Internacionales

Cuba y la crisis europea

Por Virgilio Toledo López
 
 Embajada de España en La Habana. Foto de Jesuhadín Pérez
¿Qué relación guarda la crisis económica de la Unión Europea con Cuba y su proceso de democratización? ¿Cómo ha influido y de qué manera ha afectado al respeto y reconocimiento de los derechos humanos y a las libertades fundamentales de los cubanos? ¿Descongelamiento de la Posición Común de la Unión Europea?
 
A raíz de la Primavera Negra de Cuba en 2003, cuando más de 75 personas, que simplemente trabajaban por la democracia y los derechos de todos los cubanos de manera pacífica, fueron detenidas por el gobierno cubano, condenándoles en juicios arbitrarios a excesivas y draconianas penas de prisión y como si fuera poco, lejos de su familia, la popularidad nacional e internacional de las injusticias cometidas desde el arribo al poder, en el año 1959 de los actuales gobernantes, alcanzó su mayor nivel. Como suele ocurrir cuando hay hechos tan flagrantes que violan la dignidad, la libertad y derechos de los seres humanos, la respuesta del mundo libre no se hizo esperar, surgiendo una red de personas, asociaciones, fundaciones y países que se solidarizaron con Cuba, y concretamente con las personas y las familias caídas en desgracia y con la lucha de los heroicos cubanos que decidieron en su momento arriesgar todo por procurar una sociedad libre, sin exclusiones de ningún tipo.
 
Algunos criterios sobre la relación entre la crisis económica de la Unión Europea y la lucha por la democracia y el Estado de Derecho en Cuba
 
Bien sabemos que los tiempos de crisis son pruebas difíciles y pueden servir para afianzar o deteriorar la identidad de una persona, de un país o una Unión, máxime si está en juego su subsistencia o bienestar. La Unión Europea ha sufrido y está sufriendo aún una profunda crisis, por lo que no debe sorprendernos que las políticas individuales y colectivas del bloque y de sus integrantes, prioricen sus intereses domésticos ante la agenda internacional, pasando a un segundo plano el apoyo a la libertad y los derechos democráticos de países que están aún bajo gobiernos irrespetuosos y violatorios de los derechos civiles, políticos y económicos, sociales o culturales de sus ciudadanos.
 
Ahora bien, el hecho de que no deba sorprendernos, no significa, que no esperemos o exijamos que la Unión Europea, sea fiel a la identidad de su fundación que se cimenta en el respeto y promoción de los principios de libertad, de la democracia, del respeto de los derechos humanos y el Estado de Derecho y del Bienestar. Por lo que está comprometida a que sus acciones concretas estén encaminadas a apoyar la consolidación de la democracia y del Estado de Derecho en todo el mundo, de no ser así, dejaría de ser coherente a su razón de ser y existir. La Unión Europea ha sido y es ejemplo a nivel mundial de equilibrio, seriedad, estabilidad y profundidad democrática. De hecho, uno de los principales objetivos de acción que definen su política exterior, es el compromiso por el desarrollo, la consolidación de la democracia y del Estado de Derecho, así como el respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales. Esta ayuda no solo está encaminada a los gobiernos, sino a instituciones públicas, diferentes actores políticos y organizaciones de la sociedad civil.
 
En este marco es que surge la Posición Común de la Unión Europea, condenando las violaciones del gobierno cubano contra defensores y promotores de los derechos humanos, de activistas políticos y cívicos a favor de la democracia y la consecución de mayores grados de libertad, igualdad, justicia y prosperidad. España, que por razones culturales, históricas y afectivas, es el país que mayor influencia podía tener en la Comunidad Europea para tratar el caso Cuba, lideró junto a los países del este de Europa, que padecieron los totalitarismos comunistas, las presiones sobre el gobierno cubano. Una serie de iniciativas fueron tomadas por los gobiernos entre las que se encontraban: la invitación a las Fiestas Nacionales de sus países que se celebraban en las distintas embajadas de La Habana; la posibilidad de acceder a Internet, vetada o muy limitada para los cubanos de la Isla; el acceso a diferentes fuentes de información como libros, revistas, diarios y otros; la financiación parcial o total de diferentes proyectos que surgían o existían ya en la emergente sociedad civil cubana.
 
