Internacionales

España en urgencias. Nacionalismo provinciano vs. Nacionalismo Imperial


Por Henry Constantín Ferreiro
 
Manifestación en apoyo a la independencia de Cataluña. Foto tomada del sitio ewww.abc.es.

Las campanadas enormes de la Almudena me atraparon por sorpresa a las seis de la tarde gris, justo en medio de la Plaza de la Armería, con el Palacio Real al fondo y el río Manzanares cuesta abajo. El minúsculo humano que caminaba cámara y mapa en manos, quedó anonadado por la grandeza del instante, por el ruido imperial y cadencioso de aquellas moles de metal en las torres de la catedral madrileña. Sentí que estaba atravesando el corazón palpitante de lo que una vez fue el mayor imperio del planeta, y de donde salí yo hace siglos, repartido en los genes de mis antepasados que huían para siempre o iban a defender con vigor esa gran nación que todavía es, si sus mayorías y sus líderes no cometen equivocaciones, España.
 
Cuando se desvanecían las últimas campanadas, el altavoz de un auto blanco con el rótulo de Podemos -ese partido de instinto chavista que irrumpió con éxito en España- cortó el momento, vociferando improperios contra “los millonarios y la clase política”. Toda una metáfora esa tarde mía frente a la Almudena.
 
El espejo español
 
Miembros de la familia real, unos cuantos cuadros políticos -a veces altos- del partido de gobierno y otros de las demás formaciones, líderes sindicales, artistas célebres, empresarios… Españoles de todo tipo mezclados en escándalos cuyo eje central es “disponer de más dinero del que me corresponde legalmente.” Con ese caldo de cultivo que salpica a culpables e inocentes por igual, y en un ambiente democrático donde es posible llevar el malestar colectivo casi hasta las últimas consecuencias, es normal que todo aquello que amenaza a España cobre fuerza: el populismo de Podemos y el nacionalismo catalán, a la cabeza.
¿Qué les importa eso a los cubanos? Mucho, porque decenas de miles de los nuestros se han hecho españoles o residen allá, y miles más viven de lo que reciben de sus familiares y amigos en la Península, mientras miles de españoles vienen a Cuba, los más de turismo, los menos a ver si invierten dinero en este paraíso sin sindicatos ni protestas.
 
Pero nos importa también porque España, por lo mucho que nos parecemos genética y culturalmente, es un espejo de la Cuba probable. Las oleadas de corruptos de toda clase que en plena democracia se aprovechan del Estado, son una amenaza para la futura Cuba democrática, que no puede dejar que los demócratas corruptos les enajenen a los demócratas limpios el voto de las mayorías, como ya pasó en la Venezuela de los ´90, y está pasando ahora en España.
 
Mucho más que los españoles de la monarquía, la república, la dictadura y la transición, los cubanos solemos ver al Estado como un sitio de donde se puede tomar todo. Y esto no empezó con este gobierno ni terminará con él. Este otro fantasma, el de la corrupción, el poco respeto a los bienes públicos que administra el Estado, es un peligro silencioso mayor aún para nuestro país que todas las oficinas juntas de la Seguridad del Estado trabajando horas extras.
 
Nacionalismo imperial vs. Nacionalismo provinciano
 
Parece que la mayoría de los catalanes quiere ser independiente. En principio, le deseo la independencia a todo colectivo humano que la reclame como alternativa al dominio violento por otro grupo étnico -que no es el caso de Cataluña. Le deseo la independencia a los kurdos, los tibetanos, los saharauis, los tamiles y los uigures -aunque repruebo sus expresiones terroristas. Pero no se la deseo por razones nacionalistas -por pertenecer a una raza específica, hablar un idioma distinto, o creer en otra religión- sino porque sus derechos como personas -el uso de su idioma, su religión o sus ideas culturales y políticas- están disminuidos según la voluntad de un Estado impuesto en sus tierras con violencia. Y entonces la libertad nacional resulta la alternativa más directa para recuperar o adquirir derechos de un golpe. Si no es por esa razón, la soberanía política se vuelve un truco con el que una minoría local intenta conseguir más poder del que tiene. Y con fines que nadie adivina hasta que llega al poder esa minoría.
 
Pero el trauma actual de los catalanes, francamente, no lo veo. Su cultura, idioma e instituciones gozan de pleno respeto. Democráticamente hablando, hacen todo lo que quieren como individuos, y en el plano interno, como Estado.
 
Y yo no me metiera en ese complicado asunto peninsular, si no fuera porque creo en el extraordinario poder que tiene sobre el resto del universo “el aleteo de una mariposa”. Y Cataluña separándose de España es mucho más que el aleteo de una mariposa. Porque esa película la están viendo con ojos bien abiertos y risueños los independentistas vascos, gallegos y canarios, los valones en Bélgica, los lombardos y corsos en Italia y Francia respectivamente, y la probable reacción en cadena puede ser un golpe muy fuerte para la Unión Europea. Y todo golpe a la Unión Europea es un golpe a los que en el mundo preferimos democracia, derechos humanos y paz, en vez de lo que promueven los opuestos geopolíticos de Occidente -China, Rusia o el fundamentalismo islámico. Que hoy están lejos, Atlántico mediante, pero nadie sabe a dónde pueden llegar mañana.
 
