Historia

Nuestros pensadores (V). José Antonio Saco y López Cisneros

Por Héctor Maseda Gutiérrez      
José Antonio Saco         
En este ensayo se trata de demostrar la influencia del pensamiento de José Antonio Saco quien, junto a otros grandes intelectuales cubanos, realizó aportes sensibles en el proceso de formación de la nación y nacionalidad cubana. Es preciso recordar que las primeras décadas del siglo XIX dieron lugar a la profundización y alcance de nuevas ideas y propuestas en las esferas socio-políticas, pedagógicas, científicas, culturales y filosóficas. Saco nació en Bayamo, Cuba, el 7 de mayo de 1797. Falleció en Barcelona, España, el 26 de septiembre de 1879. Estudió bachillerato en el Seminario de San Basilio el Magno, Santiago de Cuba. En La Habana, fue alumno destacado del Seminario de San Carlos y San Ambrosio. Viajó a los EE.UU. (1824) y allí fundó -junto a Varela- El Mensajero Semanal. Más tarde dirigió la revista Bimestre Cubano. Recibió un premio de la Sociedad Económica de Amigos del País por sus ensayos: “Memoria sobre los caminos de la Isla de Cuba” y “Memoria sobre la vagancia en la Isla de Cuba”. Fue sociólogo, historiador, periodista, científico y economista. Comisionado por Cuba a la Junta de Información y designado en tres oportunidades Diputado a las Cortes aunque no pudo ejercer sus mandatos. La última se lo impidió la muerte. Saco fue uno de los principales representantes de la corriente política reformista entre los siglos XVIII y XIX. Su lucha socio-política se proyectó en varias direcciones, pero las dos principales fueron contra la trata de esclavos en la Isla y la corriente anexionista que existió en Cuba en la primera mitad de la centuria XIX. Por sus vastos conocimientos en varias disciplinas del saber humano fue reconocido como “la enciclopedia viviente”. Se consideró como el primer intelectual cubano que poseía un sentido especial de criterio social, al apoyarse en la razón y sus argumentos antes que en las instituciones existentes. Saco fue un polemista nato y de estilo directo, difícil de enfrentar. Se adelantó en decenios a su época y pagó un elevado precio por ello. Era el castigo ibérico por ser brillante y de mente independiente. Esta razón provocó su destierro impuesto por el Capitán General de la Isla de Cuba, Miguel Tacón, a Trinidad, pero José Antonio prefirió marchar a Europa (13 de septiembre de 1834). En 1861 regresó a la Isla pero volvió a repatriarse definitivamente. Viajó a Portugal, Francia, Italia, Austria, Alemania y España. Al morir Varela, el intelectual cubano más relevante como su sucesor resultó ser José Antonio Saco. A lo largo de su vida José Antonio atesoró una extensa obra científica, histórica y económica recogida en libros y revistas, tanto en Cuba como en el exterior. Entre sus ensayos acerca de Cuba se cuentan: “La cuestión de Cuba”, “Ideas sobre la incorporación de Cuba a Estados Unidos”, “Análisis de una obra sobre el Brasil”, “Paralelo entre la Isla de Cuba y algunas colonias inglesas” y “La situación política de Cuba y su remedio”, entre otras. Está recogida su obra en varios volúmenes titulados: “Colección de papeles científicos, históricos y políticos, sobre la Isla de Cuba”. Su “Historia de la Esclavitud”, en cuatro tomos, es su obra histórica monumental más importante.
 
Realizó estudios de Química en la Universidad de la Sorbona, en París. Hasta su muerte sostuvo que Cuba no estaba preparada para la independencia. Aceptaba que debía existir un parlamento insular en el que los diputados de la Isla, en interacción con sus electores, discutieran los asuntos cubanos.

Saco como político
Perteneció a esa hornada de jóvenes criollos que se formaron en Europa y los EE.UU. Se les identificó como la “Generación del 92”. Poseían una visión socio-política, cultural y filosófica propia. Analizaban los problemas racionalmente. Utilizaban la experimentación y la observación como método científico.
 
En su ensayo titulado: “Análisis de una obra sobre el Brasil”, expuso sus ideas centrales para sustituir la sociedad esclavista por la del libre mercado y la inmediata eliminación de la trata de esclavos. En cuanto a la esclavitud, propone aplicarla pero como una extinción gradual al considerar que era necesaria aún en la industria azucarera cubana.
 