Era de esperar una airada respuesta del gobierno cubano. Se le escapaba de las manos el control que había ejercido sobre la sociedad. Se le caía la imagen de “paraíso terrenal” que se había construido, bastante eficazmente, hay que reconocer, empleando tantos recursos y empeños. Se conocía en el mundo, de sus arbitrariedades, de sus injusticias. Numerosas personalidades marcaron distancia con el sistema, aumentaba el acceso a diferentes fuentes de información de los cubanos, rompiendo el férreo bloqueo al que había sido sometido durante tantas décadas. Nunca antes un grupo de países tan numeroso y de manera unánime había condenado tan explícitamente las violaciones de derechos humanos en la Isla.
 
Imposible para el gobierno aceptar esa realidad sin hacer nada para contrarrestarla. Sería como renunciar al “bien superior” al que se han aferrado con uñas y dientes durante más de medio siglo, la permanencia en el poder y el control sobre el pueblo. Comenzó entonces el pulso entre La Habana y la Comunidad Europea. Entre otras, principalmente tres bazas, marcaron la actuación del gobierno:
 

1.Aumentar la intensidad de la represión interna. Con un cambio de estilo: en vez de aplicar largas condenas a los opositores, los sometía a detenciones sistemáticas, frecuentes y de menor duración para mantener la sensación de peligro y acecho sobre ellos con el objetivo de impedir la articulación de esfuerzos y proyectos. Algo que se tornaba mucho más difícil por el durísimo golpe recibido con la masiva detención de la Primavera del 2003.

2.Engrasar la vieja maquinaria informativa de los medios para desacreditar la labor de los trabajadores cívicos y políticos detenidos, acusándolos de mercenarios. Este método no era novedoso, lo había empleado una y otra vez y a pesar de que había perdido efectividad se aferraba a su eficacia probada antaño.

3.Cortar la comunicación con los representantes diplomáticos de los países de la Unión Europea en La Habana, o rebajarlas al mínimo nivel posible sin llegar a romper las relaciones diplomáticas. Precisamente una de las fortalezas de una dictadura es cerrarse, aislarse del mundo libre, para no ser juzgada, ni condenada ni forzada a cambiar. Si no conoces nada o muy poco de la vida del país, no puedes formarte un criterio fidedigno de la realidad, ejemplo claro de eso es Corea del Norte.

 
Triunfó en España el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), el liderato que hasta ahora había asumido el gobierno de José María Aznar en las presiones al gobierno cubano cambió de orientación, fue nombrado un nuevo Embajador en La Habana de ideología comunista y suspendieron los contactos con la oposición y la sociedad civil. Los intereses económicos de España en la Isla primaron ante la mantención de una postura crítica y firme frente a las violaciones de los derechos humanos. Con el paso del tiempo el pulso fue inclinándose a favor de La Habana. Hábilmente, el gobierno concedió algunas licencias extrapenales a los más enfermos y posteriormente comenzó a liberar, en orden, a los presos del grupo de los 75 que aceptaban salir del país, sin darle prácticamente opción de escoger, por último, terminando de liberar a los que optaron por quedarse en la Isla.
 
¿Cómo ha influido y de qué manera ha afectado la crisis europea al respeto y al reconocimiento de los derechos humanos y las libertades fundamentales?
 
Las medidas mencionadas anteriormente, el abocamiento de la profunda crisis, el prolongado tiempo sin solucionarse el caso Cuba, las tibias y superficiales medidas del gobierno de La Habana en materia de inmigración, propiedad privada y el elemento imprescindible de que la Isla no constituye un problema o una situación de interés de primer orden para la Unión Europea, provocaron que disminuyeran gradualmente los apoyos a la sociedad civil cubana y bajaran el nivel de las presiones, hoy en día en su más bajo perfil desde la Primavera del 2003.
 
