Internacionales

La ley migratoria cubana: año y medio después

 
Por Dagoberto Valdés Hernández
 
Salida de embarque del aereopuerto de La Habana Cuba. Foto de Maikel Iglesias.

Cuba tuvo durante décadas, graves violaciones del derecho a viajar libremente. El 14 de enero de 2013 entró en vigor la entonces “nueva” Ley Migratoria. Como todas las reformas ha tenido luces y sombras.
 
Es bueno recordar que el derecho humano a salir y entrar de su propio país debe ser reconocido, respetado y alentado por todas las autoridades y ciudadanos. Cada país se reserva el derecho de admitir o no a inmigrantes y la justicia muchas veces se ausenta en este aspecto todavía en muchos países. Otra cosa es que tu propio gobierno impida la salida del país como si fuera una “cárcel” grande.
 
En Cuba, esta fue la realidad hasta hace 18 meses. Sin embargo, todavía, hay cubanos y cubanas a quienes se les impide salir de la Isla por razones políticas, argumentando que están bajo una llamada “licencia extrapenal”, medida supletoria de una condena de cárcel por causas políticas. Es el caso de los del grupo de los 75 que decidieron permanecer en Cuba. Esta discriminación debe cesar.
 
En cuanto a las restricciones de tipo económico, los cubanos no solo comparten las de cualquier otro ciudadano del mundo que desee viajar, sino que ve acrecentada esa limitación por la sencilla e injusta razón de que la moneda con que se le pagó su exiguo salario es 25 veces menor que la moneda en que debe comprar los pasajes, pagar el pasaporte, las visas, el seguro de viaje y los derechos de aeropuerto, entre otros gastos. Viajar significa para la inmensa mayoría de los cubanos una quimera inalcanzable como comprar un auto o una casa. O también significa salir al mundo con una mano delante y otra detrás dependiendo casi totalmente de los que lo invitan. Esta situación también debe cesar.
 
Pero como la mencionada Ley también abrió las puertas del encierro generalizado, debemos mencionar las luces o ventajas que ha traído para, como hemos aclarado, aquellos que logran ser invitados con todos los gastos pagados, logran el visado correspondiente y no clasifican en ninguno de los numerosos incisos del numeral que restringe el derecho a viajar.
 
Contando con eso, he aquí algunas ventajas:
 
1. Se reconoce un derecho universal e inalienable.
2. Debilita el encierro psicológico y físico.
3. Rompe el aislamiento humano e informativo.
4. Abre el intercambio de los cubanos con otras realidades económicas, políticas y culturales.
5. Permite a los cubanos relativizar sus valoraciones en un sentido y en otro.
6. Facilita al resto del mundo conocer directamente la realidad de los cubanos sin viajar a la Isla, gracias al testimonio de vida de los que viajan al exterior.
7. Los cubanos tienen acceso a formación e informaciones, plurales y abiertas.
8. Los cubanos pueden participar de reuniones, intercambio de experiencias, eventos culturales, religiosos, políticos, etc.
9. Los cubanos pueden intentar buscar trabajo con una remuneración digna para regresar a su País y mejorar la calidad de vida de su familia.
10. Cuba se abre al mundo y se integra a él a través de encuentros entre representantes de la sociedad civil y de cada ciudadano individual, y no solo a nivel de mandatarios y cumbres alejadas de nuestra realidad.
 
Otras ventajas del ejercicio de este derecho, aunque sea limitado aún, pudieran ser mencionadas. Dejo al lector el ejercicio de imaginarse a sí mismo encerrado en su propio país, citado por la Seguridad del Estado para ser interrogado sobre el motivo de su viaje, quién lo financia, dónde residirá, o ser registrado minuciosamente por los agentes aduanales que tienen que consultar sistemáticamente si confiscan una laptop de uso personal, una memoria, un libro publicado con autorización legal en cualquier país o una simple agenda de viaje, sin que usted hubiera violado para nada las ya injustas leyes aduaneras de su propio país, traiga el peso reglamentario o menos, y se vea interrogado como un delincuente por los motivos de su viaje.
 
Pudiera también imaginar un Estado que interpone causas judiciales de clarísimo matiz político como pretexto para revocar esta misma ley y prohibir a disidentes el poder viajar libremente.
 
El lector podrá imaginar lo que los hijos de Cuba valoramos un paso de apertura como es esta Ley migratoria, claro, en espera y empeñados en conseguir que las autoridades cubanas se den cuenta que no son dádivas, sino derechos, que no son permisos extraordinarios, sino libertades insoslayables.
 
En cuanto a los viajes de los cubanos y el tratamiento en los aeropuertos, las autoridades cubanas que viajan con tanta frecuencia deberían tomar, no las salas VIP, sino el camino común para ver que a pesar de las ineficiencias de cualquier aeropuerto del mundo, lo que pasa en Cuba, rebasa con creces cualquier drama policial chapucero y mal interpretado.
 
En esto, como en muchos otros aspectos más de nuestras vidas, Cuba debe abrirse definitiva e irreversiblemente, a la normalidad.
¡Ah! Perdonen los demás lectores, pero con relación a Cuba es necesaria una nota bene: Normalidad no es el imperio de las normas contra las libertades, sino el respeto y la promoción de todos y cada uno de los derechos de todo ser humano.
 
Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).
Ingeniero agrónomo. Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004,
“Tolerancia Plus” 2007 y A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011.
Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.
Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006.
Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director. Reside en Pinar del Río.