Historia

Nuestros pensadores (III). Félix Varela y Morales


Por Héctor Maseda Gutiérrez                                                                                        

Primera escultura de cuerpo entero de Félix Varela en Cuba. Obra del escultor pinareño José Pérez Véliz en los jardines de la Catedral de Pinar del Río.
Félix Francisco José María de la Concepción Varela y Morales nació en La Habana y falleció en San Agustín de la Florida, EE.UU. (1788-1853). Estudió en el Seminario San Carlos y San Ambrosio donde se licenció en Teología. Allí tomó los hábitos e impartió las Cátedras de Constitución, Latinidad y Retórica, y Filosofía. Se destacó como orador. Educador por vocación, introdujo la modernización de la enseñanza en Cuba y fue el primero que utilizó el español en sustitución del latín en sus conferencias y libros. Fue miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País (…) Diputado a las Cortes Españolas donde presentó, entre otros, un Proyecto de Ley proponiendo la representación de Cuba en ellas. La vuelta del absolutismo en España en época de Fernando VII lo hizo emigrar a los Estados Unidos donde permaneció el resto de su vida. En Filadelfia publicó el periódico independiente “El Habanero”, que llegaba clandestinamente a Cuba. Más tarde, junto a José Antonio Saco fundó, en Nueva York, “El mensajero semanal”. Allí sostuvo polémicas en defensa de la fe católica con religiosos evangelicos. Alcanzó gran prestigio por su labor humanitaria. Le fue concedido el nombramiento de Vicario General de la ciudad. (1) De su amplia obra política y filosófica se destacan: “Miscelánea filosófica”, “Observaciones sobre la Constitución de la monarquía española”, “Cartas a Elpidio” y otras publicaciones. (2)
 
No es mi intención hacer un recorrido integral de la vida y obra del Padre Varela, pero sí nos referiremos a tres de sus proyecciones que consideramos de mayor importancia para incorporarlo a la serie de ensayos que titulamos “Nuestros pensadores”. Estas características esenciales suyas a las que me refiero son: a) maestro y científico; b) legislador, político y periodista; y c) precursor del ideario martiano.
Una importante etapa de su vida
 
Comenzó al ser ordenado sacerdote en el Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio donde estudió y ejerció la docencia (1811-1821), período en que impartió las Cátedras de Filosofía, Constitución, Latinidad y Retórica; además de introducir los cursos de Física y Química. De igual modo, fue el primero en utilizar el idioma español al dictar conferencias y escribir documentos de la educación para sustituir el latín. Su método de enseñanza racionalista, no escolástico, le permitió que sus alumnos aprendieran la utilización de la reflexión y el análisis puntual para llegar a las mejores conclusiones en los diferentes temas a enfrentar, tanto académica como personalmente. Procedimiento este que les resultó de gran utilidad en su posterior vida profesional y, de ahí proviene la frase tan conocida que ha llegado hasta nuestros días, asumida por la mayoría de sus historiadores: “Varela fue el primero que nos enseñó a pensar… bien”. Es en esta década que Varela, durante su magisterio, tuvo discípulos que, con el tiempo, se convertirían en cubanos ilustres por su conducta ético-moral y estatura académica, como lo fueron José Antonio Saco, José de la Luz y Caballero, Domingo del Monte, Nicolás Manuel Escobedo… al inculcarles el amor a Dios, a la Patria y a sus semejantes. Al mismo tiempo, fue Varela quien creó la Primera Cátedra de Derecho Constitucional que tuvo la Isla.

Diputado a las Cortes Parlamentarias de España
 
En 1821 Varela fue elegido para representar a Cuba en las Cortes de España. De inmediato no pudo acreditarse, pero ocho meses después resultó electo Diputado. Durante ese tiempo desarrolla una activa vida social y académica en la capital ibérica. Expuso varios textos de su autoría a la Dirección de Estudios de Madrid y fueron aprobados para adoptarlos como textos oficiales en España y sus dominios de ultramar.
 
Como Diputado presentó tres proyectos: a) Abolición de la Esclavitud, en el que incluía sugerencias para la protección de la economía y la seguridad de la población; b) Autonomía, con 189 artículos, presentado a fines de diciembre de 1822, donde consideraba el papel a desempeñar por el gobierno español y la autonomía de Cuba, Puerto Rico y las Filipinas; y c) Reconocimiento de los territorios de Iberoamérica que ya habían alcanzado su independencia y que él sugería se integraran en una comunidad de naciones relacionadas entre sí y con España.
 