No pocas personas del mundo libre se preguntan cómo es posible que durante tanto tiempo haya existido un único gobierno en la Isla y el pueblo no se haya rebelado. Esta situación es compleja y no se puede valorar tan a la ligera. Los países que han padecido diferentes dictaduras y más directamente las del comunismo totalitario, pueden hacerse una idea más aproximada del porqué no se articula la sociedad civil para rebelarse contra ese poder arbitrario. Quizás los análisis pasen por lo que llamaba Hannah Arendt “dominación total” como los tres tipos de desapropiación: la de la individualidad, la jurídica y la moral.
 
Hacer oposición política o trabajar por la sociedad civil en Cuba sin seguir los cánones oficiales, es heroico, como lo es en cualquier dictadura del mundo. El coste que hay que pagar es demasiado alto. Comenzando por ser un excluido social y laboralmente porque el Estado es prácticamente el único dueño y empleador, e incluso, en la tibia y muy insuficiente apertura de los trabajos por cuenta propia, mantienen un férreo control sobre qué oficios pueden desempeñarse. No pueden percibir legalmente ningún salario por hacer oposición o cualquier labor cívica, si reciben alguna donación o ayuda del extranjero, perfectamente pueden ir a la cárcel como ha ocurrido ya en varias ocasiones. Pensemos en los Diputados, Senadores, diferentes Fundaciones o Asociaciones Cívicas del mundo libre contemporáneo. Imaginemos que tuvieran que realizar su labor sin recibir un salario o sin fondos otorgados a ese proyecto, y que si lo recibieran pudieran ser acusados en cualquier momento de mercenarios y ser sometidos a largas condenas carcelarias. Esa es la realidad que viven en la Isla los luchadores por las libertades y los derechos de todos. Sumemos a eso el estado de indefensión al que están sometidos ante el poder, con una “espada de Damocles” sobre los que se deciden a afrontar los riesgos. La historia ha sido testigo, por desgracia, de esa triste realidad. Por estas razones y otras es que se hace imprescindible para la emergente sociedad civil cubana el apoyo del mundo libre. Los proyectos que estimulen, promuevan, financien y asesoren la lucha por la libertad y la democracia en Cuba son de vital importancia. Si el gobierno de Cuba no está permanentemente monitoreado y presionado por sus violaciones sistemáticas sobre los derechos humanos y la libertad de sus ciudadanos por la Comunidad Internacional de la cual la Unión Europea es uno de sus mayores y más creíbles exponentes, se sentirá más libre de hacer y cometer cualquier tipo de violación o represión.
 
El gobierno de La Habana gana el pulso a la Unión Europea
 
No es que creamos que la Comunidad Europea renunciará a sus opciones, principios y conceptos sobre la democracia, los derechos humanos y las libertades de los seres humanos, pero hay que ser realistas. Al estar enfrascados en una profunda crisis, la prioridad cambia de foco. España, y el regreso del Partido Popular (PP) al gobierno, alentó las esperanzas de que aumentaría su liderazgo en las presiones al gobierno cubano para que fuera transitando hacia mayores grados de democracia, si no alcanzando los niveles de los años del 2003-2004, por lo menos, manteniendo un observatorio constante y unas iniciativas que apoyaran a la sociedad cívica y política en Cuba para alcanzar la transición definitiva hacia la democracia. Lamentablemente no ha sido así, la crisis de España, aunque hay indicios macroeconómicos de recuperación, es de las más serias en Europa. También los sucesos en los que estaba presente Ángel Carromero, joven líder del PP, donde fallecieron Oswaldo Payá Sardiñas, líder del Movimiento Cristiano Liberación y Harold Cepero, integrante del ala juvenil del mismo, afectaron aún más su política, otorgándole al gobierno cubano un recurso para presionar y negociar con Madrid. Aunque no signifique que vayan a cambiar su política de apoyo a la libertad y el respeto de los derechos humanos, le ponen otro ingrediente a tener en cuenta: que el gobierno cubano la ha convertido en un arma política a su favor.
 