En 1848 los cubanos defensores del anexionismo exponen sus ideas en el periódico La Verdad. Saco enfrentó esta tendencia señalando que los intereses individuales de estos grupos los colocaban por encima de los políticos y económicos de la Patria. Y señalaba que: “Aceptar el anexionismo como fórmula política conduciría irremediablemente a la pérdida de su propia nacionalidad”. Ese mismo año publica en París “Ideas sobre la incorporación de Cuba a los Estados Unidos”. En él analiza las mejores opciones para la Isla como una alternativa antianexionista hasta llegar a concluir por qué no convenía a Cuba ser anexada a EE.UU. Tres eran sus razones fundamentales: 1ra) La razón política, pues la absorción de Cuba por EE.UU. traería una guerra internacional que dejaría a la Isla en ruinas. 2da) La razón social ya que tras la devastación del país Cuba sería poblada por emigrantes norteamericanos que concluirían -con el tiempo- la absorción total de la Isla. 3ra) La razón patriótica: Cuba se desarrollaría lenta pero inexorablemente hasta alcanzar su libertad sin necesidad de ser asimilada por el país vecino, ni perder su identidad nacional. Saco, como heredero de la Ilustración, creía en la “Teoría del progreso necesario de los pueblos” por sí mismos. Tampoco permitió se le vinculara a otra corriente que no respondiese al Reformismo que el profesor Ramón Infiesta definió como: “Hay quienes se conforman con esperar del Gobierno Ibérico la rectificación de las necesidades insulares mediante la adaptación del status quo a las necesidades coloniales”. Son los reformistas.
 
Saco creía en los cambios paulatinos, en la discusión y negociación diplomática o legislativa. No en las transformaciones violentas. De ahí por qué no apoyaba la corriente separatista criolla de la época. Sin embargo, fue un luchador incansable contra el despotismo realista. Para Saco, los únicos cubanos con derechos políticos eran los blancos de sexo masculino. Los negros no podían -según su opinión- elegir o ser elegidos. La negrofobia en Cuba constituyó una corriente social real, pero resultaba con sabor amargo que una inteligencia superior tan lúcida como la de él la acariciara y defendiera abiertamente, por resultarle de utilidad a la industria azucarera.
 
Saco al igual que Varela, fue un educador, filósofo y enciclopedista que definió y defendió los principios de la nacionalidad cubana. Pero a diferencia del sacerdote, no traspasó los límites fronterizos de su reformismo.
 
Cuando Saco conoció las intenciones del gobierno norteamericano de adquirir la Isla por cien millones de dólares, se apresuró en hacer público su libro antes mencionado “Ideas sobre la incorporación de Cuba…”
 
Entre las frases célebres de José Antonio Saco no podemos olvidar dos por su importancia: “Yo desearía que Cuba no solo fuese rica, ilustrada, moral y poderosa, sino que fuese Cuba cubana y no angloamericana”. Y la que se supone fue recomendada por él para que apareciera en su epitafio: “Aquí yace José Antonio Saco que no fue anexionista porque fue más cubano que todos los anexionistas”.
 
Saco como historiador
Creó una extensa obra, pero de esa totalidad deseamos destacar dos en particular. La primera, en 1856, se publicó bajo el título “Colección de papeles científicos, históricos y políticos y de otros aspectos relacionados con Cuba”, en tres tomos. El objetivo que persiguió Saco fue que sirviera de base para que estudios posteriores de escritores y científicos foráneos, con carácter imparcial, recrearan la historia de Cuba no recogida hasta esos momentos. La segunda la desarrolló entre los años 1875-1879. Su título: “Historia de la Esclavitud”. Fue monumental, famosa, muy divulgada y objeto de estudio y referencia como fuente rigurosa para investigaciones ulteriores. Los dos primeros tomos vieron la luz, en Barcelona, España, entre los años 1875 y 1877. Dos años después y también en esa ciudad ibérica, publicó el tercer tomo. Ya para 1880, un año después de su muerte, se concluyó y publicó en La Habana el cuarto tomo, recopilado cuidadosamente por el intelectual Vidal Morales, para que tan importante obra de Saco no quedara inconclusa.
 
Un educador extraordinario
En la Cuba de Ultramar se produjo una revolución pedagógica y filosófica en la primera mitad del siglo XIX que facilitó el surgimiento de un pensamiento que favoreció la expansión de las estructuras lógicas en la enseñanza.
 
Un buen ejemplo de lo antes dicho lo tenemos en Saco que, con poco más de 20 años de edad, fue nombrado catedrático de Filosofía en el Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio, en sustitución del Padre Varela. A José Antonio, con el paso del tiempo, lo sustituiría otro grande de los pensadores cubanos: José de la Luz y Caballero.
 
Fue, además, profesor en el colegio “Buenavista” de La Habana. Desde sus aulas, Saco ejerció una fuerte influencia en el desarrollo de la educación y la cultura cubana del siglo XIX. Él señalaba que la instrucción pública era la base más sólida en la que descansaba la felicidad de los pueblos.
 
En una investigación relacionada con el concepto de “nacionalidad”, expresaría: “La idea de la inmortalidad es sublime porque prolonga la existencia del individuo más allá del sepulcro; y la nacionalidad es la inmortalidad de los pueblos y el origen más puro del patriotismo (…)”.
 
