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Dossier: Restablecimiento de las relaciones diplomáticas Cuba-EE.UU.¿El principio del fin?

 
Foto de Gabriela Bernal Mendoza.

El 17 de diciembre pasará a la posteridad como un día histórico para los cubanos. Muchos lo recordarán con mayor relevancia que otras fechas patrias. El gobierno de los Estados Unidos y Cuba restablecen relaciones diplomáticas, el contratista norteamericano Alan Gross y los tres miembros de la Red Avispa han sido puestos en libertad, ha sido anunciada la excarcelación de 53 compatriotas: los cubanos tenemos, por primera vez en muchos años, una alegría en esta Navidad.
 
Si la fecha para semejante anuncio hubiera sido escogida, quizá no hubiera sido tan certera. El pueblo cubano celebra el día de san Lázaro y parece tener con él una relación intrínseca. Recuerdo la comparación que hiciera un amigo cercano, relacionando el destino de Cuba con el viejo Lázaro, a quien ya muerto en su tumba, Jesús le dice: “Levántate y anda”. Esa será la tarea más urgente para el pueblo cubano.
 
Estamos conscientes de que entramos en una nueva etapa de múltiples cambios en todas las esferas. Lo primero que deberá ser cambiado es el programa que por mucho tiempo ha regido la historia de Cuba, que a lo largo de los años se ha alejado de nuestros orígenes fundacionales, de la historia constitucional, de la vida y obra de nuestros mayores patricios, para presentarnos a un enemigo histórico, sus principales agresiones y las muestras de unidad ante ellas. Este diferendo EE.UU.-Cuba, que tantas veces fue preguntado en los exámenes de ingreso a la educación superior, será minimizado. Y si ya somos amigos de quienes hasta ahora fueron lo contrario, tendremos que retomar la asignatura pendiente de ejercer el derecho ciudadano y superar el verdadero diferendo con los propios cubanos.
 
La retórica oficial deberá cambiar. El lenguaje descalificador que ha caracterizado el discurso de nuestros principales medios estatales será trabajado con minuciosidad. Las consignas y frases hechas tantas veces repetidas ya no podrán tener cabida. El “enemigo acérrimo”, “el imperialismo yanqui”, “el norte revuelto y brutal”, “el enemigo del norte” pasarán a la historia como una muestra de lo que no debió suceder nunca y como ejemplo de hostilidad fruto de la carencia de todo tipo de diálogo. Una vez más se evidencia el valor de una ética en las relaciones internacionales que propicie el entendimiento en la comunidad de naciones.
 
La nota de prensa de la Casa Blanca, que denota una esmerada y concienzuda elaboración, nos presenta un manojo de oportunidades que son positivas desde la misma concepción del título: “Un nuevo rumbo para Cuba”. El pretexto del gobierno cubano ha finalizado. Ya no habrá más justificación para la represión, las manifestaciones de violencia y la violación de los derechos humanos. Es más, aunque resulte irónico, hace bastante tiempo no tienen justificación: mientras en las calles de Cuba aumentaban los actos de repudio a miembros de la sociedad civil y la televisión y los principales medios de comunicación social lapidaban el trabajo de personas, grupos, revistas y proyectos independientes en general, el gobierno cubano dialogaba con los EE.UU. a nuestras espaldas hace 18 meses. Recordemos que el discurso oficial va por un lado y la realidad por otro. Es la hora del empoderamiento ciudadano a través del ejercicio de las libertades fundamentales; pero habrá que tener programa y escuela para sentarse a la mesa de negociaciones.
 
Ya lo ha dicho Raúl, será un proceso lento, gradual, moderado, reflexivo, de una conducta prudente. Lo sabemos. Todo cambio genera incertidumbres, movilización de todas las piezas y ajuste de engranajes necesarios; pero es inevitable reconocer que se siente haber vuelto al metabolismo, ese proceso de transformaciones constantes que no se percibía desde hace mucho. Es imposible dejar de reconocer que la irrigación ha inundado las principales arterias de una nación anclada a su suerte en el tiempo. Los sucesos del pasado 17 de diciembre serán el catalizador que moverá al país de su estado de inamovilidad, aumentando su velocidad, como sucede en las reacciones biológicas.
 
Cuba vivirá, a partir de ahora, con mayor intensidad que antes, una época de definiciones. Habrá muchos criterios a favor, otros en contra y hasta quienes seguirán el rumbo de sus vidas como si nada hubiera sucedido. Lo que es indiscutible para todos es que ya se ha dado el primer paso, o mejor dicho, una zancada, en la dirección correcta.
 
La pelota ha pasado del campo ajeno a nuestro campo. Es la hora del diálogo y la reconciliación, de resaltar lo que nos une, más que lo que nos separa. Las herramientas son la búsqueda de consensos basados en una ética de mínimos y una correcta educación cívica liberadora. Para enfrentar los nuevos retos que nos presenta el 2015, desterremos las palabras traición y enemistad de nuestro vocabulario y todo lo que se deriva de ellas.
 
La metamorfosis de la mariposa nos parece increíble, pero al final somos capaces de admirar la maravillosa gama de colores del interesante insecto. ¿Por qué no creer entonces en la capacidad de la naturaleza humana para superar el analfabetismo ciudadano y el daño antropológico que nos aquejan? Una vez más repito las palabras de Ortega y Gasset cuando dijo: “A la República solo ha de salvarla pensar en grande, sacudirse de lo pequeño y proyectarse hacia el futuro”.
 
Yoandy Izquierdo Toledo (Pinar del Río, 1987).
Licenciado en Microbiología.
Miembro del Consejo de Redacción de la revista Convivencia.
Responsable de Ediciones Convivencia.
Reside y trabaja en La Habana.