Internacionales

El diálogo político en las relaciones internacionales, ¿injerencia o soberanía?

La Unión Europea ha comenzado una nueva etapa en sus relaciones con el gobierno cubano.
La Unión Europea ha comenzado una nueva etapa en sus relaciones con el gobierno cubano.
El verdadero diálogo político en las relaciones internacionales: ¿es injerencia extranjera o soberanía solidaria? ¿Cualquier país puede vivir en el mundo de hoy como una Isla o como un paria? ¿Qué entiende Cuba por diálogo político? ¿Es verdaderamente el diálogo de la UE un diálogo político global o es prioritariamente económico?¿Serán las propuestas de la UE una simple reacción a las de Estados Unidos o una aceptable alternativa para la apertura de Cuba al mundo?
Por Dagoberto Valdés
La Unión Europea ha comenzado una nueva etapa en sus relaciones con el gobierno cubano. La visita de Louis Michel en días pasados es una muestra de ello. En estos días, las elecciones en los Estados Unidos abren una nueva interrogante sobre sus relaciones con Cuba. Dentro de otro poco Venezuela tendrá una de las mayores pruebas democráticas de su historia reciente: las elecciones de gobernadores alcaldes todavía pueden dar un giro al futuro del país. La grave situación política de Bolivia no parece resolverse aún.
El resto de América Latina se debate entre los viejos vicios de una democracia con falta de credibilidad y resultados de justicia social, los nuevos modelos que transgreden o no la frontera de la democracia y la libertad responsable y los efectos de una crisis financiera que toca a todos sin distinción.
Entre tanto, los cubanos y cubanas esperamos. Muchos, en el inmovilismo porque no pueden o no quieren hacer algo azotados por huracanes y el cansancio de lo mismo por medio siglo. Otros, saltando por encima del monte y nadando contra corriente, hacemos lo que podemos. Hay quienes, habiendo hecho lo que pudieron, ahora sufren una cárcel absolutamente injusta, sirviendo, por un lado, al gobierno como moneda de cambio a cuenta gotas para alcanzar las ventajas que necesitan para seguir reprimiendo y por otro, dando un ejemplo heroico al mundo de la verdad sobre Cuba, de lo que pueden hacer sus hijos e hijas, de su estatura ética al no dejar anidar en su corazón ni el odio ni la revancha.
Ningún país, en estas circunstancias, puede resolver aislado del mundo sus problemas no solucionados durante medio siglo. Con un sistema totalitario, único empleador, y que continuamente amenaza con reprimir y reprime, no solo a los delincuentes comunes sino a los que llama “enemigos internos”, “mercenarios al servicio de una nación extranjera”, “gusanera sin alma”, no se puede abandonar a su suerte como si fuera el reducto insignificante y demostrativo de lo que fue una era superada en el tiempo y en la mentalidad contemporánea: el comunismo.
En este contexto internacional y doméstico se desarrolla la vida de este país. Al ver los esfuerzos que hacen algunas naciones y grupos de países para no abandonar a Cuba a su suerte, surgen en los ciudadanos de a pie algunas preguntas:
El verdadero diálogo político en las relaciones internacionales: ¿es injerencia extranjera o soberanía solidaria?
Cada vez que un país o una comunidad de naciones intenta ayudar a un pueblo cautivo de sus gobernantes o, incluso, ayudar a esos mismos gobernantes a buscar una salida honorable y pacífica por sus propios mecanismos legales, inmediatamente es interrumpido el diálogo y la facilitación bajo pretexto de injerencia en los asuntos internos del país cerrado y atascado en el pasado de un mundo que ya no existe.
