Internacionales

La reforma migratoria cubana: ¿ahora sí?


Por Yoandy Izquierdo Toledo
 
Vista del aeropuerto de Moscú. Foto de Maikel Iglesias

Aspectos generales
 
La reforma migratoria cubana, del 14 de enero de 2013, modificadora de la restrictiva Ley de Migración vigente en Cuba desde 1976, ha sido aplaudida por los cubanos y la opinión pública internacional por su doble impacto si se mira desde las aristas de respeto a los derechos humanos y las libertades políticas de los ciudadanos.
 
Esta nueva ley, que ya cumple más de un año en vigor, forma parte de un conjunto mayor de reformas que ha puesto en marcha el gobierno de Raúl Castro desde el año 2006, con el objetivo de “actualizar el modelo socialista para hacerlo más efectivo frente a los problemas sociales y económicos que confronta el país”. El mismo modelo que provoca un enorme descontento social, marcado por la acostumbrada lentitud de los cambios, la pérdida de la fe en ellos y la moraleja común de que en Cuba los cambios tienen tanto de nobles, cuanto de peligrosos.
 
La ley del 14 de enero establece la libertad de todo cubano a salir del país habilitando su pasaporte y no, como sucedía anteriormente, sometiéndose a un procedimiento burocrático muchas veces marcado por el reglamento político del gobierno. Es cierto que el trámite de solicitud del pasaporte cubano es sencillo, ya tan normal como solicitar el Documento Nacional de Identidad o Carné de Identidad, como se le dice en Cuba. Solo que ahora este trámite tiene un valor de 100 CUC, cuando el salario promedio de un cubano oscila alrededor de los 20 CUC mensuales. Además, se necesita la visa del país de destino, en caso de que este así lo requiera. Es decir, que la ley eliminó el llamado “permiso de salida” que durante mucho tiempo puso trabas a los viajes de los cubanos al exterior.
 
También una de sus principales ventajas es que contempla la extensión de 11 meses a dos años, del tiempo de permanencia en el extranjero, lo que permite no perder la residencia en Cuba durante ese período.
 
Algunas cifras… nada alarmantes
 
Según estadísticas publicadas por el Departamento de Inmigración y Extranjería de Cuba, en los primeros 10 meses posterior a la implantación de la ley se registraron en el país 257 518 salidas al exterior; lo que representa un 35% más que el año anterior a la reforma. Es decir, aproximadamente un cuarto de millón de personas viajó libremente, en un país que, según el último censo nacional de población y viviendas, tiene alrededor de 11 millones de habitantes. Para nada es normal, si nos consideramos un país normal, que viaje mucho menos que la undécima parte de sus habitantes. Incluso, el propio informe ofrece la cifra exacta de 184 787 personas que han viajado, lo que significa que en el total de salidas hay quienes ya lo han efectuado más de una vez y por eso la cifra es mayor. Si es así después del cambio de ley, imaginemos las estadísticas de los años anteriores a 2013.
 
El estricto cumplimiento de la ley: una asignatura pendiente
 
La principal ventaja de la ley, desde mi punto de vista, ha sido que cada cubano, disidente, opositor, ciudadano común, trabajador consagrado o estudiante, etc. (claro está que, en muchos o casi todos los casos, invitados y con los gastos de pasaje y estancia asegurados por quien invita) pueda salir a un evento internacional, por motivos personales, al reencuentro con sus familiares, o por muchas otras razones. Y un poco más relevante es que cada cubano que sale es portador-multiplicador de la realidad que vive toda Cuba, de sus tristezas y alegrías, de sus aciertos y desaciertos, de las vivencias cotidianas. Y si regresa, como lo ha hecho la gran mayoría de quienes han salido, lo hace con una nueva perspectiva de futuro, con ideas revitalizadas para su proyecto de vida o con una percepción del mundo que para nada se corresponde con el blanco y negro con que siempre nos han descrito la realidad exterior. Ahora bien, si las leyes son para cumplirlas ¿por qué, arbitrariamente, son violadas en reiteradas ocasiones con determinados ciudadanos a la hora de una salida al exterior? ¿Tiene la ley algunas cláusulas contempladas que desconocemos sus beneficiarios? O ¿existe un tratamiento diferenciado en la Cuba donde “todos somos iguales y tenemos los mismos derechos”? ¿A qué responde todo esto?
 
