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Dossier: Restablecimiento de las relaciones diplomáticas Cuba-EE.UU. Y ahora... ¿qué?


Los presidentes de Cuba y EE.UU. en sus declaraciones del 17 de diciembre de 2014. Foto tomada de www.cubanet.org

Van pasando los días. En Cuba una noticia grande dura una semana, una histórica como esta dura, cuanto más, quince días. Por eso la pregunta es ya un desafío: Y ahora... ¿qué?
 
Algunos creen que a partir de ahora todo va a mejorar inmediatamente como si la realidad fuera mágica y las decisiones de los hombres fueran milagros de Dios. La cosa va pa' largo, contestan otros.
 
Otras personas creen que todo seguirá idéntico a los pasados 56 años como si todo no pasara en esta vida y como si la vida misma no fuera el río igual y cambiante, como el de los filósofos clásicos.
 
Yo soy de los que piensan que estamos viviendo un proceso histórico que marca un antes y un después. Creo que "algo se mueve en Cuba" como vengo diciendo desde la ya lejana fecha de diciembre de 2002, en un artículo que escribí hace doce años para la revista Vitral. Pero ahora se mueve también el escenario internacional, y en un mundo interdependiente y globalizado como el nuestro, esto impacta decisivamente en las políticas domésticas.
 
Ahora bien, no confundamos la puerta con el camino, la arrancada con la meta. Entre ambos hay "un largo camino hacia la libertad" como dijo Mandela el día en que se acabó el apartheid en Sudáfrica.
 
Por eso me alegro de la puerta abierta y del pitazo de arrancada. Me alegro de que dos pueblos puedan tener, otra vez, sus puertas diplomáticas, culturales, deportivas y de todo tipo, abiertas para intercambiar pueblo a pueblo, sociedad civil con sociedad civil, gobierno con gobierno. Soy de los que creen que el aislamiento enquista y que la apertura renueva.
 
Pero inmediatamente me advierto que si queda un largo camino y si el intercambio más amplio solo comienza, entonces lo que queda por delante es más grande y más importante que todo lo que ha ocurrido hasta esta fecha.
Son solo los preámbulos de lo que ya viene llegando y de eso que esperamos desde mucho antes que el pinareño Willy Chirino inundara a toda Cuba en ambas orillas con aquella canción esperanzadora. Puedo decirle a Willy que tenía razón. Desde entonces y mucho antes, sin todo lo que el exilio y la Isla hemos hecho en una lucha pacífica y fraterna durante estas más de cinco décadas, este momento no hubiera llegado.
 
Se terminó el pretexto del enemigo externo, de la nación sitiada, del mercenarismo al servicio de una potencia enemiga. Era solo un viejo pretexto con olor a naftalina y a teatro estalinista. Mientras se reprimía en Cuba acusando de marionetas del imperio a los opositores, la más alta autoridad del País estaba sentada con su enemigo imperial negociando civilizada y pacíficamente.
 
Y ahora... ¿seguirá la violencia física y verbal con los que piensen y actúen diferente? ¿Continuarán los actos de repudio y las citas policiales a ciudadanos pacíficos y valiosos? ¿Seguirán las amenazas a las Damas de Blanco, a los miembros de la UNPACU, a los blogueros y periodistas independientes, a los defensores de derechos humanos? ¿A partir de ahora, se seguirá tildando despectivamente a cuantos trabajamos por una Cuba abierta y democrática como "esos, los de los derechos humanos", como si eso fuera un delito o una acción impúdica? ¿Se seguirá interrogando, registrando y confiscándole equipos electrónicos permitidos por las regulaciones aduanales a personas por el solo hecho de ser diferentes?  
 
Y ahora... ¿qué?
 
Pues ahora nos toca a los ciudadanos de a pie, ahora le toca a todos los cubanos de buena voluntad y ansias de libertad y democracia, exigir que todo esto cese, que dialoguemos y cambiemos dentro como lo han hecho fuera. Ahora toca al gobierno cubano establecer las relaciones con su propio pueblo, con los que somos diferentes y con los que pensamos distinto. De lo contrario, la puerta se volverá a cerrar, el camino se convertirá en abismo y las esperanzas volverán a ceder a la incertidumbre.
 
Ahora le toca a la sociedad civil cubana, en la Isla y en la Diáspora. Es nuestra hora, como siempre ha sido y más que nunca. Asumamos la responsabilidad. Nos toca hacer el resto que es casi todo. Y espero que ahora no nos sentemos a la vera del camino a llorar por lo que no sucedió, sino a trabajar por lo que queremos que suceda: que es la apertura de Cuba para los propios cubanos; la liberación de todos los presos políticos incluidos los que están bajo licencia extrapenal; el cese de toda forma de represión y violencia para los que pensamos diferente y trabajamos por la democracia; la ratificación e implementación de los Pactos de DD.HH. y los Convenios de la OIT, el cumplimiento de los acuerdos de la Cumbre Iberoamericana de Viña del Mar sobre la gobernabilidad democrática y el pluralismo político que Cuba firmó. En resumen, es hora de que la sociedad civil cubana independiente, sea reconocida como interlocutora válida por su autoridad moral y su abnegado trabajo consensuado, serio, pacífico y propositivo, tanto dentro de Cuba como en el ámbito internacional.
 
Esto es lo que nos toca hacer. Este es el protagonismo primero y principal que nos corresponde a todos los cubanos. No corresponde a los Estados Unidos ni a ningún otro país. Por su parte, al gobierno cubano le toca ser coherente y consecuente, que quiere decir: hacer con los cubanos, por lo menos, lo que ha hecho con su peor enemigo.
 
Estoy seguro de que los goznes de esta puerta hacia la libertad los han puesto quienes más han sufrido. Considero que los cimientos de la nueva Cuba se asientan sobre los cuerpos de los que han caído por la libertad y los que han perecido en el Estrecho de la Florida. La memoria serán las sólidas paredes de la casa cubana, siempre abierta, acogedora, libre y democrática que podremos construir ahora sin pretextos ni olvidos. El techo criollo de dos aguas serán la virtud y el trabajo de todos los cubanos de las dos orillas, como simbolizan las dos estatuas que flanquean la escalinata de nuestro Capitolio. La mesa será grande y acogedora de todos los comensales, a su alrededor se cocinará la reconciliación y la prosperidad que merece Cuba, que hasta ahora ha tenido que respirar con dos pulmones separados por un muro de sufrimientos y exilios. Cuando llegue el día, los dos pulmones estarán unidos por el único corazón de la sufrida Patria.
Y ahora... ¿qué?
 
Pues es hora de mantener encendida la luz de la verdad y de la libertad, para que esa casa cubana que soñamos pueda ser admirada por dentro por los demócratas del mundo y vuelva a ser muy pronto, otra vez, la Perla de las Antillas.
 
Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).
Ingeniero agrónomo. Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007 y A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011.
Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007. Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006.
Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director.
Reside en Pinar del Río.