Esta es una realidad como una piedra. El mundo de hoy es interdependiente y global. Nadie puede ni debe aislarse porque se condena a sí mismo a sucumbir. El mundo de hoy exige, requiere y evalúa como el principal fundamento de las relaciones internacionales, el respeto, la promoción y la defensa de todos los derechos humanos que son universales, es decir, valen igual para todos o deberían valer para todos. Son inseparables, es decir, no se pueden lesionar o violar sistemáticamente los derechos civiles y políticos por garantizar autoritariamente algunos derechos económicos, sociales y culturales y viceversa.
Por tanto, si los Derechos Humanos, son el pilar de las relaciones entre pueblos y gobiernos, entonces no puede ser injerencia extranjera que la comunidad internacional debidamente representada y por los caminos del diálogo político, la negociación y las presiones pacíficas, haga todo lo que esté a su alcance para lograr que los pocos regímenes autoritarios o totalitarios que quedan sobre la tierra, cambien todo lo que debe ser cambiado para asegurar que todos los derechos humanos de todos sin exclusión sean respetados y promovidos, agotando de esta forma todos los recursos diplomáticos económicos, comerciales, culturales y sociales para alcanzar ese noble objetivo. Si agotados hasta el fin todos los mecanismos de presión, no se alcanzan esos objetivos esenciales de respeto a los derechos de las personas, y se producen desórdenes de considerable magnitud y muertes o genocidios, entonces no le queda otro remedio a la comunidad internacional que intervenir humanitariamente para evitar males mayores. Este ha sido el fin de todos los empecinamientos extremos.
Hasta el Papa Benedicto XVI lo ha dicho en la ONU: “En el contexto de las relaciones internacionales, es necesario reconocer el papel superior que desempeñan las reglas y las estructuras intrínsecamente ordenadas a promover el bien común y, por tanto, a defender la libertad humana. Dichas reglas no limitan la libertad. Por el contrario, la promueven cuando prohíben comportamientos y actos que van contra el bien común, obstaculizan su realización efectiva y, por tanto, comprometen la dignidad de toda persona humana. En nombre de la libertad debe haber una correlación entre derechos y deberes, por la cual cada persona está llamada a asumir la responsabilidad de sus opciones, tomadas al entrar en relación con los otros.”
Durante todos estos procesos es la población civil indefensa y sumida en el miedo y la miseria la que paga la mayor y más duradera consecuencia de la cerrazón de sus gobernantes.
La propuesta del mundo democrático y pacifista de hoy es la soberanía en sus dos dimensiones: la soberanía ciudadana que pone el poder de decisión en manos de los nacionales todos, y la soberanía compartida e interdependiente entre los estados, de modo que se protejan unos a otros y protejan y defiendan a todos sus ciudadanos.
Es tan claro el pronunciamiento del Sumo Pontífice de la Iglesia católica que puede servir de referencia ética para todos los hombres y mujeres de buena voluntad: “El reconocimiento de la unidad de la familia humana y la atención a la dignidad innata de cada hombre y mujer adquiere hoy un nuevo énfasis con el principio de la responsabilidad de proteger. Este principio ha sido definido sólo recientemente, pero ya estaba implícitamente presente en los orígenes de las Naciones Unidas y ahora se ha convertido cada vez más en una característica de la actividad de la Organización. Todo Estado tiene el deber primario de proteger a la propia población de violaciones graves y continuas de los derechos humanos, como también de las consecuencias de las crisis humanitarias, ya sean provocadas por la naturaleza o por el hombre.”
“Si los Estados no son capaces de garantizar esta protección, la comunidad internacional ha de intervenir con los medios jurídicos previstos por la Carta de las Naciones Unidas y por otros instrumentos internacionales. La acción de la comunidad internacional y de sus instituciones, dando por sentado el respeto de los principios que están a la base del orden internacional, no tiene por qué ser interpretada nunca como una imposición injustificada y una limitación de soberanía. Al contrario, es la indiferencia o la falta de intervención lo que causa un daño real. Lo que se necesita es una búsqueda más profunda de los medios para prevenir y controlar los conflictos, explorando cualquier vía diplomática posible y prestando atención y estímulo también a las más tenues señales de diálogo o deseo de reconciliación.” (Benedicto XVI, ONU, 18 abril de 2008. www.zenit.org)
¿Qué entiende Cuba por diálogo político?
