Historia

La filosofía cubana: algo más que una aventura insular

Ariel Pérez Lazo
ImageEl célebre filósofo español José Ortega y Gasset consideraba que lo que había denominado como el sentido histórico debía presidir los estudios sobre la sociedad a lo largo del tiempo. En este sentido, no pueden aplicarse al pasado las categorías usadas para entender nuestro presente. El pasado sólo se explica por sus creencias y valores, por sus anhelos y frustraciones. Esta advertencia de Ortega debería servir para orientar las investigaciones sobre la historia del pensamiento filosófico.
Existe una tradición historiográfica según la cual la filosofía en Cuba comienza con el sacerdote José Agustín Caballero a finales del siglo XVIII. A esta tradición se ha incorporado la obra de los historiadores de la filosofía cubana desde Medardo Vitier y Jorge Hernández Travieso hasta los recientes trabajos de Eduardo Torres Cuevas.

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El teléfono en Pinar del Río

Wilfredo Denie
ImageEntre tantas aplicaciones de la electricidad, el teléfono es una de las que más profundamente han transformado las relaciones de los hombres. Este aparato hace posible la vida en las grandes ciudades modernas, donde los más complicados asuntos se resuelven muchas veces sin necesidad de que las personas se reúnan, sin que se vean ni se hablen cara a cara. Basta que hablen por teléfono. Y no solo esto: las personas que viven alejados una de otras, incluso en países y continentes distintos, pueden ponerse en comunicación, hablar y decidir cuestiones, a veces de vital importancia en breve tiempo y sin que ninguno de ellos tenga que verse precisado a abandonar su residencia para hacerlo.
Este revolucionario invento llegó a cristalizarse en 1876 por el físico y electricista norteamericano Alexander Gradhan Bell (1847- 1922). El aparato telefónico transmite a larga distancia la palabra y toda clase de sonidos por la acción magnética. En 1878 se inaugura en New York la primera central telefónica.

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Necesidad de una historia desde la sociedad civil en Cuba (I)

Las “minorías guiadoras y los gérmenes no desenvueltos” del siglo XIX
ImagePor Dagoberto Valdés
Llegado el momento de la gestación y el parto de un nuevo modelo de república, los cubanos debemos asumirlo con la herencia y el talante propios. Pero, como en todo nacimiento, sabemos también que la genética muta y transmuta, las probabilidades se sortean y hasta, más contemporáneamente, se intenta manipular y hacer ingeniería genética con originales y clones de la transición a la democracia.
Unos maniobran para entrar en la nueva República por la vía de la cesárea política. Otros desconfían de la temblorosa mano del cirujano y aplican los fórceps de la vía económica, con aquella vieja teoría, con refajo medio marxista y medio liberal, valga el sincretismo, de que abriendo en el mercado se abre en lo demás

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Apuntes para una historia de la salud pública en Cuba

José Gabriel Barrenechea.
Los cubanos hemos sufrido durante los últimos 50 años el desconocimiento y hasta quizás la mala fe de no pocos europeos. Recuerdo ahora a Gianni Mina, que en los preámbulos de su best seller, Un Encuentro con Fidel, se impuso la tarea de convencer a los italianos, y no solo “progres”, que lo que no estaba bien para su país, sí lo era para esta aldea de guanajatabeyes.
Pasaba por alto, quizás por injustificable ignorancia, que hasta 1960 Italia iba a la saga de Cuba en no pocos indicadores de calidad de vida básicos, y que en cuanto a tradiciones democráticas la Italia del risorgimento, renacida aproximadamente por los mismos años en que los cubanos nos fuimos a la manigua, no andaba mejor que nuestro país.

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El acueducto en Pinar del Río.

Por Wilfredo Denie Valdés
Tirando una ojeada al plano topográfico del pueblo de Pinar del Río, levantado por Mariano Casadoval el 8 de abril de 1844, aparecen decenas de pozos artesianos o particulares de los cuales se surtían 128 casas en ese período y que se elevaban, en el año 1853, a 165. Su población era de 1418, según los censos realizados. Es importante señalar que la mayoría de esas casas estaban construidas de guano, otras de guano embarrado y casas de tejas en menor escala. El caudaloso río Guamá cuyas aguas no estaban contaminadas eran utilizadas por los llamados aguadores, que las conducían a las zonas pobladas para su consumo.
A tal fin, con el esfuerzo realizado por sus moradores por Real Orden de 27 de julio de 1859, se crea el Ayuntamiento de Pinar del Río, supliendo a la Junta Municipal.

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Al margen de la historia: Antoñita Domínguez en el trono de España.

Por Leonel Antonio de la Cuesta
Don Álvaro de la Iglesia, escritor español autor del libro Tradiciones Cubanas, le dedicó un capítulo del mismo a Antonia Domínguez y Borrell a quien llamó “reina de España”. Exageró mucho don Álvaro. Otro escritor español de nuestros días, don Juan Balansó, la caracterizó con el contradictorio epíteto de “la reina de la República”. ¿Quién fue esta cubana tan encumbrada como desconocida?
Orígenes
Antonia Domínguez y Borrell (o María Antonia Domínguez y Borrell) nació en el año de gracia de 1831 en Trinidad, una de las siete primeras villas fundadas por el conquistador Diego Velázquez, situada en el centro de la Isla en la provincia que indistintamente se ha llamado Santa Clara, Las Villas y Villa Clara.

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¿Vivir otra vez?

Sobre el buque Saint Louis y los 936 judíos que no pudieron desembarcar en Cuba.
ImagePor Dr. Antonio Llaca
Amberes. Bélgica/ Septiembre de 1998.
Amberes (Antwerpen en idioma holandés) es una ciudad sencillamente deliciosa, más llena de historia que de gente, es de esos sitios donde la vida moderna con su extraordinaria dinámica conjuga perfectamente con un ambiente cargado de hechos ocurridos en los últimos diez o doce siglos en una armonía digna de la envidia de cualquier otra gran ciudad del mundo; posee el más importante puerto del norte de Europa y la mayor industria de tallado de diamantes del mundo, pero por sobre todo, es una ciudad llena de arte.

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La carretera central.

Por Wilfredo Denie Valdés
Image A mediados del siglo antepasado las comunicaciones terrestres entre La Habana y las poblaciones de Vueltabajo, se realizaban principalmente por el llamado Camino del Centro y otros que no eran más que infernales vericuetos. Por estos intransitables caminos polvorientos en tiempos de seca y fangosos en tiempos de lluvias, solamente circulaban carretas tiradas por bueyes, volantas y coches conducidos por buenos caballos alazanes.
Las otras vías de comunicaciones era muy limitadas: el ferrocarril, que partiendo de La Habana solamente llegaba hasta Guanajay, y las líneas de vapores que ponían en comunicación desde el surgidero de Batabanó y los embarcaderos de la costa sur de Vueltabajo.

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San Diego de los baños: tesoro nacional.

Por Maikel Iglesias Rodríguez
ImageHay un sitio en el gran Pinar del Río, que es prodigio de Cuba y coloca a sus predios entre los altares más preciados de la Humanidad. Esos mágicos entornos que devienen maravilla por sus bendiciones, designios que generan pueblos y cautivan visitantes, y por ende, se convierten en destinos consagrados de la naturaleza, rutas incomparables de peregrinación humana.
Es orgullo y tesoro este lugar cubano, como lo han sido también desde sus descubrimientos: los pequeños paraísos naturales de Alemania, Francia, México, Turquía, España, Inglaterra, El Salvador; cada rincón con sus propias leyendas y matices diferentes, por supuesto. Todos en común, el mito e innumerables testigos de sus dones milagrosos.

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