La Unión Europea tiene unas directrices muy claras sobre derechos humanos y en particular sobre sus defensores, que sería importante que no descuidaran en su decisión de descongelamiento de la Posición Común para contribuir más eficazmente a los avances del Estado de Derecho y la democracia en Cuba.
 
Sería loable y hablaría muy alto de la seriedad, profundidad de arraigamiento y eficacia de los principios democráticos de la Unión Europea si asumiera el protagonismo que puede desempeñar. Es imprescindible para que los países que todavía padecen sistemas totalitarios, como Cuba, puedan transitar hacia una sociedad más libre y democrática, donde el pueblo sea el principal protagonista de su destino.
 
Las recientes palabras en La Habana del canciller holandés Frans Timmermans: “Es tiempo de que la Unión Europea actualice sus relaciones con Cuba, sobre la base de todos los hechos que están teniendo lugar”, fueron la antesala de lo que ya se veía venir desde hace meses: la descongelación de la Posición Común por parte de la Unión Europea, algo que ha sido reconocido por voceros europeos declarando que: “un grupo de trabajo -compuesto por expertos de los 28 países del bloque- aprobó” la revisión de las relaciones diplomáticas con la isla caribeña. Esta nueva realidad ya ha sido bautizada como “Diálogo político y acuerdo de cooperación”.
 
Cuando está en juego la credibilidad de la Unión Europea ante esta situación con el gobierno de Cuba, se impone que las políticas colectivas del bloque prioricen la agenda internacional encargada de alcanzar mejoras en la lucha por la libertad y los derechos democráticos de países que están aún bajo gobiernos irrespetuosos y violatorios de los derechos civiles, políticos y económicos o culturales de sus ciudadanos ante lo doméstico, o ante intereses económicos o de otro tipo que empañen su credibilidad. Es cuestión de identidad.
 
Cabría preguntarse: ¿Urge una actualización de la política de la Unión Europea hacia Cuba? La respuesta, indudablemente, podría ser afirmativa y es muy posible que todos los demócratas de la Isla estén de acuerdo con este propósito. Pero, atención, diálogo sí, pero diálogo real, donde esté contemplado en la hoja de ruta del mismo la representación de la sociedad civil cubana. Aunque en la primera etapa no sea viable, debe estar planificado, que representantes de la sociedad civil sean parte real y protagonistas de este diálogo. Con estas condiciones adquiriría la categoría de diálogo serio, profundo, estructural, incluyente y los resultados, seguro, serían mucho más positivos.
 
Esencialmente la realidad de Cuba no ha cambiado, por lo que el apoyo a los proyectos alternativos de la sociedad civil no deben eliminarse o disminuirse. Esto puede ser una vía eficaz para que la voz de la sociedad civil cubana se escuche en Europa y en el mundo y se tenga en cuenta a la hora de revisar o modificar líneas de trabajo hacia la Isla. La Posición Común puede y quizás deba ser revisada y actualizada, y por supuesto, debe reconocer los tímidos y superfluos cambios que ha realizado el gobierno de La Habana pero sobre todo para alentarlo a que siga en esa dirección porque le falta mucho camino por recorrer en ese sentido. Está en el inicio. Pero esto no debe influenciar para cambiarla sin un análisis serio, libre de intereses espurios, más bien debe incrementarse la exigencia y supervisión hacia el sistema, que por voluntad propia ha demostrado en 55 años que no transitará hacia la democracia y el Estado de Derecho.

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Virgilio Toledo López (Pinar del Río, 1966).
Ingeniero Electrónico. Premio Ensayo 2006 en el concurso “El Heraldo”.
Autor del libro “El daño antropológico y Derechos Humanos en Cuba”. 
Ha publicado en revistas nacionales y extranjeras. 
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia. Fue Responsable de la Consultoría Cívica del
Centro de Formación Cívica y Diseñador de la revista Vitral y Convivencia.
Presidente de la Asociación sin ánimo de lucro ConvivenciaCuba-España.
Actualmente vive y trabaja en Madrid. 

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