Las autoridades cubanas parecen entender que diálogo político es complacencia entre iguales y solidaridad de apoyo a las políticas de su gobierno. O por lo menos, diálogo sobre aquellos puntos y zonas de cooperación en que no existan diferencias sustanciales.
El diálogo político llega hasta donde comienzan las diferencias y es considerado un ataque en cuanto roza la soberanía del pueblo y los derechos humanos, hasta el punto de decir en la presencia misma de un canciller europeo que en Cuba no hay presos políticos ni de conciencia.
Que nadie se llame a engaño, mientras este concepto de diálogo político no cambie en su esencia, todo diálogo llamado político será una mera negociación para alcanzar dos objetivos: uno, legitimar el propio gobierno; dos, alcanzar nuevos créditos para aliviar la crisis permanente de una economía inexistente. Ni siquiera se trata de comercio normal, que pudiera tenerlo en cualquier área del mundo, pero que no lo logra por falta de facilidades crediticias y estas facilidades no se le concede por incumplimiento en los pagos de la deuda externa y esta no puede ser negociada ni servida por la sencilla y misma razón por la que no puede tener un comercio normal con países de economía de mercado: falta de dinero.
¿Será verdaderamente el diálogo de la UE un diálogo político global o es prioritariamente económico?
Por su parte, queda esperar para comprobar qué rango y profundidad concede la UE al que ha llamado y descrito como un “diálogo global y abierto”. En sus Conclusiones con relación a Cuba de fecha 24 de junio de 2008 dice textualmente:
“Como se declaró en las Conclusiones del Consejo del 18 de junio de 2007, la Unión Europea sigue estando dispuesta a reanudar un diálogo global y abierto con las Autoridades cubanas sobre todos las cuestiones de interés mutuo. Desde junio de 2007, han tenido lugar a escala ministerial entre la Unión Europea y Cuba y de forma bilateral los debates previos sobre la posibilidad de iniciar dicho diálogo. Este proceso de diálogo debería incluir todos los ámbitos potenciales de cooperación, incluidos los sectores político, de los derechos humanos, económico, científico y cultural, y debería celebrarse sobre una base de reciprocidad, de forma incondicional, no discriminatoria y orientada a conseguir resultados. En el marco de este diálogo, la Unión Europea destacará ante el Gobierno cubano su punto de vista sobre la democracia, los derechos humanos universales y las libertades fundamentales.” (Párrafo 6)
En este párrafo queda clara la voluntad expresada por el Consejo de la UE sobre el contenido del diálogo. Esperamos que temas económicos, comerciales, de políticas antidrogas o contra el terrorismo, tan importantes y atendibles en las relaciones internacionales, no desplacen ni distraigan de esos otros temas que como la democracia, los Derechos humanos y las libertades fundamentales, son causa, raíz y hábitat para dar buena base y coherencia a aquellas otras políticas mencionadas.
Que la ética oriente la política. Que las libertades eviten la violencia. Que los Derechos Humanos sean priorizados sobre los intereses comerciales y económicos. La preparación para la agenda de un diálogo global y abierto, recíproco y no condicionado es más importante aún que el mismo desarrollo de las negociaciones. Los resultados esenciales esperados, deben ser minuciosamente evaluados por los mismos ciudadanos cubanos, observadores independientes y por fuentes diversas, y deben ser paso indispensable para proseguir adelante con otros pasos en el diálogo constructivo global. La transparencia es la única forma de que la buena voluntad de ambas partes pueda ser evaluada y seguida por los destinatarios más afectados: los pueblos de Cuba y Europa.
¿Serán las propuestas de la UE una simple reacción a las de Estados Unidos o una aceptable alternativa para la apertura de Cuba al mundo?
