en la guerra, en todas mis edades, siempre he sentido una viva aversión contra los que no dan importancia a la vida de sus semejantes”[1].
“Siempre he sido contrario a que las fuerzas armadas intervengan en las luchas políticas y por eso mismo también a los golpes o pronunciamientos militares, pues nunca han producido ventajas, si acaso muy pequeñas, que hubieran podido lograrse en otra forma y en cambio han traído terribles inconvenientes”[2].
“Lo que entiendo decía a los líderes del Directorio Estudiantil en 1931–, como siempre he entendido, dada la situación internacional de Cuba y la complejidad de nuestros problemas, es que mucho mejor que una revolución, siempre de dudoso éxito, es llegar a una inteligencia o a una conciliación que permita un compromiso o convenio que restablezca la paz moral en la República y el orden jurídico destruido...”
Durante el gobierno de Machado escribió: “He sido y soy contrario decidido de todo gobernante que en Cuba haya pretendido o pretenda sustituir su voluntad personal al imperio de la Constitución y las leyes; y esto es lo que caracteriza y diferencia a los gobiernos dictatoriales, despóticos o tiránicos, de los puramente democráticos que quisimos establecer y tienen los cubanos el derecho de que se mantengan en Cuba...”.
Su concepción ética de la política la materializó en conductas como las siguientes:
1. Durante la ocupación norteamericana, cuando oficiales del Ejército Norteamericano intentaron empañar la gloria del General Calixto García, Cosme de la Torriente renunció a la Jefatura del Estado Mayor y acompañó al General mambí en gesto de solidaridad.
2. En una reunión del Cuerpo Diplomático en Madrid citada para felicitar al Rey Alfonso XIII, quien había salido ileso de un atentado, la Reina humilló a Cuba al negarle el saludo a Cosme en su condición de Encargado de Negocios de Cuba en España. Tratando de preservar las relaciones con la antigua metrópoli, pero con energía, elevó una protesta y recomendó al gobierno cubano retirar la Legación de Madrid si la Reina no se disculpaba. Como resultado de su conducta el gobierno ibérico se disculpó y las relaciones aumentaron de nivel. Cosme presentó sus credenciales como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario, oportunidad en que la reina lo recibió y le dispensó la mayor amabilidad del mundo.
3. Al producirse en Cuba la segunda intervención norteamericana en 1906, Cosme renunció a su cargo diplomático en España y escribió a Charles Magoon: “...no se olvide que yo, el único de los Ministros Plenipotenciarios de la República de Cuba que tomó parte en la Guerra de Independencia contra España con las armas en la mano, por entender que mi pueblo era capaz de regir sus propios destinos, no puedo estar en ninguna nación, y menos en la que fue nuestra dominadora, representando lo que es la negación de las ideas que defendí...”. Luego, en aras de que la dominación yanqui resultase breve y se restableciera el ritmo constitucional en Cuba, fundó junto a otras personalidades el Partido Conservador, colectividad política que contribuyó a la celebración de elecciones en 1908.
4. En 1917, cuando la pugna entre liberales y conservadores amenazaba con una nueva guerra civil, propuso un acuerdo entre ambos partidos.
5. En enero de 1925 publicó su folleto: “Los derechos de Cuba sobre la Isla de Pinos” y en marzo de ese mismo año, siendo embajador de Cuba en Washington, gracias a su accionar diplomático, logró se aprobara el Tratado Hay-Quesada mediante el cual se devolvió la soberanía sobre Isla de Pinos después de más de 20 años de espera.
6. El 24 de febrero de 1927 inició una campaña contra Machado en La Tribuna de Manzanillo y convirtió su bufete en el primer escenario de la lucha ciudadana contra la Prórroga de Poderes. De allí salió el Manifiesto en el que, junto a su firma, aparecían las de Juan Gualberto Gómez y Carlos Hevia. Luego, en 1933, convencido de que la continuidad en el empleo de las armas era ineficaz, en nombre de la Unión Nacionalista y pensando como hombre de Estado, prohijó la aceptación de la mediación diplomática del Subsecretario de Estado norteamericano Benjamín Sumner Welles, quien ayudó a la caída de Machado y por tanto evitó nuevos derramamientos de sangre.
7. En 1934 redactó el proyecto inicial del Tratado de Relaciones entre Cuba y Estados Unidos y dirigió desde La Habana las negociaciones del embajador Manuel Márquez Sterling que culminaron con la abrogación, el 29 de mayo de 1934, de la Enmienda Platt.
8. En los años cincuenta en su condición de presidente de la Sociedad Amigos de la República (SAR)[3] encabezó el Diálogo Cívico contra la disyuntiva entre dictadura y violencia revolucionaria. Su consigna en la mediación la expresó en 1955 en un acto celebrado en el Muelle de Luz: “Elecciones generales con garantía”.
Su conducta, sostenida a lo largo de su vida política, tiene un valor agregado por el contexto en el que le toco vivir y actuar, caracterizado por un abultado expediente de violencia física y un nutrido arsenal de descalificaciones, vituperios y groserías. Una fatal herencia que nos impone la necesidad de cambios en nuestra forma de actuar, pensar y hablar para desandar caminos, humanizar las relaciones y regresar al diálogo y a la diplomacia; misión en la cual el legado de Don Cosme de la Torriente tiene total vigencia. Su mensaje de dignidad, amor y humanismo merece erigirse como fundamento de las relaciones interpersonales entre cubanos al margen de cualquier diferencia natural, política, social, cultural, religiosa o económica– como pilar de la nación que estamos convocados a completar.
En su lecho de muerte, el sábado 8 de diciembre de 1956, después de solicitar la presencia del Cardenal Arteaga, Cosme expresó en su testamento ideas definitorias: El pueblo es soberano. Sin fuerzas morales no puede triunfar el ideal. Unirse y reunirse es lo que deben hacer Gobierno y Oposición. Olvidar sus cosas particulares y pensar en Cuba. Los cubanos de hoy no debemos permitir que un legado preñado de ética, dignidad, civismo, humanismo y sabiduría, continúen sepultados en el olvido.


[1] la Torriente, Estadista. Colección de Ensayos. La Habana, 1949.
[2] Periódico Alerta, 26 de marzo de 1952, p.2.
[3] La SAR fue fundada el 28 de abril de 1948. Su fundador y primer presidente fue Jorge Mañach. El 14 de noviembre de 1952 la presidencia de la SAR fue asumida `por Cosme de la Torriente.