Por esa época el rey español Fernando VII es depuesto y en su lugar se crea un Consejo de Regencia, pero ejércitos franceses invaden España y restituyen la monarquía absoluta. Fernando VII disuelve el Consejo y condena a muerte a los diputados firmantes del documento que anulaba su absolutismo. Varela era uno de ellos. Tuvo que marchar al exilio. Se dirigió a Gibraltar (1823) primero, y a los EE.UU. después; destino este último que duró hasta su muerte, ocurrida en 1853.

Simultáneamente empieza su labor periodística
 
Publicó la revista “El Habanero” con tendencia abiertamente independentista y liberal que clandestinamente se distribuía en Cuba. En ella demostró cuáles eran su ideología y enseñanzas ético-morales. Con José Antonio Saco colaboró en “El mensajero semanal”. Fue autor de varios libros y publicó investigaciones filosóficas, entre estas un ensayo acerca de las ideas del filósofo racionalista-empirista, Immanuel Kant.
 
Sus “Cartas a Elpidio” (1835-1838) se convirtieron en campos de batallas ideológicas contra prejuicios e intereses de gran impacto socio-políticos que le enfrentaron a enemigos poderosos. En su Segunda Carta a Elpidio señala con fina ironía: “(…) La generalidad de los mandarines (gobernantes, nota del autor) si no son tiranos desean serlo, y solo esperan encontrar un pretexto para dar pábulo a su pasión de dominar sin leyes o de frustrarlas si el decoro exige reconocerlas (…)”. En la lucha en defensa de las leyes y contra los mandarines “(…) solo quedan dos principios protectores: la opinión que anima a la sociedad y la religión que rectifica la conciencia”.

Pero Varela fue también precursor del ideario martiano entre varias de sus proyecciones
 
Una vez ordenado sacerdote (1811) fue asignado a la Cátedra de Filosofía. Ya para el año 1820, el obispo Espada recibe el encargo de la Real Sociedad Patriótica de crear una Cátedra de Constitución. Junto con las solicitudes vino el proceso de selección por oposición. La responsabilidad recayó en Varela. Ciento noventa y tres estudiantes asistieron a la primera clase, ante un nuevo profesor que no se imponía por la autoridad académica con que estaba investido, sino que los estimuló con el nuevo método racional que utilizó de pensar, y pensar bien antes de tomar decisiones importantes. En la primera interacción profesor-alumnos definió cuáles serían las temáticas y cómo se desarrollarían los estudios:
 
“(…) Yo le llamaría a esta Cátedra, la cátedra de la libertad, de los derechos del hombre, de las garantías nacionales; de la regeneración de la ilustre España, la fuente de las virtudes cívicas (…) la que por primera vez ha conciliado entre nosotros las leyes con la Filosofía (…), la que contiene (frena, nota del autor) al fanático y al déspota, (…) la que se opone a los atentados de las naciones extranjeras presentando, al pueblo español, no como una tribu de salvajes con visos de civilización sino como es en sí, generoso, magnánimo, justo e ilustrado (…)”.
 
En Martí hemos admirado su sensibilidad humana cuando habló de la guerra como: “una triste necesidad (…) la guerra se ha de hacer para evitar las guerras, para la paz queremos la guerra; (pero) cuando la guerra es inevitable, es necesario vigorizarla para acabarla pronto”.
 
En estas ideas martianas se reflejan los principios expuestos antes por Varela en “El Habanero”, en 1835: “Quiera o no quiera (el rey) Fernando, sea cual fuere la opinión de sus vasallos en la Isla de Cuba, la revolución de aquel país es inevitable (…) la Isla de Cuba sigue la ley de la necesidad. (…) los verdaderos patriotas se persuaden que ahora más que nunca están en la estrecha obligación de ser útiles a su Patria (…) el crimen no es osado sino mientras la virtud se muestra débil (…)”.
 
En otros documentos, Varela insistía en cuál era la realidad en la Isla que presidía las acciones de los hacendados: “¡Es preciso no equivocarse! En la Isla de Cuba no hay amor a España, ni a Colombia, ni a México, ni a nadie más que a las cajas de azúcar y los sacos de café (…)” Y más adelante expone su concepto de patriotismo al precisar que: “Muchos hacen del patriotismo un mero título de especulación o un instrumento aparente para obtener empleos y otras ventajas de la sociedad (…) El patriotismo es una virtud cívica que a semejanza de las morales, suele no tenerla el que dice que la tiene, y hay una hipocresía política mucho más baja que la religiosa (…) Patriotas hay que venderían su Patria si les diesen más de lo que reciben de ella (…)”, para finalmente sentenciar: “No es patriota el que no sabe hacer sacrificios a favor de su Patria, o el que pide por estos una paga, que acaso cuesta mayor sacrificio que el que se ha hecho para merecerla”.
 