De todas formas sería ingenuo pensar que las conversaciones se realizan entre dos interlocutores que viven en igualdad de condiciones o en sociedades similares. Es un error de método considerar que Cuba es un país con un gobierno normal. Ninguno normal ha durado 50 años ininterrumpidos. Eso en sí mismo, sin más, es ya algo totalmente inusual y no deseable. Perderse en los detalles del ramaje de un árbol, podría evitar ver el bosque.
Es por ello que la UE y Cuba deben preparar muy bien este diálogo, que ya no es de los primeros esfuerzos sino más bien de un camino bastante largo y sin resultados reales. Debe prepararse la UE para tener preparado un verdadero diálogo de contenido político serio, respetuoso pero firme que no sea meramente un revulsivo de la política de los Estados Unidos para con Cuba, si es que se le puede llamar propiamente así, sino que tenga la UE tenga una propuesta con una configuración propia y original. Es la única posibilidad para que los cubanos y cubanas podamos escoger entre verdaderas alternativas y no entre la de UE versus UE, tan espejo reversible como sus siglas.
No es otra cosa que lo que los mismos europeos desean para sus pueblos y gobiernos. Nada distinto de lo que el mismo pueblo de Estados Unidos quiere para sí mismo. Eso es lo que queremos los cubanos, respetando nuestra propia historia, cultura, religión y soberanía.
Considero que la Unión Europea debería establecer permanentemente, pero con mayor intensidad ahora, un amplio proceso de consultas directas, discretas, sobre la misma agenda, sobre las prioridades y metodología a emplear, pero sobre todo, acerca de los contenidos y las propuestas a corto, mediano y largo plazo, y no solo sobre denuncias o programas de partes. Estas consultas deberían tener tres interlocutores válidos, todos ellos ciudadanos cubanos que son los soberanos implicados: uno, con representantes del gobierno y otras estructuras estatales; dos, con representantes de la oposición política partidista dentro de Cuba; y tres, con representantes de la sociedad civil independiente dentro de Cuba.
Considero que el Gobierno cubano debería hacer, al mismo tiempo, unas consultas similares, habida cuenta que se dice un sistema participativo y social. Con interlocutores escogidos por el mismo gobierno entre los tres sectores mencionados anteriormente y con los mismos contenidos: desde la agenda hasta la metodología. Esto no solo sería una prueba de democracia sino que le daría un gran peso y comprensión a las decisiones a las que se pudiera arribar.
Verdaderamente todo este proceso de diálogo debería realizarse al interior de Cuba para el bien de los mismos cubanos. Ya se dijo que Cuba debe abrirse al mundo pero primero o al mismo tiempo debe abrirse a los propios cubanos.
Esta es una nueva oportunidad para el gobierno, para la Unión Europea y para la sociedad civil cubana. La credibilidad de cada uno está en juego. Creo que es posible y estrictamente urgente dar una prueba al mundo de la madurez de nuestro pueblo y gobierno y de que Cuba podrá salir pacíficamente de esta crisis sin más daños y con grandes perspectivas de progreso y libertad con responsabilidad.
Sería una oportunidad honorable para todos y buena para todos. Hagámoslo.
Nota: El autor, a solicitud del portal Cubaencuentro, escribió un articulo en forma espitolar sobre las expectativas de un cubano ante la eleccion del nuevo presidente de E.E.U.U. LEER EL ARTICULO

Dagoberto Valdés Hernández
(Pinar del Río, 1955)
Ingeniero agrónomo. Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004 y “Tolerancia Plus”2007.
Ha publicado “Somos trabajadores” y “Reconstruir la sociedad civil: un proyecto para Cuba”. Caracas 1995.
“Cuba, libertad y responsabilidad”. USA, 2005 y “La libertad de la luz”. Varsovia, 2007. Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años. Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia. Reside en P. del Río.

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