Saco consideraba que para los más humildes debían crearse escuelas. Relacionó la enseñanza con los logros económicos. Fundamentó estas apreciaciones en artículos financieros. Tuvo planes para crear aulas donde se enseñara el dominio de los oficios y la agricultura.
 
Su proyección de escritor y periodista
Saco publicó su primer artículo periodístico de carácter político en 1820, en el “Diario del Gobierno Constitucional de La Habana”. Por sus críticas a la política colonial tuvo que abandonar la Isla. Junto a Varela, funda la revista “El Mensajero Semanal” en los EE.UU. Se involucró en una difícil polémica literaria con el escritor y filólogo gallego Ramón de la Sagra, director del Jardín Botánico. Lo hizo José Antonio por las ácidas críticas de Sagra aparecidas en El Mensajero Semanal y se pronunció en defensa de la poesía de José María Heredia. En 1832 Saco es nombrado director de Bimestre Cubano. En sus trabajos criticó y exigió la supresión de la trata de esclavos”.
 
A Saco se debe el calificativo de “cubana” a una institución en la Isla. Esta fue la “Sección de Literatura Cubana” fundada por él en la tan mencionada “Sociedad Económica…” A su creación se oponía la “Sociedad Patriótica”. Entre otras de sus obras pertenecientes a este período, podemos destacar: “Contra la Anexión”, “Ideas sobre la incorporación de Cuba a los Estados Unidos” y “Las dos vías para su incorporación: la pacífica y por la fuerza de las armas”. En esa época y para responder críticas de los anexionistas, publicó en Nueva York: “Réplica a los anexionistas”. En 1851 aparecieron sus trabajos “La situación política de Cuba y su remedio” y “Cuestión de Cuba”.
 
Conclusiones
José Antonio Saco fue un creador de ideales. A su lado se formaron hombres amantes de las ideas reformistas, antiesclavistas y antianexionistas. Fue un patriota ejemplar y su vida estuvo techada de virtudes y buenas costumbres públicas y personales.
 
Jamás ocultó su esencia de cubano. Fue educador, filósofo, economista, escritor y periodista. No subió a los estrados nacionales y extranjeros como súbdito de la corona sino como criollo. Para él la nacionalidad cubana existía, aunque se la atribuía solamente a los nacionales blancos de la Isla. Saco fue capaz, desde su posición reformista, de elevar el pensamiento de la cubanía. Señaló el peligro de desaparecer como futura nación si se aceptaba cualquier variante anexionista; despertó en los hacendados criollos y sus hijos, las ulteriores consignas de independencia, la extinción de la esclavitud y su trata.
 
Aunque no se lo propuso, Saco le demostró al hacendado y su descendencia familiar, la necesidad de un “Grito de Independencia” (Grito de Yara, el 10 de octubre de 1868). La esencia de su mensaje se convirtió en la antorcha que posteriormente Carlos Manuel de Céspedes y otros próceres de similares aspiraciones separatistas, enarbolaron bajo el grito de ¡Independencia o muerte!
 
Desarrolló ensayos acerca de las reformas adoptadas en París en 1852. Entre estos, el de mayor relevancia fue uno titulado: “El voto particular ante la Junta de Información”; investigación considerada por varios medios especializados como su testamento político. En él ofrecía soluciones, tales como: crear un Parlamento Insular donde se discutieran aspectos de la vida nacional y llegar a una autonomía profunda en alcance y contenido.
 
Su frase eminentemente premonicionista fue: “O España concede reformas a Cuba o Cuba se pierde para España”. Está catalogado por muchos historiógrafos como nuestro primer “historiador moderno”.
 
José Antonio Saco murió el 26 de septiembre de 1879 en España. En sus funerales estuvieron presentes su esposa, hijos, amigos y colegas. Después de embalsamado su cadáver, Saco fue inhumado, hace 133 años, en Barcelona. Su última voluntad testamentaria dictaba que sus restos fuesen llevados a su patria chica. Se cumplió.
 
(Continuará)
 
Estos trabajos sobre los Pensadores cubanos han sido escritos para la publicación “Misceláneas de Cuba” en Suecia. El autor y el director de dicha publicación, el Sr. Osvaldo Alfonso, han autorizado para ser publicados dentro de Cuba en la revista Convivencia.
 
Bibliografía
-       Wikipedia (actualizada/2012).
-       Enciclopedia Universal Ilustrada. Letra “S”, año 2009.
-       Álvarez, Imeldo, “José A. Saco: Historiador y político”. Diciembre/2012.
-       González, Idalmis y otros. “Influencia del pensamiento (…) de José A. Saco en el proceso de formación de la nación y nacionalidad cubana”. Revista Digital Sociedad de la Información. Abril/2010.
-       Varios artículos de Internet (Google y Yahoo) actualizados. Diciembre/2012.
-       Y treinta y dos referencias activas más.
 
 
Héctor Maseda Gutiérrez.
Uno de los 75 presos de conciencia del 2003.
Agencia DECORO.

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