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Dossier: Restablecimiento de las relaciones diplomáticas Cuba-EE.UU.Aprender a convivir: un reto para nuestros tiempos


Foto tomada de internet.

Cada día al despertar recibimos un regalo, que la mayor parte de las veces pasa desapercibido, de manera corriente, normal. Sí, digo que recibimos un regalo sin temor a equivocarme. Para los que creemos es la oportunidad maravillosa de vivir un nuevo día, tener la infinita suerte de reír, sentir, llorar y hasta pelear. Experimentar el dulce cosquilleo frío en el estómago y la flojera en las rodillas ante el enloquecedor sentimiento que es el amor, el don bendito de hacer amigos, digo amigos, aquellos a quienes cuidamos como hijos, a quienes damos siempre sin esperar nada a cambio, con quienes compartimos en las buenas y quienes nos acompañan en las malas, a los que le confiamos sueños y esperanzas, a quienes les confesamos cosas que a veces hasta nos avergüenzan y que no le contaríamos ni a nuestra madre.
 
Cada día al despertar, mecánicamente ponemos los pies en el suelo, nos estiramos, tal vez hasta bostezamos y remoloneamos sin darnos cuenta de cuán dichosos somos, de cuán felices debemos ser. ¡Qué tesoro la vida! Aún para aquellos que padecen, tal vez estos últimos la valoren más que muchos de nosotros. Tenemos la obligación de ser felices, de vivir plenamente y por ello debemos luchar. Estamos obligados a alzar la voz ante todo lo que corra en detrimento de la dignidad plena del hombre y conspire contra su libertad e igualdad. No podemos esperar a que otros lo hagan, es nuestra responsabilidad.
 
Muchas personas se han animado: se han reanudado las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos. Me parece una excelente noticia, muy bueno para ambos pueblos, sobre todo por lo que los hijos de esta patria hemos tenido que sufrir al estar en el centro de un conflicto que no deseamos, con el que nadie nos preguntó si estábamos de acuerdo. El desmembramiento familiar, el desarraigo y hasta la falta de identidad en ocasiones, son el resultado de tan largo pleito. El miedo atroz a pensar diferente, o peor aún, a que se sepa que pensamos diferente, es casi intrínseco. Se ha insertado en nuestra cadena genética de tal manera que costará mucho trabajo formar hombres coherentes capaces de enfrentar el futuro prometedor y necesario de nuestra patria. Debemos darnos la oportunidad de decir qué pensamos, estamos obligados cada uno de los ciudadanos de nuestro amado país a colaborar en la construcción de una patria plural, cada uno aportando criterios, uniendo, empatando, tejiendo. Sin dejar que nadie nos lo cuente, siendo, como diría Su Santidad Juan Pablo II en la visita a Cuba: protagonistas de nuestra historia. Hacedores celosos de nuestra historia, constructores de una nación de la que nos sentiremos orgullosos.
 
El presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de nuestro país, Raúl Castro, dijo “Debemos aprender a vivir de manera civilizada con nuestras diferencias.” Espero que se tomen en serio las palabras de nuestro presidente y que aquellos mandos inferiores e intermedios pongan su afán en velar por que sea voluntad y no eslogan, hecho y no dicho, cumplido y no promesa. Quiera el buen Dios que el respeto al criterio ajeno sea ley grabada no en piedra, sino en el corazón de todos los que queremos lo mejor para esta noble patria, pensemos de una u otra forma. La convivencia en la diversidad no solo debe ser aplicada a la política exterior, ha de permear oxigenando cada rincón de nuestra Isla; ha de ser ejercicio continuo e intenso a todos los niveles y en todas las estructuras.
 
Los cubanos todos tenemos el impostergable y sagrado reto de ser felices, de vivir en armonía, de reconciliarnos y amarnos reconociéndonos, respetando el derecho que tenemos a ser colaboradores de una nación grande donde se destierren las malas pasiones y los repudios, donde se puedan sentar en una misma mesa católicos, ateos y protestantes, políticos y apolíticos, comunistas, demócratas y liberales. Donde se cambien las palabras “odio” por “amor” y “escoria” por “hermano”. Tenemos el inmenso reto de confiar, de no temer al criterio ajeno, de no velarnos como enemigos, sino de amarnos como hermanos y vivir civilizadamente con nuestras diferencias. Esperemos que cuantos tienen que velar por que así sea, tengan la voluntad suficiente de llevar a cabo tan necesario proyecto: la igualdad y no el igualitarismo.
 
Confío plenamente que muy pronto veremos como cosa del pasado el embargo y las políticas de enfrentamiento. Tengo plena confianza en que más temprano que tarde nuestro país será una gran orquesta donde cada instrumento con su timbre característico aportará las notas necesarias para tocar la más bella de las sinfonías. Cuba y su gente lo merecen. No dejemos que nos lo cuenten. Hagámoslo.
 
Williams Iván Rodríguez Torres (Pinar del Río, 1976).
Técnico en Ortopedia y Traumatología.
Artesano.