Quien escribe tiene referencias muy cercanas de ciudadanos que han sido “llamados”, en ocasiones hasta violando la ley de procedimiento penal que establece una citación previa y de forma escrita, a las oficinas de Inmigración y Extranjería en la víspera de una salida de Cuba. En ninguno de estos casos ha sido por problemas con trámites migratorios con el pasaporte emitido o el visado del país de destino. Ha sido para cuestionar los objetivos del viaje, la fuente de financiamiento, a quién visitarás o con quién te verás. Nunca son personas que tienen que ver con estos trámites, son oficiales de la Seguridad del Estado de Cuba. Las conversaciones, entrevistas, advertencias, siempre terminan siendo “amistosas” de su parte y con la frase: “usted no tiene ningún problema para salir de Cuba”. Este acto, que no debe convertirse en modus operandi, es una violación a esta nueva ley que tiene como principal ventaja la eliminación de los permisos de salida de antaño.
 
Esta es solo una de las violaciones, digamos que la de mejor suerte. ¿Qué decir de quienes son interceptados al regresar, en el propio aeropuerto, seleccionados por el “azar” para, en el mejor de los casos, revisar su equipaje personal? También, sin caer en lo anecdótico, pero inevitablemente partiendo de experiencias cercanas e incluso de vivencias, puedo dar fe de esto.
 
El azar es una cualidad presente en diversos fenómenos que se caracteriza por no mostrar una causa, orden o finalidad aparente. Está claro que en los casos que estamos analizando el azar no es más que un disfraz para justificar las exhaustivas revisiones que van desde una prenda de ropa interior, hasta la lectura de unas cartas dentro de un sobre sellado (que no son ni propiedad de quien las porta).
 
Anteriormente dije “revisión del equipaje en el mejor de los casos” porque también están las retenciones y las confiscaciones de objetos como: dispositivos de almacenamiento masivo (memorias flash), computadoras (no importa que haya sido llevada desde Cuba a la hora de partir), documentos de cualquier tipo, agendas o blocks de notas, entre otros muchos. La diferencia entre estas dos medidas está en que: si al viajero, una vez que ha sido apartado de la fila y detenido diferenciadamente por los oficiales de la aduana, “guiados por el azar”, se le retienen una serie de objetos, este tiene el derecho a reclamarlos para que, una vez que hayan pasado 30 días en que son analizados por la Aduana General de la República de Cuba (AGRC), le sean devueltos. De ser necesarios, la AGRC cuenta con una prórroga de 30 días, fecha definitiva en que decide si pueden ser devueltos o no los objetos retenidos. En cambio, cuando se trata de una confiscación o decomiso, como lo dice la palabra, se priva de dichas posesiones al viajero. Por ejemplo: solo puede viajar con un total de 5 memorias flash; el resto serán decomisadas.
 
Y para que recordemos que la historia del viaje de un cubano puede llegar más lejos, también hay quienes han sido citados a las oficinas de la Policía Nacional Revolucionaria de su provincia para analizar documentos, por ejemplo, de encuentros con Premios Nobel de la Paz, que le fueron retenidos en el aeropuerto internacional José Martí de La Habana. El único país donde los derechos humanos y los Premios Nobel de Literatura o de la Paz tienen un efecto negativo.
 
Exhortación final
 
Yo lo llamaría el vía crucis del cubano: viajar al extranjero puede tener sus conflictos antes, durante y después del viaje. No obstante, nos seguiremos preguntando si existe la libertad de violar la ley y los derechos ciudadanos consciente y arbitrariamente.
 
Es inaceptable que no se hagan presentes los principios de justicia y equidad en el cumplimiento de determinada ley. Máxime cuando se trata de la reforma migratoria y el propio gobierno cubano sostiene nuevas rondas de diálogo migratorio con E.E.U.U., uno de los principales destinos de los cubanos desde antes del 2014. El objetivo del diálogo, según fuentes oficiales, es buscar una emigración segura, legal y ordenada. El gobierno cubano necesita cumplir sus propias leyes y respetar los derechos humanos todos.
 
Está hecha la ley que deja atrás más de medio siglo de prohibiciones en este tema y todos la acogimos como un derecho que nos fue arrebatado durante todo este tiempo. Cúmplanse pues, en la justa medida, los procedimientos. ¡Que los cubanos todos, de verdad, podamos viajar libremente!
 
Yoandy Izquierdo Toledo (Pinar del Río, 1987).
Licenciado en Microbiología.
Miembro del Consejo de Redacción de la revista Convivencia.
Responsable de Ediciones Convivencia.
Reside y trabaja en La Habana.

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