Y Occidente, por si lo olvidamos, son los valores en los que, más o menos, todos tratamos de educar a nuestros hijos: Occidente somos nosotros, a veces sin darnos cuenta.
 
En lo que catalanes y los derrotados escoceses -entre otros- pujan por crear democracias cada vez más pequeñas, otra historia ocurre del lado menos libre del mundo.
 
China y Rusia están expandiendo sus estados muy poco democráticos, y el yihadismo, que corroe todo el sur de Asia y norte de África, ya ha logrado poner territorios bajo su control.
 
El heredero de los zares reconstruye su imperio sin mucho contratiempo europeo, a costa de Ucrania -ya lo hizo a merced de Georgia en el 2008 con el aplauso de los sombríos gobiernos del ALBA, y años antes con Chechenia, lo cual dibuja un patrón digno de temer, dadas las poblaciones de rusos étnicos en países del Asia Central, el Mar Báltico, y en Moldavia.
 
Mientras, China mantiene una muralla imaginaria más larga aún que la famosa, que no deja pasar una mínima brisa de autonomía ni libertades individuales a los tibetanos y los uigures, mientras mastica, lentamente, los derechos de hombres libres que el Reino Unido dejó a los chinos de Hong Kong. Y más allá del mar, la enorme “República Popular” no quita la vista de la pequeña isla de chinos libres y prósperos, Taiwán.
 
Resumen: en el mundo de hoy, el ingenuo nacionalismo dentro del mundo democrático está debilitándolo, mientras el nacionalismo con trasfondo imperial y desde estados autoritarios, crece poco a poco, reprimiendo incluso los instintos nacionales de quienes están en la mira. Los independentistas catalanes parece que tienen muy claro cuál es su lugar en la península ibérica, pero es obvio que no saben o no valoran el lugar que tienen en Europa y en el mundo.
 
España y Cuba
 
Cuba padeció una España que no quería salirse de Cuba, hasta finales del siglo XIX. Luego, nos rozó el alma la España de la Guerra Civil, a donde fueron a pelear -y murieron- muchos cubanos, y después la de la desesperanza y la dictadura, con sus miles de emigrados.
 
Ahora, Cuba está observando una España concentrada en sus graves problemas, cuyo apoyo público y decidido a los derechos humanos en Cuba ha disminuido un tanto, si se la compara con la de hace 12 años. Entonces el gobierno español ponía por encima de toda consideración la necesidad de que los cubanos fuéramos tratados como seres con derechos humanos por nuestro propio gobierno, ahora, el gobierno español actual emite gestos que no refuerzan esa idea.
 
¿Por qué ocurre esto? Porque los cubanos somos percibidos como tan poca cosa que la complicada política española prefiere no meterse en más problemas por culpa de nosotros, o porque el gobierno cubano ha sido muy hábil en ganarse o colocar aliados por toda América (¿y Europa?), que lo ayudan a vender su tesis de que hay que hacer las cosas al ritmo que el actual gobierno cubano cree correcto -y esta explicación desluce un poco el espíritu de iniciativa democrática que uno le atribuye a España en América, necesaria en esta América de iniciativas arbitrarias, a pesar de los intimidatorios coros chavistas en eventos internacionales.
Otra explicación más puede ser que los negocios entre el gobierno de Cuba y España son tantos que mejor no afectarlos, y de ser posible, ampliarlos, no sea que otros poderosos actores económicos aprovechen las sonrisas aperturistas en la Isla y tomen la delantera, en esta época de crisis en que cada euro cuenta.
 
(Esta opción, demasiado pragmática, ojalá no sea nunca la que más pese en la política exterior española. Ya se vio qué mar de problemas de imagen y tribunal trajeron a empresas y líderes europeos las buenas relaciones empresariales con el coronel Gadafi).
 
Si hace mucho más de 100 años España cometió el error de intentar detener la libertad en Cuba, lo mejor que puede hacer como reparación hoy, es seguir siendo firmemente solidaria con quienes tratan de recuperar esa misma libertad perdida.
 
Reconforta escribir sobre un país que, lo puedo asegurar, dentro de 5 años será muy distinto de como lo vemos ahora -y ojalá para bien.
 
De paso por Madrid pude ver una parte de la fenomenal colección de pintura que guarda “El Prado”. Yo me detuve mucho tiempo frente a las imaginerías infernales de “El Bosco”, pero no fueron los diablitos castigando gente lo que más me asombró. Fue la idea de que desde hace más de trescientos años, las personas miran ese mismo cuadro que apenas cambia. Es lo grande que tiene España, que la diferencia de la pintura, que cambia, y lo terrible del aburrido óleo cubano, que permanece, en lo esencial, inmóvil.
 
Me pasó lo de siempre. Empecé hablando de otra cosa -España- y terminé hablando de Cuba.
 
Henry Constantín Ferreiro (Camagüey, 1984).
Periodista, escritor y fotógrafo. Expulsado de los estudios de Periodismo en dos ocasiones, ambas por problemas políticos.
Único representante de Cuba en el II Concurso Hispanoamericano de Ortografía Bogotá‘2001.
Graduado del Curso de Técnicas Narrativas del Centro Onelio Jorge Cardoso.
Colaborador de la revista Convivencia. Textos suyos han sido publicados en medios de prensa cubanos, incluso oficiales. Hace el weblog Reportes de viaje (www.vocescubanas.com\Reportes de viaje).
Dirige la revista La Hora de Cuba.

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