Martí aseveraría cuando vivió exiliado en el extranjero: “La Patria es dicha de todos y dolor de todos, y cielo para todos, y no feudo ni capellanía de nadie (…) Pero “ver en calma un crimen, es cometerlo”.
 
Varela, en tierras foráneas expondría en “El Habanero” su más enérgica protesta cuando aún reinaba el silencio ignorante e indiferente, si no culpable en la Isla. Y qué decir del miedo; el mismo del que hablara después Enrique José Varona en su obra “De la Colonia a la República”.
 
“Los hombres de honor -diría Varela- cuando mudan de opinión es por un convencimiento y presentan las razones que les han obligado a hacerlo; pero jamás niegan su antiguo modo de pensar, porque su conciencia nada les acusa y como siempre, han tenido por objeto el bien de su Patria”. Varela afirmaría más adelante que: “los hombres de bien asumen la Patria como altar y no como pedestal”, idea que años más tarde asumiría Martí.
 
Es necesario destacar que existen dos elementos esenciales en el ideario y vida revolucionaria de Varela que marcaron pautas en las sucesivas generaciones de patriotas cubanos: su conducta anti anexionista y su certeza de que la revolución debía prepararse dentro de la Isla, aunque las limitaciones obligaran a la disposición de aceptar ayuda exterior de otras naciones cuando afirmaba:
 
“Habiendo pues manifestado mi opinión contraria a la unión de la Isla a ninguno de los gobiernos del Continente, no tengo, sin embargo, dificultad en conformarme con los que esperan auxilios extranjeros para un cambio político”.
 
A modo de conclusiones
 
Estamos ya en disposición de arribar a las conclusiones acerca de la vida y obra de tan gentil patricio. A Félix Varela varios historiadores lo han caracterizado -y con razón- como patriota y reformador constitucional, líder político y maestro, científico y escritor, pastor de almas y apologista de la religión.
No cabe duda que estableció las bases del pensamiento razonado y de los principios ético-morales y sociales que sentaron las bases de las legítimas aspiraciones de los cubanos a tener un gobierno constitucional.
 
Es cierto que aún adolescente renunció a la carrera militar y prefirió “salvar almas que matar hombres” como le respondió a su abuelo y, de ese modo, romper con la tradición familiar. Muchos historiadores lo consideran como “el precursor de las doctrinas y principios políticos y revolucionarios que nuestro Apóstol y Héroe Nacional defendió a ultranza”.
 
Fue honesto e íntegro en su proyección como pensador. Incluso, llegó a expresar: “Si por decir la verdad atraigo el odio, he aquí un nuevo estímulo para continuar diciéndola”. Fue, indubitablemente, intransigente con lo que atentara contra el desarrollo de su país. En todo momento actuó en armonía con su conciencia. De ahí que sufriera intrigas, persecuciones y hasta ser condenado a muerte por un tiránico rey.
 
Se acepta como cierto que falleció en San Agustín de la Florida el 25 de febrero de 1853, aunque algunos historiógrafos fijan la fecha de su muerte una semana antes. Los restos del Padre Varela fueron trasladados a Cuba a principios de constituirse esta en República y se encuentran depositados en el Aula Magna de la Universidad de La Habana.
 
En 1986 el Estado Vaticano autorizó al Episcopado de Cuba a iniciar el proceso de beatificación del Padre Félix Varela, que podrá concluir en su Canonización como santo cubano.
(Continuará)
Estos trabajos sobre los Pensadores cubanos han sido escritos para la publicación “Misceláneas de Cuba” en Suecia. El autor y el director de dicha publicación, el Sr. Osvaldo Alfonso, han autorizado para ser publicados dentro de Cuba en la revista Convivencia.

Bibliografía
1Varios autores. “Antología del Pensamiento Liberal Cubano”. Fundación Liberal José Martí. 1994.
2Obras de Félix Varela y Morales. 1945.

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Héctor Maseda Gutiérrez.
Uno de los 75 presos de conciencia del 2003.
Agencia DECORO.
 

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